miércoles, 15 de marzo de 2017

Transparencias marítimas.

   El aire salino me roza la cara y cada poro de mi cuerpo se estremece como si jamás hubiera experimentado el significado de la libertad.
   Es cierto que, desde hace seis meses, el sol lleva posándose sobre nuestros hombros e iluminando las olas del infinito horizonte azul que nos protege y devora con una ferocidad abrasadora. Señalándonos el norte antes y después de alcanzar el centro del cielo, y exponiendo ante nuestras viejas miradas de sabios surcadores del océano la belleza de la naturaleza, permitiéndonos adoptar una visión filosófica de la supervivencia humana más cruda que ninguna otra.
   Sin embargo, este amanecer, es la primera vez en las vidas de todos los tripulantes del barco en la que sentimos el placer de la existencia. En el primer día en el cual, aunque las profundidades del infierno añil nos acechan y el viento sopla en la dirección incierta de la suerte, notamos una esperanza recién nacida bajo nuestras costillas.
   Y es que, el misterio se halla en el fondo de nuestras mentes. Quienes, al igual que unas almas vírgenes ante la verdad, nunca han abierto sus sentidos al presente… Hasta ahora.
   Por eso, hoy abrazamos los segundos: 

   Quién sabe qué maravillosas desventuras e intrépidos viajes nos esperan en las lejanas aguas del tiempo, donde pasado y futuro, son uno.

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