jueves, 2 de julio de 2015

Neverland siempre esperará.

   Bajo los párpados e imagino a los hijos de Sylvia escuchando las historias que más tarde harían creer a varias generaciones en la magia, en la fuerza que poseemos para observar aquello que los ojos no ven y que solo el corazón es capaz de hacer realidad.
   Puedo ver la sonrisa de los niños cada tarde que James, acompañado por el fiel Porthos, pronuncia el nombre del inolvidable amigo de las hadas.
   Peter Pan, el chico que siempre será joven. El que vuela sobre las nubes de Londres y conoce el camino que conduce a la isla de Nunca Jamás, donde la única regla es alcanzar la felicidad a través de la imaginación. Donde la fe y la confianza son el motor que mantiene viva esa tierra poblada por indios, piratas y sirenas. Donde cualquier cosa es posible si guardamos un poco de polvo de hadas en nuestros bolsillos y una pizca de esperanza en el alma.
   Han sido muchas las versiones que se han escrito y oído acerca del pequeño aventurero que creció en los jardines de Kensington, del bebé con el extraordinario don de volar que, un día, muchos años antes de que nadie supiera de su existencia, escapó desde la ventana de la habitación dejando atrás a su madre. Se alejó del alféizar impulsado por las ganas de vivir nuevas experiencias en la oscuridad, creyendo que continuaba siendo un pájaro y adentrándose en los parques que la luna bañaba en mitad de la noche. Pero Peter olvidó que había abandonado un hogar. Aunque una parte de él deseaba regresar, la diversión que le producía el surcar los cielos cuando el sol desaparecía, el contacto con la naturaleza de Hyde Park, los viajes tocando la flauta sobre las alas de los cines en el lago y, sobretodo, la libertad de no tener responsabilidades, hizo que una vez, al serle concedido el poder de volar de nuevo gracias a las hadas, encontrara tras volver a su casa que unos barrotes le separaban de su madre. Ella sostenía otro recién nacido en los brazos, otro hijo que acababa de suplantar su puesto.
   Entonces Pan se vio obligado a huir a los jardines, lugar donde bajo el brillo de las estrellas recogería los cuerpos sin vida de los bebés que se cayeran de los carritos y pondría a salvo sus espíritus para, más adelante, formar el clan de los niños perdidos.
   Y en ese momento verdaderamente nace el Peter Pan que se niega a crecer. Un niño arrogante, alegre e inocente, con el corazón roto, la fe perdida y el pecho sumergido en el dolor del pasado.
   Su figura, la que hoy conocemos como la propia de un héroe, es la de una persona que se inventó a sí misma, que creó a su alrededor aquello que anhelaba que fuera real. La de alguien herido y profundamente cobarde, que tuvo la osadía de ser valiente y usar la esperanza para convertirse en la leyenda de la que hemos escuchado hablar durante tanto tiempo. La del chico que vivía en el ayer y en el hoy, ya que los habitantes de una isla en la cual no existe el futuro, no podían mirar hacia adelante. La del adolescente que provocaba la ira de los piratas debido a sus modales presuntuosos y cuya astucia los derrotaba siempre, sin extraviar en una sola de las batallas su sonrisa burlona ni descuidar sus elegantes movimientos. La personificación de las crudas consecuencias de los actos de un chico egoísta, pero disfrazadas de orgullo e ilusión.
   Las traumáticas experiencias del autor dejaron una cicatriz demasiado extensa y profunda dentro de su pecho. Barrie presenció la muerte de su hermano mayor, y a partir de esa época, comenzó a obsesionarse con el tiempo y la juventud. Él se convertiría en un adulto, proseguiría sus estudios, terminaría sus obras y se casaría, mas su querido David sería eternamente un chico de trece años que viviría para siempre en sus recuerdos, incapaz de alcanzar la madurez.
   James crió a los Llewelyn Davies, los descendientes de la familia con la que forjó una gran amistad en la ciudad londinense. Después de la muerte de los padres de estos, se encargó de que crecieran rodeados de fábulas llenas de fantasía y de los cuentos que dieron origen a la leyenda de Peter Pan, el cual era un reflejo de su amor incondicional por David, quien jamás regresaría del mundo de los muertos, prisionero de las agujas de un reloj que se detuvo cuando aún era demasiado temprano para su partida.
   No obstante, a uno de los escritores y dramaturgos mejor aclamados, le debemos agradecer no únicamente que haya creado una de las metáforas más increíbles que plantean la distancia entre la verdad y la ficción en una historia cuyo trasfondo está enfocado a las personas jóvenes y mayores, haciéndonos reflexionar con originalidad acerca de cómo se comportan los adultos y cómo piensan los niños, quienes son libres porque están seguros de que nada los ata, y de que la voluntad resulta ser la solución a cualquier problema; sino porque nos ha enseñado una lección.
   Ha encendido la vela que tantas veces apagamos por impotencia o desesperación. La de la esperanza. Nos ha recordado que las elecciones a las que nos enfrentamos cada día determinan el camino que pisaremos mañana. Nos ha abierto las puertas de los sueños, o mejor dicho, las ventanas. Y nos ha revelado que nada es imposible… Si así lo creemos.
   Tenías razón, James. Peter Pan es inmortal. Porque siempre vivirá en el corazón de todos los que estén dispuestos a observar la segunda estrella a la derecha con las pupilas cubiertas de emoción.
   Gracias por compartir tu magia, J. M. Barrie.

   Extractos de las obras:

   “Dreams do come true, if only we wish hard enough. You can have anything in life if you will sacrifice everything else for it.” 

   “There could not have been a lovelier sight; but there was none to see it except a little boy who was staring in at the window. He had ecstasies innumerable that other children can never know; but he was looking through the window at the one joy from which he must be for ever barred.” 



   

2 comentarios:

  1. Una entrada maravillosa, escrita con una corrección y un gusto increíble. Me ha encantado su frescura, la profundidad con que tratas el tema, lo que cuentas de Barrie y, es especial, ese final tan hermoso, en el que dejas abierta una ventana a la esperanza.
    Me ha encantado leerte, ten por seguro que volveré a pasar por aquí. Un beso.

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  2. Muchísimas gracias. Supongo que este personaje siempre seguirá vivo y viajará junto a quienes crean en la magia.
    Una maravilla compartir esperanzas. Besos.

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