martes, 30 de octubre de 2018

Hechizo de niebla.

   La sombra de la luna acecha desde el cielo con el reflejo de nuestros colmillos durmiendo sobre las tinieblas. 
   Ya es medianoche. El tiempo se ha detenido, la vida se ofrece como trofeo para los seres de la oscuridad. Pero continúo mi camino solo, con los aullidos de los fantasmas danzando a través de los silencios fallecidos que nunca encontraron su segundo celestial.
   No deseo el sabor de la sangre. No quiero matar por placer. No he emergido de los confines de la tierra para absorber cándidos sueños ni condenar las violentas frivolidades de los humanos. Mi único cometido es existir eternamente. Respirar el dulzor amargo de la belleza. Contemplar el despertar de las estaciones. Deleitarme con el latido último de las criaturas. Fundirme con el viento, volar empujado por el aliento de los astros, transformar el vacío en un eco de gloria. Y hacer de la niebla mi piel.
   En esta noche de puertas abiertas al mundo de los no muertos, no seguiré mi deber de secuestrar y transportar ánimas hasta nuestro hogar. Con el paso de los años he aprendido que el inframundo está en cualquier parte. Y dentro de cada uno amanece un fuego venenoso que es el verdadero monstruo de debajo de todas las camas: la voluntad del corazón. 
   Porque arriba o abajo, ante el sol o detrás de este, lo único que nos diferencia a los hijos del más allá de las personas, es el poder para combatir ese rayo, ese destino elegido, esa lucha por la verdad en uno mismo.
   Y yo, no estoy dispuesto a desenterrar otra herida, a abrasar otro pasado. De ese crimen que se encargue quien maneje el volante de su propia historia. Soy un demonio, no un ejecutador de pecados de carne y hueso.
   Doy un salto y abandono el cementerio con las pupilas limpias. 

   A volar hacia el infinito paraíso negro. A sentir quebrantando las normas. A deambular para el resto de los siglos… En paz.


martes, 9 de octubre de 2018

Lluvia de sangre (Homenaje a SOA).

   "El sol siempre brilla. Pero el tiempo y los crímenes tienen más fuerza que la luz. Porque nadie regresa de la muerte, porque todos nacemos con una sombra en el interior.
   Cada paso que dé será recordado. El mundo observa mis actos con los ojos llenos de sangre, y el destino sinuoso, a camino entre mi voluntad y la fragilidad de las circunstancias, me espera con los brazos de la oscuridad abiertos.
   Los amaneceres pesan y las noches son depredadoras de ilusiones que jamás podrán hacerse realidad. He de despedirme de las personas que habitan en mi corazón. De las que continúan vivas y de las que descansan bajo epitafios de amor y amistad roídos por la venganza. ¿Cómo se dice adiós a quien forma parte de ti? No hay palabras para alejarse de alguien que comparte tu aliento. No existen miradas ni caricias suficientes para sanar el caos. Hay hemorragias que duran eternamente, ocultas en un sórdido rincón del alma, desgarrándonos hasta el fin de nuestros días. ¿Es posible medir las pérdidas humanas? ¿Contar los gramos de vida que dejamos ir con ellas?
   Los sueños son ciertos. Y la felicidad. Sin embargo, en ocasiones, solo palpamos las estrellas con los dedos antes de desaparecer en el agujero negro de las malas decisiones, de los lazos rotos y de los cuerpos enterrados.
   Pero si algo he aprendido durante estos años, es que el mundo no perdona. Somos el despegue y el descenso de nuestro propio vuelo. Hemos de mantener el rumbo en todos los ascensos y proteger a nuestros seres queridos. Porque cuando llegue el momento de respirar por última vez, seremos los encargados de liberar nuestros pecados y expiar nuestras culpas.
   Somos el cazador y la presa, el ayer y el hoy, el destello y las tinieblas. Y a cada segundo elegimos en quién queremos convertirnos.
   Y aquí, en el seno de mi hogar, firmo mi historia. Me marcho sin abandonaros, me voy con el silencio de los que años atrás tuvieron voz.
   El sol naciente cuidará de mis hermanos y de mis hijos."