CRÍTICA - VALOR SENTIMENTAL

¿Es el arte la última llave para reconciliarse con la vida? ¿En sus ramas hallamos el permiso para ser más felices que aquellos que nos preceden?

 Con Valor sentimental, Joaquim Trier despliega un mapa lleno de nudos y verdades. Este film del director nórdico es un cuento familiar sobre la paz atragantada. Por un lado, propone un rompecabezas intergeneracional donde las heridas se repiten como caretas conocidas y las herencias son desamores y ausencias, temores y distancias. Por otro, plantea una búsqueda interior mediante los espejos que obligan a los personajes a crecer, a enfrentar las brechas que rechazan dentro y fuera de ellos, a regresar a la infancia para empezar a ser adultos. Esto lo construye con un tono minimalista y brutalmente franco. En la película prima la palabra de una manera descarnada: el diálogo conforma la realidad, la moldea, la hace mutar y gesta alas donde había cadenas; se explora la voz de las cosas, de los acontecimientos, de los corazones reprimidos... Pues aquí incluso el silencio duele y habla. 

 Cada detalle es una invitación a escuchar, a desobstruir la flauta (llámese Dios, llámese esperanza, llámese perdón) por donde la música suena. Y este es el eje del guión: sin aceptación, solo queda la muerte en medio del escenario. Por supuesto, la fotografía acentúa el sentido de estas historias que son otras y nuestras a la vez, sumergiéndonos en esa desnudez tan necesaria para mirar(se) de frente.

 El elenco realiza un trabajo interpretativo excelente. Stellan Skarsgård trae su titánica fuerza intimista a un padre que primero fue hijo, niño y esposo. Renate Reinsve e Inga Ibsdotter interpretan a las dos hermanas con crudeza y sensibilidad. Elle Fanning aporta entusiasmo e introspección a la estrella que desencadena el orden.

 El grito calla estruendosamente y lo auténtico se levanta. Todas las casas esconden sus propias fisuras. Y estas, como raíces que descienden a través del tiempo, terminan habitando a sus posteriores habitantes. Porque sí, las personas también somos hogares extrañamente imperfectos. Nosotros constituimos el resumen del pasado y la semilla del futuro. Y podemos elegir. Podemos agachar la cabeza ante lo sucedido y dejarlo en su lugar. Podemos hacerlo diferente. Podemos abrir la puerta que permaneció cerrada con el candado del sufrimiento. Y podemos escribir un nuevo horizonte. E incluso vivir en él.


Ruby Atlas © 

Imagen: skverse

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