Los tres deseos.

   Cyrus puso sus manos alrededor de las mías y el mundo comenzó a moverse mientras su calidez me transportaba aún más lejos de los confines hacia donde viajábamos. Cerramos los ojos y, cuando sentimos que el suelo volvía a emerger bajo nuestros pies, ambos separamos los párpados con la sensación de estar todavía dentro del gigantesco oasis de espejismos que provocaba el conjuro.
   En pocos segundos abandonamos los jardines del templo y las paredes rojizas de su hogar nos rodearon. Él esbozó una sonrisa con tanta naturalidad, que su alegría habría desterrado a los diablillos que acechaban aquel país lleno de criaturas disparatadas.
   -Ali, conserva estas piedras. Si las utilizas para hacer de este sitio un lugar mejor y ayudar a las personas que te importan, lograrás que tus peticiones también se cumplan. Pero si decides emplearlas en beneficio propio, sin tener en cuenta las consecuencias de tus actos y el precio de tus anhelos, entonces el destino te perseguirá hasta que pagues tu deuda.
   Noté los tres rubíes pinchándome la mano.
   -En el momento en que formule mis deseos, tú desaparecerás.
   La voz se me quebró y a su iris castaño  se asomó un fugaz destello de melancolía, aunque no cesó de brillar porque en él habitaba un fuego que mantenía la esperanza ardiendo.
   -Que no te frene eso. El poder de cambiar la realidad me fue asignado con una serie de condiciones y la soledad es una de ellas. Un genio no se atreve a soñar.
   Ahora que el sol comenzaba a ponerse, los rayos se reflejaban en su rostro, cuya belleza no solo resaltaba por su piel tostada y sus rasgos provenientes de Arabia, de unas tierras donde la valentía transformaba la valentía en un tesoro, sino también gracias a la honestidad de sus pupilas.
   -Entonces ninguno deberíamos tener semejante osadía. Obligar a alguien a vivir con el único propósito de cumplir las fantasías de los demás me parece horrible.      -Resulta duro, Ali-volvió a apretar mis puños con suavidad-.Al gastar las gemas, piensa en ti sin olvidar a quienes amas. No existe otro secreto en la vida. Las décadas me han enseñado que esa es la manera de hacer las cosas correctamente. Recuerda qué sucede cuando alguien se rinde y la ambición lo ciega.
   -Lo absorbe hasta destruirlo-concluí.
   Cyrus se sentó sobre la cama y me atrajo hacia sí empleando un delicado movimiento, permitiéndome descansar en su hombro a la vez que escuchaba cómo el aire salía y entraba de su pecho con una serenidad digna de un guerrero de sangre azul. Los exóticos aromas de Oriente moraban en sus poros y envolvían sus ropas, y al acercarme a él creí hallarme en esas zonas remotas a las que el sol bañaba con un calor especial.
   -Crecí siendo un esclavo en las regiones del sur, sobreviviendo en una sociedad pobre mientras obedecía las órdenes de mis amos, a quienes, de no servir con eficacia, se deshacían de mí o me prohibían comer durante días hasta que aprendía a realizar las tareas a la perfección-se pasó la mano por sus cabellos chocolateados según rememoraba las  dificultades de su infancia y se perdía en el eje del tiempo-.He conocido la maldad y la bondad de las gentes, sus debilidades y sus temores, y afirmo que hay individuos dispuestos a hacer lo inimaginable para conseguir lo que buscan. Y esa es la pesadilla que se cierne sobre los mortales. Por eso, aunque yo no elegí este camino, no me arrepiento de lo que les he concedido a miles de personas desde que el sultán me otorgó la habilidad y nunca permitiré que un humano con el alma manchada por la negra marea de la ira me manipule para saciar su sed de venganza.
   Bajé el mentón y las imágenes de Jaf, el gran brujo que controlaba los nacimientos y las muertes de los que poblaban el lugar, vino a mi mente junto a las historias que desolaban a los habitantes.
   -Prométeme que el día en que te enfrentes a mi tío, no dejarás que gane. Jamás desistas en lo que has venido a conseguir aquí. No vendas tu libertad para adueñarte de la corona... Porque no habrá retorno.
   Sus pupilas se encendieron como una vela en mitad de la noche, llenas de una extraña luz que facilitaba entrever su voluntad de hierro.
   -Lo prometo-susurré.
   Sus brazos me rodearon y sentí su aliento cerca de mis mejillas con la intensidad de un incendio, aunque esas llamas eran incapaces de quemar inocentes. Ladeé la cabeza hasta que mi boca y la suya se unieron y la dulzura de sus labios me trasladó a otro planeta en el que reinaba la benevolencia. Allí, las estrellas fugaces mostraban el camino a los adultos y a los niños sin cobrarles la vida por cumplir sus deseos.
   Estreché mi cuerpo junto a él y el ritmo calmado de su respiración hizo que me sintiera en un hogar aun cuando mi casa se encontraba muy lejos de cualquier esquina de ese mapa que custodiaba el más influyente de los hombres irracionales.
   -Te prometo que la locura no me corromperá. Y que derrotaré a Jaf. Tú mereces ser libre al igual que los demás.
   Su mirada me atravesó con una gratitud impronunciable.
   -Sabes bien, genio, que todo es posible si lo formulas con el corazón.
   Una sonrisa convirtió su semblante en la octava maravilla del mundo.
   -Eso, querida Ali, es la prueba de que la magia existe.



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