Si el cine es un espejo que da voz a lo mudo, entonces Tal vez, el debut cinematográfico de Arima León, es un megáfono de deseos encarcelados por una memoria herida.
La historia, basada en dos figuras que han sido semienterradas en el recuerdo popular, gira en torno a un tema más grande que ellas mismas: los corazones ocultos. Y es que la película no se contenta con reconstruir las huellas de estas mujeres y su época de asfixias y peligros, sino que busca mover lo que hay debajo, lo que hay adentro, lo que zumba por encima de nuestras cabezas sin que nadie lo nombre. Ahí, en ese equilibrio extraño y lejano, el film se vuelve reflejo. La libertad al precio de la abnegación. La sombra que salva y constriñe. El amor que gotea sobre una carpa privada mientras ruega ser pública.
La experiencia del calor helado es muy humana. Eso sujeto a la mirada fría. Eso que nace a punto de la extinción para engendrar luz años y generaciones después. Eso que late desde la tierra con raíces femeninas. En este ventanal vemos a personas que hacen del arte su refugio, o mejor dicho, que el arte las hace a ellas. Y transforma su alrededor. Porque las olas van y vienen, las lunas se vacían y se llenan, las distancias se acortan y alargan, pero la pluma y el trapecio siempre siguen presentes. No como herramienta última, más bien como firma de sus días.
Dos destinos, el de la escritora Natalia Sosa (interpretada con exitosas turbulencias por Tania Santana) y el de la brillante artista Pinito del Oro (que cobra vida gracias a la maestría sincera de Adriana Ugarte) se juntan y divergen a la vez que se dan de beber en medio de las tormentas. La primera ahogada en su melancolía y la segunda temblando a diez metros sobre el suelo, desafiando su propia gravedad y abrazando su autoridad en el cielo circense. Cada una con sus resistencias, virtudes y puertas interiores de emergencia.
¿Qué se sostiene en el aire, en el recuerdo humedecido por el tiempo...? ¿Lo posible o lo imposible? ¿El dolor es la tinta final o el color rosa pinta el pasado junto a todos los grises? Una obra sorprendentemente madura, cruda y sencilla, donde la metáfora se viste de imagen y el guion de verso.
Pasen y suban a la cuerda floja. La poesía, arrullada por la riqueza canaria, hará el resto.
Ruby Atlas ©
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