lunes, 10 de febrero de 2020

Girasoles.

   Miro las sábanas en un intento de encontrar respuestas en la franqueza de su blancura. Necesito respirar el frescor de este nuevo camino y dejar atrás la niebla confusa de la impotencia, de las cadenas con nombres humanos y deseos anestesiados. ¿Es tan sombrío transitar el desorden de la vida? ¿Todo florecimiento remite a la incomodidad áspera de resistir la desaparición de las ilusiones?
   El sonido del tráfico se cuela a través de la ventana y alerta mis sentidos. Estoy en una cama que no me pertenece, donde pueden nacer destinos o la brújula de las apetencias tal vez sea capaz de guiar brevemente la libertad. Pero no siento la firmeza debajo de mis costillas. Todavía noto los latidos de mi corazón febriles, buscando el modo de respirar sin la pesadumbre que lideró las heridas en aquellos días de astros muertos. No sé cuánto son capaces de soportar si no encuentran la luz ansiada. 
   Su figura aparece en la habitación y se arrastra hasta mí con una jovialidad contenida y amable. Me pregunto qué hago ahí, en mitad de una revolución de sentimientos que no aciertan a desvelarse, pero sus manos no tardan en recordarme, con una caricia esperanzadora que se detiene en mi rostro, que el calor de la benevolencia y el peligro ausente son posibles nutrientes para cicatrizar los mares llorados.
   Leo en sus ojos las hemorragias de los años jóvenes y el impulso irrazonable de apostar por las cosas perecederas y significativas. Entonces permito que mis pies descarten la huida, que olviden la salida de emergencia ante la villanía de la volatilidad superficial y los huesos podridos. 
   Enlazamos los dedos y nos cubrimos con los suaves tintes del amanecer violáceo. 
   Quizá no hallemos crueldades en la fragilidad de las lágrimas invisibles. 

miércoles, 29 de enero de 2020

Carne de cañón.

   Invisible. 
   Esa fue la palabra que brotó en su cabeza cuando Jonah le pidió que lo describiera el día de su boda. La boca de Mandy se entreabrió con el presuntuoso instinto de contestar dócilmente, pero apretó los labios antes de que las respuestas fueran domadas por un ardid educado y fraudulento.  Entonces supo que coronaria su imagen pública y profesional con la anorexia de un cariño agostado, tedioso y
esquelético, condenándose a la desnutrición del corazón entre términos legales. 
   El asunto se fue ensombreciendo según se sucedían los inviernos. En cualquier momento, un ruido le taladraba los oídos al escuchar la respiración de él en la misma estancia. Era un murmullo disociado de la presión, un producto inofensivo aunque arrítmico  e insustancial que nacía de la existencia paralela y distante de dos personas. Y ahí estaba la granada inactiva. Ella deseaba una explosión que hiciera saltar por los aires lo que llevaba años seco e inerte dentro de su pecho. Los abrazos rotos, las miradas edulcoradas de complicidad, las promesas desleales de honradez. Las decisiones profesionales habían jugado en su contra desde el primer minuto, acorralándola en situaciones en las que se juró no estar jamás. ¿Hasta cuándo iba a permitir aquella farsa de vida, donde ella se había tenido que conformar con un matrimonio sellado por la aburrida corrección y el repugnante orden? Sus días se basaban en actuar frente a las cámaras televisivas con una sonrisa deshabitada que, con los años, acabó perdiendo elasticidad emocional como consecuencia de su existencia marchita, y sus noches consistían en actuar aún con más fuerza ante un marido que solo hacia florecer en ella sentimientos fútiles y soporíferos. 
   A pesar de los meses, nada cambió desde el compromiso. Ni siquiera las oportunidades en las cadenas artísticas habían servido para impulsar su popularidad. ¿Qué debía hacer ahora, con las manos llenas de experiencias imperfectas y las expectativas en la tumba? ¿A qué lugar se iban los derroches insatisfactorios? ¿De qué forma deshacer la vergonzosa madurez y regresar a la juventud, allí donde aún se volvía posible dibujar en el futuro virgen un mural de éxito en las altas esferas de la sociedad? 
   Le dio vueltas al anillo de su dedo anular con la impaciencia airada de a quien únicamente le interesan y asquean sus propias miserias. Y soñó con ser también invisible a los ojos analíticos de aquel mundo injusto y sucio, que bien podría tornarse ciego a causa de sus pecados hirientes frente a los esfuerzos ajenos por prosperar a través del sacrificio. 

miércoles, 22 de enero de 2020

El espejo de las aguas.


  El mar abre sus fauces con las últimas fuerzas del día. Se mueve con la ferocidad de un Dios caído en las llamas de la desgracia, con la franqueza violenta de un espíritu herido por el desamor sangrado. Rompe las olas entre virtuosos rugidos que defienden sus profundidades, que alientan a la oscuridad de sus fondos a preservar los mundos de sombras. 
  No escucha el temblor de los cielos. Solo atiende al bombeo iracundo, al tictac triste de su esencia líquida. Su resistencia es tan inalterable como la gravedad, pero la sal que besa la tierra es un faro de luces que se atenúan con cada golpe sobre las rocas. Llora bajo una tormenta de gotas dulces, sucias y desalmadas.
  Desde la distancia observo su rebeldía salvaje y superviviente, y comprendo su pesar.
Sé que únicamente no quiere la muerte. Esa que se da en vida.


viernes, 3 de enero de 2020

Luz verde.


   Para cada acción, hay una razón. Esa es la regla aceptada en la sociedad. Porque genera paz. Porque nos recuerda la lógica del comportamiento. 
   Hoy no puedo tomarla como verídica. Los naipes han caído, la casa de las teorías se ha derrumbado ante el cuerpo de policía. Y con ella, la mayoría de nuestras fuerzas psicológicas.
   Le observo a través del cristal y a mis ojos llega una información que no concuerda con los datos de mi cerebro. Ese chico, que apenas ha alcanzado la pubertad, con su mandíbula temblando de ansiedad y su mirada intoxicada por el pánico, se ha cobrado la vida de su madre. Lo han hallado inconsciente sobre un charco de sangre, desmayado tras la descarga de adrenalina y el clímax de energía que había acompañado al crimen. Ha apuñalado al adulto mientras dormía, cuando ambos estaban solos en el piso y la madre se encontraba en el trabajo. El hombre no ha logrado sobrevivir la llegada al hospital.
   Han pasado cinco horas desde que lo retenemos en comisaría, y no reconozco la fantasía demente en sus pupilas opacas y prohibidas. Únicamente susurran un miedo descomunal a las consecuencias, y parecen aferrarse a la verdad como si se tratara de un fuego encendido con una voluntad de hierro. Veo los frutos del horror descender por sus mejillas en forma de lágrimas ardientes, bendecidas por una moral incognoscible y castigadas por una ética que resuena en algún lugar de su cabeza. ¿Cuál ha sido su crianza? ¿Qué ha ocurrido en sus catorce años para terminar en una posible prisión? ¿Qué piensa y siente acerca de las personas, de qué modo se relaciona y comprende a los demás? ¿Y a sí mismo?
   No sé su motivo. No sé si existen piezas que encajen en todos los puzzles humanos. Pero sí tengo la seguridad de no atisbar las células de la locura en su rostro.
   El sonido del reloj indica el próximo interrogatorio, y el botón de entrada se colorea de un verde irritante y burlesco. Esta vez, soy yo quien se sentará frente a él en busca de unas respuestas que no pocos compañeros de labor han calificado de niebla. Nada me importan las creencias de mis iguales ni sus apuestas mediocres e interesadas.
   La realidad tiene explicaciones tan increíbles como perturbadoras del orden y la inocencia.
   Voy a retorcer el mundo hasta dar con el móvil de ese muchacho. Por mucho que duela. Por muy oscuro que sea.



lunes, 16 de diciembre de 2019

El legado de las cenizas.

   Nunca nos gustó aquella casa. 
   En los días de verano, un aliento frío y antinatural bañaba el aire de Trinity. Cuando los invitados se instalaban en ella, las paredes se teñían de sombras y el suelo crujía con lamentos amargos, encubriendo un llanto áspero solo perceptible durante las noches sin estrellas. 
   Pero mi melliza y yo éramos los únicos conscientes de su peligro. Los únicos niños en una familia de adultos frívolos cuyo lenguaje se basaba en el dinero y el alcance de las expectativas sociales. 
La casa había sido heredada por nuestros padres al fallecer el tío Lewis. Era la más solemne e imponente del condado, una golosina ante el hambre de la sociedad, y su valor excedía todos los ahorros que teníamos en el banco. Sus habitaciones se asemejaban a laberintos tallados en caoba, con una identidad tan hierática como exhuberante en su llamada provocativa desde el magnetismo del silencio. Una calma en apariencia pacífica y poderosa dormía en sus raíces, y despertaba en quienes pisaban el lugar un cáncer de locura. Esa quietud era carne de horror transformada en oxígeno maldito. Una huella del mal abandonada en estas tierras para abastecer el apetito de la oscuridad que asolaba a las mentes cegadas por su atracción artificial. 
   Lo supimos porque los chirridos de las puertas se convertían en gritos dentro de nuestros oídos. Porque las tinieblas violaban nuestros sueños con el hedor descompuesto de muertes pretéritas. Porque Trinity nos mostró que, en la desaparición del hermano de papá, sus manos no habían sido las únicas operantes del ahorcamiento. 
   Sin embargo, no nos escucharon. Nadie quería averiguar si los testimonios de unos muchachos estaban hechos de una sustancia diferente a la imaginación. Ningún policía o vecino deseaba observar la casa con otros ojos que no fueran los de la admiración. Con los que Trinity los obligaba a mirarla bajo el influjo insidioso, esa telaraña de apetencias débiles y pecados morales, de su tiniebla encriptada. 
   De modo que las fauces invisibles de aquella faraona de madera hallaron vías para seguir alimentándose de vidas humanas gracias a la ignorancia de las gentes, comenzando por miembros que llevaban nuestro apellido. Década tras década, distintas personas fueron dejando un rastro fúnebre ligado a ella. Cerca o lejos, antes o después, sus caminos se cortaban con golpes que los conocidos denominaban mala suerte, y apenas un par de noticias locales reportaban los incidentes con la insensibilidad hostil de la fatalidad ajena y hosca. 
   Evelyn y yo huimos de allí al cumplir la mayoría de edad. Nos quedamos solos, y estábamos protegidos y castigados al mismo tiempo por una memoria común. No obstante, ese abrazo del vacío era la caricia que más alivio nos produjo al repasar nuestra completa existencia. Y nos dio el coraje necesario para encender las llamas de la libertad y prender fuego a un hogar que jamás se debió pisar. 


miércoles, 20 de noviembre de 2019

Sinopsis y enlaces de mis libros.

¿Queréis nuevos viajes literarios para estas navidades? Podéis conseguir cualquiera de mis libros con los descuentos invernales. Cuelgo la información de las obras. ✍️

• Sinopsis de la novela negra Sobredosis:
   "A causa de los secretos y las circunstancias, un conjunto de personas ven unidos sus destinos. La muerte de un hombre en Madrid inicia una investigación que el agente García deberá liderar para borrar las huellas de su historial, manchado por la violencia y la mezquindad. El Jaguar, uno de los asesinos y narcotraficantes más peligrosos del país, se encuentra en busca y captura ante la posible conexión con el crimen y la sospecha de dirigir una falsa organización benéfica. Y la vida de Nora, una prostituta cuyo pasado y presente se tambalean en una vorágine de pobreza y deshonra, unida a la de su hijo Julio, se halla hundida en un mar tóxico de sentimientos y mentiras. El mismo océano de traiciones que forzará a todos a valorar si el orgullo y los errores cometidos pueden ser perdonados para seguir adelante... O si el odio pesa tanto como para enterrar las esperanzas".

• Sinopsis de la novela young adult/romántica La voz de las sombras:
   "A veces, el pasado es el infierno que llevamos a cuestas. A veces, los recuerdos son el fuego que nos incendia el alma. A veces, nuestro peor enemigo somos nosotros mismos.
   ¿Qué sucede cuando la vida te arrebata todo aquello por lo que merece la pena continuar respirando? ¿Cómo huir del ayer, si no se puede borrar la memoria? ¿De qué forma cambiar el destino una vez la desesperanza es tu única compañera de viaje?
   Estas preguntas recorren la mente de Leslie Stratford noche tras noche, pero el tiempo no va a devolverle a sus padres ni a su hermano, quienes hace años que desaparecieron de su lado. ¿El problema? La muerte siempre encuentra una vía para arrebatarnos a los seres humanos lo que más deseamos, al igual que sabe hallar un modo de nublarnos el corazón con viejos temores.
   La historia de una joven canadiense, cuya rebeldía es símbolo de sus ganas de alcanzar la libertad, que debe enfrentarse no solo a las adversidades que se han cruzado en su camino, sino también a las que aparecerán y la pondrán en peligro a ella y al resto de sus seres queridos, atrapándola en el crudo universo de la mafia, donde deberá demostrarle al mundo su inocencia para salvar a las personas que aprecia y, luchar por comprender el amor que comienza a correr por sus venas mientras las calles de Detroit acunan sus pesadillas…"

• Poemario de corte gótico Vals de medianoche. Una selección de poemas íntimos inspirados en los maestros del terror, el existencialismo y el romanticismo.

Ejemplares disponibles:
✓ La voz de las sombras (Ediciones Vitruvio) (papel) - www.elrincondelalectura.es / La Casa del libro.
✓ Sobredosis (Ediciones Ondina) (PDF y papel) - www.elrincondelalectura.es
✓ Vals de medianoche (papel) - La Casa del libro


lunes, 4 de noviembre de 2019

El yelmo de espinas.

   El anciano avanzaba hacia el mercado con su pareja de labradores, satisfecho con el aire fresco de aquel amanecer, el cual se erguía en mitad de la pradera de forma cauta. La mañana estaba tranquila, y las penas del siglo pasado, si aún existían dentro de su torpe memoria, se habían desvanecido por completo.
   Al otear el horizonte, vio a un joven agachado al lado de unos troncos. El cabello largo le cubría el rostro y las manos abrazaban sus hombros con un gesto vacío, desprovisto de hostilidad y bañado en dureza.
   El hombre podría haber continuado su camino, mas fue la posición de la figura lo que le impulsó a acercarse. Según se aproximó a esta, pudo comprobar lo que había percibido desde lejos. El aura gélida de un guerrero, entumecida por su propio pesar, lloraba sin lágrimas en el silencio del viento ondeando la hierba.
   El anciano carraspeó y observó con detenimiento al caballero. Debía de haberse despojado de sus armaduras hace escasas horas porque las marcas aún dibujaban surcos rojizos en su piel. Su respiración era calmada, haciendo subir y bajar su pecho con una entereza pacífica, y en su presencia se había extinguido la semilla de la expectación.
   -¿Se encuentra bien, muchacho? ¿Necesita ayuda para ir a algún lugar?
   El oyente levantó la cabeza y en su mirada se reflejaron todas las épocas en un segundo: el frío del futuro, la melancolía del pasado, y el dolor del presente. Sus experiencias se volvían trasparentes a la luz débil del sol e impregnaban sus facciones de alabastro con una determinación latente aunque exacerbada.
   -Llegaré al condado en unas horas. No tengo prisa. Gracias por la preocupación.
   Las palabras salieron de su boca como balas quebradas, heridas a causa de la vida misma.
   El hombre no entendía el tono que las disparaba. No pertenecía a un veinteañero, sino a un alma con mil muertes dentro de sí. Sintió la obligación de insistir en su petición altruista de acompañamiento, no obstante, algo en la quietud metálica de aquella voz, resistía cualquier disputa e indiscreción. Miró sus pómulos perfectamente esculpidos, arañados en un místico conjunto de pequeñas y dignas cicatrices, y se preguntó qué luchas le habrían infundido esa cualidad férrea, luctuosa y distante.
   Sin embargo, pensó que tal vez algunas historias solo descansaran en el interior de cada espíritu, porque en las pupilas de niebla de aquel desconocido, leyó un cansancio profundo. El hastío de quién se sabe capaz de seguir batallando pero cuyos ojos han visto demasiada sangre derramarse. Demasiadas flores marchitas entre los cadáveres de los sueños.
   -Entonces espero que encuentre la dicha en sus pasos. Hasta la vista.
   El anciano silbó y los perros acudieron a sus pies, peleándose por liderar la ruta con la inocencia amable de dos párvulos. Prosiguió su plan inicial y los rayos del sol comenzaron a calentar sus simples y oxidados huesos mientras reflexiones infrecuentes aparecían en su mente. 

   Quizás el corazón respire a un ritmo único e insondable en algunas personas. Especialmente, en las que han sobrevivido a su existencia.