miércoles, 22 de febrero de 2017

Saltando desde las sombras.

Jack extendió el brazo sobre el lomo del automóvil, observando el final de la avenida con la mirada envuelta por un sopor que aún abrazaba sus pensamientos. Los rayos del mediodía se reflejaban en sus dulces ojos color avellana, más brillantes y resistentes que el hirviente fuego del sol, y el calor que descendía desde los cielos neoyorquinos acariciaba su piel nívea como si deseara enfocar sus sentidos en la paz que impregnaba el oxígeno.
Sus labios se abrieron para dejar escapar un suspiro templado, el cual, lejos de los ruidos sordos de las balas y de las llamadas de socorro cruzando las líneas de los walkies policiales, contenía un alivio singularmente esperanzador. La línea de la ley había estado a punto de difuminarse ante sus pupilas, pero esa vieja ilusión de justicia, esa voluntad de hierro que se había atrevido a crecer en su pecho durante años, acababa de convertirse en la salida de emergencia ante un incendio moral colectivo.
El agente del departamento de protección civil posó la mirada sobre el joven mientras analizaba cada poro de su rostro lleno de vitalidad.
—Tyler y tú habéis puesto en peligro a nuestro equipo y a los rehenes que esos criminales tenían apresados. Os habéis saltado las reglas a la ligera y nos habéis desobedecido—se colocó la mano en la cabeza y la hizo caer hasta la frente con una serenidad forzada, empleando una entereza que llevaba largos minutos intentando aclarar su conciencia—.No vais a libraros de un buen castigo, hijo.
Acto seguido una pausa ralentizó el tiempo dentro del coche, y las respiraciones de ambos se coordinaron dentro de una burbuja de aceptación y digestión emocional.
—Siento mucho lo ocurrido. Ty y yo deberíamos habernos quedado en la base, esperando vuestras órdenes—declaró Jack.
Su tutor bajó los párpados y dejó que la situación hablara por sí misma, cediéndole la orientación del diálogo, por una única ocasión en su vida, a la fuerza de los sentimientos.
—Sin embargo, he de reconocer que estaba equivocado contigo, Jackie. Después de que esos tipos escaparan de nuestros guardias, has sabido tomar el control de la situación y devolver la perspectiva al equipo. Has reconducido los acontecimientos con la energía de un héroe y el coraje de un verdadero defensor de la humanidad—una leve sonrisa se dibujó en sobre sus dientes, que quedaron cubiertos por el gesto de afabilidad, caído sobre aquel segundo con la frescura nutritiva de una lluvia en mitad de un terreno desértico—.Enhorabuena, policía Knight.
En ese instante, los latidos del joven se intensificaron hasta cubrir cualquier tipo de duda que en el pasado hubiera resquebrajado sus decisiones, haciéndole recordar sus incontables esfuerzos por solidificar su pasión consagrada al salvamento de las personas. Aquella era la primera vez que el reconocimiento de su padre pronunciaba una estimación tan certera y franca, y su reacción le hizo sentir que los pasos dados hasta ese día no los podría haber comprado ningún otro destino en el mundo, por muy noble que este fuera.
Su boca se ensanchó lo suficiente como para que un rastro de orgullo tiñera el movimiento de sus músculos, y una bondad de atractivo natural y etéreo, recorrió su cara con la amabilidad de la ternura.
—Gracias por ver en mí lo que siempre he querido demostrarte.
El hombre agachó unos milímetros la barbilla, asintiendo de un modo cauteloso aunque firme a la vez que un débil rastro de compunción se apoderaba de su estoicidad motora y espiritual.
—Perdóname si en algún momento he creído que solo buscabas conseguir una placa. No me había parado a pensar cuánto podías desear esto. Esta rutina cargada de amenazas, ilegalidades, riesgos e incluso muertes—dijo honestamente, tocándose el uniforme—.Supongo que traté de evitar que escogieras la misma senda que yo, plagada de memorias tóxicas e imborrables, de cosas que hubiera implorado por no conocer nunca. No obstante, nada te va a detener a la hora de ser auténtico. A la hora de ser tú. Siempre he intuido de corazón que tienes honor de sobra. Y hoy… lo he comprobado en mis huesos, chico—alzó el mentón y se giró hacia la izquierda, dedicándole un gesto de satisfacción al otro adolescente, que se encontraba apoyado sobre el Land Rover del segundo oficial, esperando el veredicto final de su también figura paterna—.El hijo de John y tú merecéis un camino propio. Una oportunidad que os permita cumplir vuestro sueño.
Una deliciosa fortaleza apareció en el semblante de Jack, y levantó la mano para colmar de ánimo a su amigo, el cual se batía en un duelo con su mentor en medio de un campo de batalla visual.
Entonces, mientras las palabras fluían y un par de miradas latentes y sinceras se alternaban en los rostros de ambos, una luz ardiente prendió en el fondo de los ojos marinos de Tyler con una alegría retornada del baúl de las posibilidades perdidas.
—Ha sido una jornada difícil, pero sé que los dos han aprendido mucho acerca del otro. Sea lo que sea lo que hayamos logrado, ellos se han llevado el mejor premio—sus pupilas refulgieron con un destello de dignidad envuelto en una mirada cortés y afectuosa que simbolizaba un respeto casi fraternal—.La reconciliación.
—Parece que rendir cuentas era el deber que tenían pendiente. Salvarse a sí mismos de los errores que les perseguían—colocó la muñeca encima del hombro del chico, acompañándola con un ademán de transparente armonía—.Me alegro de que este incidente haya servido para algo más que para coger a esos bandidos armados.
Jack sonrió con una maravillosa sensación de triunfo invadiendo su cuerpo, rememorando las miles de veces en que las dos familias, pese a las diferencias y a los problemas de cada una, se habían apoyado desde la infancia de él y de Ty.

—Exacto. El mayor trofeo es hallar el propio rumbo. Y la mejor meta, seguir las órdenes del corazón en consonancia con aquellos que creen en ti.


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