jueves, 27 de julio de 2017

Dunkirk: Crítica.

   Nolan vuelve a ganarse el sobresaliente.
   Esta vez, el director enmarca por tierra, mar y aire la esencia de la confrontación humana y de los límites de la supervivencia, alentándonos a recordar la fragilidad y la resistencia que por igual alimentan la esperanza incluso en los instantes más duros que nuestra raza pueda soportar.
   Valiéndose de la fuerza, el desasosiego y el dolor que las composiciones de Hans Zimmer subrayan en cada escena, con un estilo minucioso y de perfección lograda en todos los campos de producción y realización, consiguiendo que cada fotograma tenga vida propia, nos sumerge en la realidad de una batalla que perfila la frialdad esclarecedora de nuestra condición como especie. Trae de vuelta desde una época lejana el latido de la guerra, y lo superpone en una historia que entra en el alma a través de todos los sentidos, forrándola con valentía y determinación y haciéndonos volar a la experiencia misma de respirar el humo de las explosiones; incluso a sentir la gelidez del agua helándonos los pulmones.
   Además, sin duda alguna, el reparto ha sido escogido con esmero, priorizando la calidad artística y expresiva. Las caras conocidas realizan su trabajo con una precisión increíblemente desgarradora, dejándose la piel en un guión que rechaza centrarse en el aspecto mundanal de los diálogos vacíos para poner el corazón en las palabras vívidas, concisas y certeras, y las interpretaciones de los nuevos actores barren la superficialidad para ofrecer al espectador una imagen de sus perfiles amplia y melancólica, a veces de verdadera consternación y oscuridad, dotando a la película de un significado y una profundidad más allá de lo concebible a primera vista.
   Por lo tanto, aun teniendo en cuenta el ensalzamiento que Nolan ha querido demostrar a su tierra natal, el cual puede ser mejor o peor aceptado según políticas aparte, cuando se enciendan las luces del cine, una cosa quedará grabada en la memoria del público: Dunkirk nos muestra la crudeza del hombre en su forma de mayor horror y desesperación. No es solo el reflejo del pasado, si no que traza un camino que nos habla de que el enemigo está dentro de nosotros y no en el símbolo de ninguna bandera.
   Oda a los sentimientos y a la paz, Christopher.


miércoles, 19 de julio de 2017

ESTELA DE UN COMETA.

El viento mece sus pestañas aladas
   [Acariciando la nada de los sueños 
El sol se posa en su masculino rostro de marfil
   [Quemando los disfraces invisibles  
    [De la perfección que anhelaban respirar
    [En aquellos días cuando el frívolo aliento de sus gargantas
    [Vapor de plata condenado al calor de las mentiras
    [Congelado por el frío insidioso de la verdad
    [Del cazador siempre armado con la fiebre del deseo
    [Se disipaba ante los rayos del fúnebre siempre
Y su piel congelada al tacto
Humedecida en mares pretéritos hoy cubiertos por sal
    [La ganadora del incierto porvenir
    [La sanadora de las marcas rojas del alma
Arde con la temeridad del lobo
Ahuyentando a los reyes de la duda
Perpetuando el ritmo inmortal de la supervivencia. 

Unas voces gritan que perdió  contra el amor
Otras susurran que ganó un pulso a la muerte 
   [Mas en las tinieblas que brillan con el fulgor del olvido
   [Los recuerdos estallan como bombas suicidas
   [Dan a luz supernovas hambrientas de libertad
Pero solo quienes ya no son de carne y hueso 
Conocen el peso de sus sombras. 


sábado, 8 de julio de 2017

ESPIRAL.

Veo las cadenas caer al suelo
Los latidos del alma resucitan
   [Sumidos aún en una fría oscuridad
   [Donde el tiempo evapora la esperanza
   [Y arranca la voz a los sueños náufragos
   [A las promesas hundidas en el mar de los monstruos
Huyen de las fauces del caníbal
   [Que nos persigue tras la piel
   [Que se nutre con los miedos del crepúsculo de nuestra sangre
Y recuerda la frivolidad del ayer
   [Del maestro de la perfecta imperfección
Antes de volar hacia los confines del mundo
Al incesable cielo infernal del propio rumbo

Mas ha de ser la vicisitud de lo invisible
El eco inmortal y franco del trueno
Quien anuncie en la resurrección de la noche
El amanecer de la justicia eterna
El regreso de la luz bajo las antorchas
   [Esas que el valor enciende a medianoche
   [Cuando los vivos duermen y los fantasmas hablan
Quien sostenga nuestros corazones de plomo
Sobre el nido de sombras y esqueletos
Que trazan los espectros del mañana
Los amables guías que nos acompañarán al desfiladero del alba
   [Al más allá donde vivir o morir no es sino el mismo origen
   [De la infinitud de las ánimas del ser humano.