miércoles, 24 de enero de 2018

Eternal flame.

   El vampiro se giró, exponiendo su pecho de acero plateado a la tibia luz de la media luna. 
-No habrá nada que esperar al otro lado del mapa. Allí, donde el viento danza sobre la tierra con la gracia de la naturaleza en su estado más puro, el eco de nuestras voces no se oirá. Solo habrá espacio para esa anciana vitalidad que tantos dejan morir tras la línea de lo desconocido, para esa verdad que pocos se atreven a leer en el interior de sí mismos y de los otros mientras sus ríos de sangre siguen su curso desenfrenado. 
   Sus párpados se cerraron y una oleada de frío empapó el aire con el aliento de la oscuridad. 
   Las palabras de la criatura salieron de sus labios dirigidas a la figura menuda que lo acompañaba, cuyo palpitar vital resonaba debajo de su cuello. 
-Sí, quizá este mundo sea únicamente un espejo donde señalarnos antes de emprender el vuelo que nos conduzca a la próxima piel. Y tal vez, hoy más que nunca, esté poblado por monstruos cuyos sentidos plagados de indiferencia no sientan otra cosa que vacío ante la belleza del universo.
   El jovencito le observó desde el fondo de su capa negra, que se camuflaba en la penumbra con una gracia infantil a la vez que maliciosa. 
-Tienes razón. Pero, en ese lugar ajeno a la invisibilidad del ser, se podrá oír el canto de la vida más allá de toda muerte. 
   La extraña pareja se abrazó y sus manos quedaron enlazadas por una gélida promesa de amistad fuera de la ley de ambos mundos.