El invierno les tiende sus manos gélidas como un arcano protector. Vomita nieve sobre la comarca y sus lágrimas granizan sin apiadarse de las flores, pero el aliento de enero se suaviza ante la dignidad de la familia blanquecina. Las damas se abren paso por la montaña con ecos de sororidad, desafiando los latidos fríos, y la fuerza de sus respiraciones se vuelve una bajo la quietud que custodia las alturas. Las ovejas avanzan joviales y el aire las besa con una admiración anciana. Y según la noche dibuja sus contornos, la luna asoma sonriente en el firmamento. Esa vieja testigo está llena porque sostiene la música secreta que impulsa al rebaño a seguir la travesía: la nana de las campanillas, los poemas del rocío, la melodía del agua, los mitos de los pájaros. La orquesta de la naturaleza entona milagros que solo esos corazones de lana pueden oír, y el mundo continúa girando mientras las marquesas agrestes pisan la aldea y dejan sus huellas entre carreras, balidos y alegrías.
Ruby Atlas ©
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| Imagen: LucieOn |

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