sábado, 4 de marzo de 2017

Evaporación.

   Resulta admirable contemplar la vida desde lejos. Mirarla con los ojos distantes, observando la gran obra que representa en el escenario del mundo.
   Y es que, cuando las personas ignoran que alguien las vigila, entonces algo habla a través del silencio.
   Una fuerza invisible. Una verdad que fluye a destiempo. Un aliento frío y cálido que, cada vez que se produce un contacto entre unos y otros, une o separa caminos. Un hilo que conecta almas y rescata espíritus del vacío en el que los humanos circulamos sin cesar. Que nos empuja en medio del enorme océano de interrogantes en el cual navegamos perdidos, siguiendo el rumbo incierto de nuestras brújulas internas en el remoto descontrol de la soledad.

   Sin embargo, qué espectáculo digno de análisis mostramos a la eternidad.
   Siempre juntos, rodeados de los mismos desconocidos.
   Pero nunca cerca, alejados por el mayor obstáculo de todos.

   El miedo a ser lo que somos.
    


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