domingo, 30 de diciembre de 2018

Aliento de estrellas. [En honor a 3 Below]


Bajo un manto de oscuridad densa y palpable, el dolor cruzaba las células del príncipe con un silencioso ardor. Las heridas habían cavado abismos de hielo y sangre en las profundidades de su ser, rasgando sus recuerdos y destruyendo la fuerza de sus órganos y de su mente. En medio de una carrera contra el tiempo, el pasadizo hacia la existencia se había tornado un torrente de luces, nieblas y terrores intermitentes. Las balas, lejos de haber perforado solo sus músculos, también amenazaban con cortar la respiración de sus sueños. Sus labios, hermosos y electrizantes portales al cosmos de su corazón, estaban pálidos y fríos, casi carentes de energía.
Un invierno de sombras comenzaba a absorber su aura.
No obstante, un latido interno, más allá de toda ley física, palpitaba dentro de su alma como un delicado aunque férreo hálito de vida. Krel se encontraba exánime, pero de él brotaban la fortaleza y la esperanza.
Rodeado por los brazos de una opacidad mortal, a través de sus venas reales fosforecían la resistencia y la valentía. Tras sus músculos, un resplandor  luchaba por conquistar sus formas; la humana y la original. Porque ambas caras le pertenecían a su piel. Porque ahora su identidad era doble, al igual que su hogar. Y la supervivencia también enseñaba a encontrarse a uno mismo.
Su guardián dobló la rodilla y se agachó junto a él con un gesto de ceremonioso respeto que sobrepasaba los límites políticos de afecto regidos por su planeta. Ya no quedaba nada fuera de aquella habitación. Sin la presencia de aquel joven, el sentido de su camino perdía fulgor. Las batallas libradas, desde la primera a la última, pertenecían al vínculo de amor que le unía a él y a su hermana. Nada guardaba significado si ellos, juntos, después de haber renacido de su pasado, de demostrar ser merecedores del trono por encima de las guerras y las pérdidas, no continuaban liderando el sendero de la victoria y sus respectivos destinos. Él, Varvatos Vex, como protector y guía, debía proveer a aquellos jóvenes de una vida larga y próspera. Su misión era servirles, y su mayor ventura, defenderles.
La criatura movió la cabeza en señal de pesadumbre. En caso de que el príncipe no despertara, su conciencia quedaría manchada hasta las cenizas de la eternidad. Sin embargo, el primer paso era confiar en la resistencia de su pupilo predilecto.
Aja se acercó y colocó una mano sobre la frente de su héroe, de su otra mitad, de su segundo yo. Las experiencias corrían por su memoria con una bandera de compasión y felicidad. Los enemigos les habían arrebatado su reino, su posición y su familia, pero jamás les quitarían lo que habían ganado por el sendero del riesgo y de la soledad: la identidad y el coraje para forjar su futuro. La capacidad de salvarse y barrer sus miedos. La alegría de hallar en los desconocidos la comprensión. Y el alcance galáctico de los lazos invisibles e inmortales de la amistad.
En ese instante, bañados por la melancolía y acogidos por el silencio de la tristeza, los pensamientos de la princesa fluyeron hacia sus dos compañeros, y los tres, debajo de un halo de magia, conectaron sus almas. Sus sentimientos se volvieron uno: cariño. Un nexo de tiempos y espacios que no atendían a márgenes ni fronteras, abrazándolo todo. Un carrusel de vivacidad y fuerza vital. Una cascada de tierna y firme ilusión que descendió por sus cuerpos y fundió de nuevo los senderos del mentor y de los aprendices en la Tierra.
Krel abrió los ojos. Y una sonrisa iluminó su rostro sagaz y cautivadoramente curioso.
El mundo les esperaba.



sábado, 29 de diciembre de 2018

Era del fuego.

  La dama abrió el cofre mientras sus largos y gráciles dedos místicos acariciaban tristemente la madera. Dentro había enrollado un pergamino que desprendía el perfume hostil de siglos antiguos y enfrentamientos sanguinarios con los brujos del otro lado del valle. El aire crepuscular empezó a impregnarse de frías y neblinosas reverberaciones, y la imagen de su padre escribiendo bajo la luz de las velas, en una edad pretérita fundada por las guerras entre razas, se apoderó de su mente. 
   ¿Cuántos secretos de su persona y de  su legado como hechicero se llevó con él?
   Abrió el documento y las letras de tinta blanca brillaron ante el sol durmiente. 

   "Ocurre en ocasiones que los errores son demasiado viles como para desaparecer con la luna nueva. Se convierten en una segunda piel, mutan en frívolos monstruos de escarcha, y agotan la sed de fortuna con un huracán de sombras. Es entonces, cuando las esperanzas tiemblan y el alma se encuentra débil, el momento de alzar la voz del rincón mudo del ser. De cantar la serenata que el corazón nunca pudo expresar. De defender la carne y los huesos. De demostrar más fuerza que el coro de los fantasmas anidado en el jardín de los vivos. 

   Porque si no liberas el ánima, estás perdido. 
   Porque si no danzas bajo el ritmo de tus propios latidos, tu identidad se desvanece. 
   Porque si no domas a tus espectros, otras bestias te comerán. 
                                      N. Jonnes."

   Su descendiente enterró las mejillas en las manos y un llanto silencioso atravesó su aura. ¿Dónde estaba la bondad entre pueblos? ¿Dónde se fueron los que lucharon por ser ellos mismos?