miércoles, 11 de septiembre de 2019

Mariposa nocturna. [Miraculous]

  La luz de la lámpara incide sobre el cuadro con una calidez efímera, acariciando los trazos de color como si venerara la alegría volátil de sus tres protagonistas, la fortuna arrebatada por las gélidas garras del tiempo y de los límites de la vida. Las sonrisas que adornan sus rostros están pulidas por el mayor arquitecto de la felicidad, el amor sincero y natural, y en sus semblantes gobierna la satisfacción y la gratitud por experimentar el equilibrio perfecto entre armonía y afecto.
   Mientras lo observa, el hombre aprieta los puños y sus párpados se cierran con las pestañas cargadas de un dolor mudo y lacerante, una fuerza insaciable y oscura que crece con cada día de soledad. Sus pies caminan en el presente, su voz reina en la capital francesa, pero su corazón continúa anclado en las profundidades del pasado, absorbiendo las partículas de desolación ligadas a la pérdida de un alma gemela.
   Gabriel da la espalda a la pintura y se dirige hacia el jardín con un gesto de férrea determinación congelando sus regias facciones. Recoge un amuleto de su bolsillo y deja que el peso de la responsabilidad, el lastre corrosivo de las consecuencias, recorra su mente en una ráfaga de amarga oscuridad que contamina su conciencia. Sabe que cumplir los anhelos de su espíritu es la única prioridad para salvar el futuro, para construir un nuevo recuerdo que respire por sí mismo y rescate los acordes de armonía enterados en la memoria, porque las semillas del sufrimiento han florecido con espinas fulminantes. La tristeza cabalga libre a través de su ser, retándole a una lucha contra las cenizas de su propia identidad, y necesita llevar a cabo el trabajo, sin importar qué haya que hacer. La máxima injusticia ya está cometida, la muerte ya obtuvo su trofeo años atrás, y nada podrá cambiar el mañana si el hoy sigue siendo una caricatura débil de una desgarradora supervivencia. 
   Alza el mentón hacia la luna llena, que envuelve el cielo con la claridad hechizante de los sueños huérfanos y solitarios, y antes de pronunciar las palabras, su pulso desciende hasta el mínimo, alineándose en un elegante y estremecedor silencio con otra cara de su propia persona. Extiende los brazos hacia los astros, y bajo un abrazo nocturno de promesas y peligros, sus pupilas se encienden con el brillo de las sombras, transformándole en el tornado opaco de sus deseos más humanamente arriesgados y tenebrosos.
   Una nube de polillas violáceas se aproxima a su cuerpo y danza sobre su piel con unos sonidos joviales y extravagantes.
   En su pecho ha renacido un rayo de eléctrica esperanza.



jueves, 5 de septiembre de 2019

Las olimpiadas del caos.

   Corro a través de los pasillos con el aliento prendido por llamas de negra ilusión. Mi figura se camufla entre el resto de voluntarios, mi sombra se pierde entre el conjunto de jóvenes que terminan sobrepasando mi ritmo, y yo continúo el camino que todos los mapas científicos han marcado como sendero significante. Los rostros cansados, los cuerpos fatigados y los jadeos exasperantes se reparten a mi alrededor, pero la energía cargada con el licor de la curiosidad late por encima de las exhalaciones de hastío.
   Adelanto una fila y me siento en la esquina de unas gradas rociadas con una oscuridad solitaria. Los participantes comienzan a ocupar el espacio y pronto advierto su presencia en el fondo del vestíbulo. Se aproxima hacia nosotros con la paz en los bolsillos y la sonrisa muerta por las sombras. En su rostro maduro se leen reinos de viento y fuego que batallan demonios y crímenes, cielos de tinieblas que comparten la misma luz fría que se desprende de la impertinente tormenta de la realidad. Y comprendo que la misma acidez lóbrega que nos quema las entrañas y nos fuerza a emprender la lucha mental, el combate eterno y mortífero contra la inmoralidad inhóspita y huérfana de los asesinatos que asolan la ciudad cada semana, respira en su interior.
   Contemplo el embravecido, hondo y magnético mar de sus ojos, tan hermético como sabio, y, durante unos segundos, el oleaje de su alma sacude mi ser con la fuerza de cien titanes, hundiéndola y devolviéndole un oxígeno perdido en tiempos pretéritos.
   No estamos bajo el mando de cualquier hombre. Él, en nombre de todos los que han partido, frente a la cara del terror cruel y deshumanizado, encarna la supervivencia de una esperanza casi prohibida por la iniquidad . Es un rayo de valentía que ilumina las conciencias de miles de habitantes, reduciendo los incendios emocionales del horror, regenerando el presente e instruyendo a las nuevas mentes investigadoras.
   Llevo las manos al cuaderno y mis dedos repasan las fichas policiales, los retratos esqueléticos de perturbaciones y actos sanguinolentos que nos empujan a precipicios éticos.
   No importa cuánto miedo recorra mis vísceras, apuesto por la vida más allá del peligro de la caída. Voto por la canción que canta mi corazón en las noches sin luna y los días sin sol, cuando el coraje de sus pupilas es la savia de mi espíritu, de nuestra avidez, para avanzar.