viernes, 5 de mayo de 2017

Todas las razones importan.

   Es difícil estimar qué influencia tenemos en la vida de otras personas. Saber en qué medida nuestras acciones se entrelazan con las de los demás para cambiar el curso de los días. Adivinar dónde se encuentran esos puntos de inflexión que, antes o después, cruzamos a pesar de que nuestra voluntad no sea la de exceder los límites de la moralidad, resulta el mayor enigma del planeta. 
   Sin embargo, hay demasiados colores en el mundo como para ahogar nuestros corazones en las sombras del blanco y el negro, en el continuo camino del bien y del mal, que sólo simbolizan al ser humano si están presentes a la vez y agitan la existencia desde la opacidad de los sentimientos.
   ¿Siniestro? Quizás. Generalizar siempre conlleva riesgos. Implica aceptar verdades que no son pronunciadas en voz alta. Comprender aquello que mueve los pies de todos en el silencioso baile del destino que se forja según respiramos al mismo tiempo. Balancearse a expensas de confiar en un viento cuya naturaleza desconoces y que, de alguna manera, puede terminar originando un huracán.
   Sí, tal vez las cosas ya no vuelvan a ser igual que al principio, cuando aún permanecía intacta esa inocencia dispuesta a explorar las dimensiones de las cosas y sin apenas entender los giros que las circunstancias toman. Cuando las irregularidades de los senderos y la ambigüedad inserta en cada alma, aquí o en la distancia de la muerte, era una nebulosa cargada de tierna ingenuidad. 
   Esa fragilidad no regresará. Al igual que la tenebrosidad del ayer no se diluirá con el paso de los años.
   A pesar de ello, después de descubrir el sabor agridulce de uno mismo, de quienes te rodean y de las mentiras, ¿de qué modo avanzar? Entonces, la mejor opción, por no decir la única, es enfrentar el miedo y abrazar la catástrofe que bulle en nuestras venas mientras decidimos que la responsabilidad nace dentro de cada alma, aunque dependa de muchos seres humanos más.

   No obstante, si hoy me atrevo a escribir estas líneas, es porque deseo decir adiós a mis experiencias y a las conexiones que me unían a cualquiera de los que, inconscientemente o no, se vieron vinculados a mi historia. 
   ¿Mi consejo? Recordad que el universo es de una belleza inmensa, y que los actos de todos tienen el poder de transformar la hostilidad de la noche en el más hermoso de los amaneceres. Pero que también pueden convertir una delicada llama de esperanza o de pasión en el comienzo de un incendio capaz de arrasar hasta el futuro menos inestable.





No hay comentarios:

Publicar un comentario