domingo, 11 de febrero de 2018

Wanderer.

Aparentemente hay dos caminos para todo. Dos vías inalterables que salen al encuentro del destino cada vez que una decisión toma forma en nuestro interior. En ese nacimiento, los aspectos físicos vibran con el fulgor infinito de la luz y con las sombras danzantes de la oscuridad, y la realidad se divide en trazos paralelos, en sendas de vida, muerte y resurrección que nutren las posibilidades de la existencia. Y en ese segundo perdido en la inmensidad del dinamismo perpetuo, las verdades cobran sustancia propia, liberándose de los contornos que las sujetaban a la imaginación y a lo contingente.
Di un paso hacia el frente y dejé que mi cuerpo cayera al otro extremo, levantando una nube de polvo.
Y antes de abrir los ojos, supe que, a pesar de que la gravedad sostenía el mundo con la misma firmeza a la que mis sentidos llevaban acostumbrados desde siempre, en aquel fragmento del universal caleidoscopio humano, la tierra rotaba a un ritmo distinto, latiendo al compás de una sinfonía muda que solo era audible por las criaturas inmortales al tránsito.
El aire soplaba en mil direcciones, trasladando cientos de historias  dentro del eco abstracto de sus caricias otoñales. Enredaba los márgenes de las circunstancias y realizando cabriolas en las holguras de las crónicas, zarandeando con su respiración húmeda y fría los detalles supervivientes a cada periodo; y el resto de los elementos obedientes a las leyes del planeta, se deslizaban en una temperatura uniforme hacia el equilibrio de la creación.
Me arrastré por el suelo hasta salir de la cueva. La claridad grisácea del cielo nubló mis pupilas y tendió una pálida capa de vegetación ante mí, poblando el lugar que ocupaba mi comarca en la actualidad con la quietud pacífica y sabia de los árboles de un ayer casi impalpable desde el hoy.
Pero entonces, los recuerdos extendieron sus brazos sobre mí, aproximando el fantasma de su voz a mi mente y trayéndolo de vuelta a mi corazón con el impulso siniestro de la melancolía. Valiéndose de la fuerza madre de todas las debilidades, de ese nítido lazo que cruza todas las eras y eternidades y escala cualquier brecha en el espacio y en el tiempo, suplicando alivio a través de los gritos del pasado que traspasan los límites de lo común y de lo desconocido. Y el dulce sonido de sus palabras cándidas y angelicales, peinadas por el paso de los años, besadas por el viento del cambio mas inmutables al recorrido álgido de las estaciones y de los ciclos del dolor, retornó a mis oídos en medio de un silencioso concierto de la naturaleza.
Me puse en pie y sentí la ligereza de los secretos flotando sobre la brisa crepuscular, y, a la vez, el peso de las miles de conexiones estelares, de los deseos y las ilusiones tangibles, sembrado bajo la hierba, a millones de kilómetros, en el círculo imparable del universo.
El peligro perseguía toda elección, rastreando los hechos sin piedad, y la rueda del infinito seguía girando mientras mis propias huellas me conducían hacia los imposibles ya escritos décadas atrás. Pero iba a intentarlo. Debía  traerle de vuelta al presente. Porque, si impedía aquella tierna expiración, mi hermano continuaría habitando… esta vida.




miércoles, 24 de enero de 2018

Eternal flame.

   El vampiro se giró, exponiendo su pecho de acero plateado a la tibia luz de la media luna. 
-No habrá nada que esperar al otro lado del mapa. Allí, donde el viento danza sobre la tierra con la gracia de la naturaleza en su estado más puro, el eco de nuestras voces no se oirá. Solo habrá espacio para esa anciana vitalidad que tantos dejan morir tras la línea de lo desconocido, para esa verdad que pocos se atreven a leer en el interior de sí mismos y de los otros mientras sus ríos de sangre siguen su curso desenfrenado. 
   Sus párpados se cerraron y una oleada de frío empapó el aire con el aliento de la oscuridad. 
   Las palabras de la criatura salieron de sus labios dirigidas a la figura menuda que lo acompañaba, cuyo palpitar vital resonaba debajo de su cuello. 
-Sí, quizá este mundo sea únicamente un espejo donde señalarnos antes de emprender el vuelo que nos conduzca a la próxima piel. Y tal vez, hoy más que nunca, esté poblado por monstruos cuyos sentidos plagados de indiferencia no sientan otra cosa que vacío ante la belleza del universo.
   El jovencito le observó desde el fondo de su capa negra, que se camuflaba en la penumbra con una gracia infantil a la vez que maliciosa. 
-Tienes razón. Pero, en ese lugar ajeno a la invisibilidad del ser, se podrá oír el canto de la vida más allá de toda muerte. 
   La extraña pareja se abrazó y sus manos quedaron enlazadas por una gélida promesa de amistad fuera de la ley de ambos mundos. 



jueves, 18 de enero de 2018

DESIERTO.

El silencio oxida el vacío 
Millones de kilómetros hambrientos
Bañados por la sangre del sol
Besan mis huellas sombrías 
Deslizándose con colmillos mercenarios 
   [Con fieles donadores de vida y muerte 
Hacia la corriente brava de tu corazón 

Allí el rugido del horizonte  
Quema las escamas del ayer 
Dando luz a un latido inmortal 
   [Escondido entre dunas de oro 
   [Bajo un volcán de certezas a inflamar
Y mientras el pulso vital de la tierra
Se aúna con amaneceres fríos 
Cuando el cantar de la luna
Abandona la tumba del cielo
Una lluvia de hirvientes y crueles destellos
Nos sumerge en un oasis frívolo De cegadora y cruel esperanza
   [Donde las arenas del tiempo 
   [Consumen nuestros deseos 

En este crepúsculo de miedos predadores  
El mundo palpita con el oeste entre costillas   
¿Oye tu alma el vértigo de la gloria?
Cuando nuestras pupilas se abrazan 
La noche esboza una fosa de víboras 
Que ahoga las hemorragias pretéritas
Y el ardor de la naturaleza 
   [No menos animal que humana
Nos brinda alas de joven coraje
   [Para emprender el vuelo incesable
   [A la cara oculta del mañana

Somos cazadores de fortuna
Amantes del éxodo de la abrasión 
Criaturas no dispuestas a morir 
Sin un último aliento de amor 
   [Ni de recíprocos incendios
   [Libres de los vientos del dolor

Escucha a los coyotes aullar 
Al ritmo de la eterna traslación 
Hoy la belleza de lo prohibido
Es nuestro secreto danzar. 

viernes, 29 de diciembre de 2017

El termómetro del mal.

   Ser un extraño más. Invisible al ojo de los semejantes.
   Lo desearía con todas mis fuerzas. Lo anhelaría con una voluntad de hierro de no ser por esta ferocidad que arde dentro de mis huesos como una criatura con vida propia, ajena al pulso de la tierra y a los latidos de la conciencia. Pero nada puede oponer resistencia a la sombra que nace en las raíces de mi subconsciente, allí donde habitan el hambre y la sed que me convierten en lo que soy, que me adhieren al verdadero monstruo que configura la piel de un… hombre.
   Me concentro en su voz y dejo que una oleada de calor recorra el interior de mis venas. Nos separan unos metros entre la multitud de invitados que pasea por el majestuoso jardín al compás de las baladas que suenan en la atmósfera de fondo. Sin embargo, el perfume de su piel se desliza febrilmente hasta mis sentidos con la calidez prohibida del deseo, envolviéndome con el canto que solo la sangre aún palpitante entierra en el fondo del corazón.
   Aprieto low puños y los recuerdos regresan. El aliento del diablo penetra en mi cabeza con una bocanada de peligro ardiente, guiándome al estado de éxtasis que los limites prohíben, al caos ferviente que el tiempo lucha por acariciar antes del último respiro carnal. Entonces, las imágenes del pasado se transforman en un espejo de abrasión, quemando todos y cada uno de los lazos que me atan a esa mujer, y sus cenizas caen sobre mí en una ventisca de fría oscuridad, convirtiendo los minutos en una fuente de incesante placer. De intensa, fúnebre y perpetua gloria.
   Poseer su cuerpo y su alma, ese es el sueño que bombea el continuo torrente de satisfacción en mis sienes. Y el coste, sea cual sea la muerte de mi libertad y de mi condición natural, será bienvenido tras la desaparición de Betty Charles.
   Me escabullo en la tumultuosa noche de figuras quiméricas y espero a que la caída de las horas me susurre el momento perfecto para incendiar mi ser… Y el suyo.
   Solo hay un conocimiento que merece ser salvado en este infierno de demonios bípedos: el contacto es el trofeo de la existencia.




jueves, 28 de diciembre de 2017

Star Wars: Los últimos Jedi. Crítica.

Si bien Star Wars ha sabido mantenerse en la cúspide de los clásicos del cine, con esta última obra vuelve a conseguir que la chispa galáctica renazca.
Lo primero que resalta de la película es su supremacía técnica y estética, con unos efectos especiales muy cuidados. Cada fotograma es un puente hacia el centro de la escena, una captura vistosa, brillante e intensa que inunda de emoción y contrastes, jugando estelarmente con una paleta de colores donde el tono rojo de la fuerza y la resistencia toman el poder.
El film continúa la línea inicial, logrando que la esencia de la saga, del espíritu Jedi, no se evapore en el espacio, y añadiendo sorpresas al argumento principal. Muchas de las historias paralelas ayudan a que la película sea liviana gracias a un punto de humor y de dinamismo, y varios personajes encajan bien dentro de las otras trilogías. Sin embargo, algunos solo aportan minutos de metraje que se quedan en el aire, excediendo el punto esencial de la trama, y otras escenas, simplemente, rellenan tiempo. Lo mismo sucede con los protagonistas, tanto los antiguos como los nuevos. La mayoría se han desarrollado de forma arrolladora, dando frescor al público y demostrado su valía… 
Leia sigue siendo la luchadora por excelencia, la gran heredera de su apellido. Rey continúa buscando su lugar en el mundo, indagando en su interior con una profundidad y una valentía divinas (Daisy Ridley vuelve a meterse en su piel con naturalidad y belleza artística), no dejándose vencer por el atractivo del lado prohibido y dando pasos certeros hacia aquello en lo que quiere transformarse. Y Luke mantiene cierto carácter del indomable aprendiz que fue, protegiendo con valor a aquellos que ama por encima de la atmósfera del odio; no obstante, en varias ocasiones su personalidad se diluye en gestos más propios de Hamill que del personaje en sí, y su potencia se ve afectada por el guión, que podría haber obtenido una mayor esencia Skywalker de apegarse al texto original. Tomando el pasado como referencia, creo que el impulso vital de mantener viva la llama de sus predecesores y de la Orden no habría decaído en su espíritu real. 
Pero, en mi opinión, quien más peso carga es Kylo Ren: la inseguridad y la fiereza que le consumían en la primera película y que le convertían en alguien mortal y creíble, en un ser lleno de contradicciones y de ira, son ahora el motor de combustión de su brillo oscuro y complejo. Adam Driver refleja a la perfección cómo el refreno de su luz y el combate eterno de su moralidad se transforman en armas, y la sangre derramada, lejos de aliarse solo con su culpabilidad y su dolor, se vincula con su poder, mostrándonos su rostro, desnudando a su persona en medio de opacos y magníficos tintes del deseo de soberanía… Y de conexión humana.
Además, durante toda la pieza, la presencia de John Williams en cada nota musical es un regalo mágico que complementa la ficción con absoluta transparencia, fundiéndonos con las circunstancias segundo a segundo en un bombardeo de frío y calor, de tenebrosidad y esperanza.
Y en cuanto al regreso del maestro Yoda… Bueno, nadie más como él hay.
Esta entrega resulta entretenida, sentimental, lúcida y oscura, y también divertida. Es una oportunidad para aquellos que creemos en la Fuerza de soñar una vez más con el infinito. Y un adiós emotivo para nuestra venerada princesa.

MAY THE FORCE BE WITH ALL OF US.



sábado, 9 de diciembre de 2017

Te diré quién soy.

Entre el cielo y la tierra
Una niebla de voces grises
Es la guardiana del caos

Su aliento gélido nos disfraza
De lo que somos
De la sombra que nunca será la propia

Y no existe bóveda mefistofélica
Solo transparencias
En las lágrimas del alma

Mientras la caricia del pánico 
Se desliza hasta el corazón:
Una bala de vida para la muerte.

sábado, 2 de diciembre de 2017

Desembocadura.

   Miro fuera de mí, pero toda búsqueda es el espejismo de un viejo y póstumo laberinto de preguntas. Las salidas ya solo son puertas que conducen al ataúd de nuestros cuerpos y al funeral de nuestro amanecer. No queda quietud que silencie el lamento de los que rehusamos salvar, cuya voz todavía se escucha en el latido del viento, en el canto sin vida del pasado. Porque cuando incineramos el futuro de aquellos que un día nos traicionaron, asesinamos más identidades que las suyas. Infectamos con el sabor de la muerte nuestros caminos. Y su adiós se convirtió en la bandera que nos haría caer al túnel infinito de la verdad, donde el color del espíritu se alía con el destino menos afortunado para dar forma al peso del presente.
   Los rayos inciden sobre el suelo como bengalas de fuego inerte que tratan de dar caza a las marionetas de la codicia. El sol fue el único testigo de nuestras manos prendiendo los años, los rostros, la envidia de los eternamente insatisfechos. Él fue el solo conocedor de cuán hondo cavamos la tumba de unos sueños que no nos pertenecían. Y hoy, el tormento sembrado meses atrás, que grita al oído del cielo cuando el aire nos envuelve con el aliento fúnebre de unas esperanzas cenizas, amenaza con depositar en nosotros la semilla del arrepentimiento que nunca brotó mientras desempeñábamos el papel ejecutor de la desgracia.
    Las huellas no han sido borradas. La dulce espera de lo imposible, desdibujada por la voluntad ciega de quienes sepultan en el mundo los sueños de sus semejantes, sigue respirando entre nosotros.
   El día habla con la voz de los fantasmas: escribimos nuestro final al derramar sangre en el lienzo del tiempo.