jueves, 30 de marzo de 2017

Ácido.

   Su hermano aprovechó los minutos de receso para acercarse al estrado.
   El rostro de Jimmy permanecía sólido, endurecido debido a una sombría certeza que vestía sus facciones con un peso invisible, corroborando la carga de un alma que se esforzaba por recordar que el ilógico sentido giratorio del mundo era, en último término, tan comprensible y oscuro como la naturaleza humana.
   No obstante, dentro de sus pupilas ennegrecidas por la hambrienta impotencia, de aquel instrumento degollador de toda sensación de victoria, una fría calma acunaba su espíritu gracias a una concienciación vital cuyo fondo era impalpable desde el exterior.
   -Ya tendréis una segunda oportunidad. Una acusación distinta. Las cosas se han puesto difíciles hoy.
   El aludido le dedicó una mirada que se hallaba lejos de la resignación. En su semblante se leía un escozor de profundidad sórdida, casi tenebrosa, y, pese a ello, un gesto de audacia se asomaba a sus labios, los cuales esbozaban una sonrisa dispuesta a desafiar cualquier infortunio. A aplacar la gelidez de la realidad con la ardiente pasión de la vida.
   -Kenneth está comprado. Lo que digamos será insulso, porque el dinero del fiscal resuena en su bolsillo desde hace semanas.
   Norman se quedó pensativo. Había visto a ese joven dar cada segundo de sus días y de sus noches en aras de conseguir resoluciones para cientos de casos, algunos tan moralmente peligrosos que amenazarían la memoria pública y privada durante varios años, y otros que se deslizaban sobre la verdad a defender con la suavidad aceitosa de la mentira. Había presenciado su lucha constante en miles de situaciones duras que helaban las venas con el adverso comportamiento de las personas implicadas. De la conducta de los responsables de dictaminar la voz de la justicia, de los perpetradores o simples sospechosos, y de los cerebros prejuiciosos y las lenguas enfebrecidas que interpretaban según sus propias ideas los reportajes periodísticos de las absoluciones y condenas.
   Sin embargo, una fuerza envuelta en llamas, cargada con el ardor valiente y la lucidez de la sabiduría, se desprendía de los ojos de color jade de Jim, como si el cinismo de la existencia no fuera suficiente para acallar la belleza del caos y su posterior orden.
   Los interrogantes regresaron una vez más a su cabeza mientras intentaba establecer conexiones entre los hechos, anudados a la admiración que sentía por la capacidad analítica de su pariente. ¿Qué clase de ilusión mantenía en pie aquella voluntad de hierro del abogado?
   -Os han tendido una trampa, sí. El juez declarará a favor de esa hiena cobarde-elevó el mentón y hundió la mirada en el rostro que tenía delante, ensimismado en las consecuencias de ver la vida con ilusión o, como tantos preferían denominarla, fiebre maliciosa-.El universo no acaba aquí. Lo sabes mejor que nadie.
   Un haz de elocuencia cruzó la cara del hombre, que escuchaba a su amigo con una magnificencia extinta hacía varias épocas. Haciendo uso de esa humildad perenne que no solo permitía oír las palabras de los demás y responder ante las mismas, sino que también procuraba poner el corazón en la ardua tarea de entender los motivos, sentimientos y actos de los que le rodeaban, aconsejándoles con la claridad y rectitud de una bella ánima de mortal.
   -Tienes razón. No es el fin. Aunque estas puertas se nos han cerrado-suspiró y alzó la vista hacia el reloj que había colgado en el centro de la sala-.La verdad tiene su forma corrupta de actuar.
   Norman le contestó con un ademán de despreocupación, observando con cuánta tranquilidad pronunciaba las frases, dejándolas escapar de modo semejante a un siseo del viento que las hacía carecer de rigidez.
   -Habéis jugado bien. Al menos, mantened la mente limpia.
   -Eso jamás lo dudes. Todos cometemos errores-mientras hablaba de su equipo, las pupilas de Jimmy se agrandaron al darle la mano a las emociones-, pero quienes superan hasta el último detalle de sus fracasos y equivocaciones, se ganan el triunfo-tomó aire y sus párpados se cerraron, dotando a sus rasgos de un aspecto arduo y elegante que recogía la furia de las injusticias y la transmutaba en energía para sobrevivir a través de las hondas aguas del azar-.A pesar de que el planeta nos grite lo contrario.
   En ese instante, la garganta del jurado emitió un sonido de determinación, y los presentes volvieron a sus puestos.
   Su hermano le miró experimentando una satisfacción instintiva. 
   La aceptación, quizá, era el reto de mayor frialdad de la completa existencia. Y ese joven, desde niño, había visto e interiorizado la vida con la precisión y la astucia de un mago.

   -Que el destino os sonría la próxima vez-dijo Norman en un susurro sincero.

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