AMORES ASESINOS - MICRORRELATOS CINEMATOGRÁFICOS

Lucien tiró las cosas frente al espejo. Por primera vez, supe que sus palabras eran reales. Tan duras y cínicas como la verdad que tanto tiempo llevaba escondiendo.
  Me dejé caer en el borde de la cama. El llanto corrió hacia mí de un modo silencioso, pero abrí los labios violentamente para expulsar el dolor. Tenía que destruirme. No quería respirar sin él.
 Pese a las lágrimas, pude visualizar su rostro de ángel caído en la desgracia. El impacto de los libros había roto la lámina de cristal en pequeños pedazos y los ojos de Luc se reflejaban sobre ellos cargados de hostilidad, igual de quebrados y anónimos que esas piezas. La frialdad de su mirada cristalina reavivó mis recuerdos y el incendio empezó a propagarse. 
 Lucien, el chico rebelde y temerario. El que repudiaba el mundo moderno. El que deseaba quemar el vacío. El que amaba las complicaciones. El único que comprendía el círculo dentro del que girábamos todos. El farsante pródigo que pretendía brillar a la luz de la luna con la voz de otros.
  Siguió inmóvil. Aunque la ira le ahogaba, ninguna gota salada tocó sus mejillas. Aquellas pupilas infinitas, más misteriosas que una porción de noche, eran una bomba recién activada y dispuesta a cargar contra la vida.
  Cuando abandoné el cuarto, los gritos desesperados de mi mejor amigo rompieron el silbido que acunaba los árboles en la avenida. Luc y su maldito secreto habían convertido un mar de oportunidades en un océano imposible. Y ya habíamos buceado lo suficiente en sus aguas letales.
  La parte de nosotros mismos que abandonábamos siempre regresaba. El corazón también estallaba si la negación florecía día tras día.


Ruby Atlas ©

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