sábado, 16 de septiembre de 2017

IT (2017): CRÍTICA.

   Una exquisita pesadilla. Una explosión de los temores subterráneos del inconsciente. Una entrañable mirada hacia la naturaleza de la infancia y la esperanza. Esa es la esencia que reúne la historia de IT, desde la primera página de la aclamada novela de Stephen King hasta el último segundo de la nueva adaptación cinematográfica dirigida por Andy Muschietti. ¿Estamos ante la mejor versión de la legendaria obra maestra del payaso bailarín? La respuesta es, a pesar de las sorpresas que se intercalan entre la pantalla y las hojas del libro, un rotundo sí.
   La historia, lanzada al mercado literario en 1986, se ha mantenido viva durante todo este tiempo gracias a la complejidad de los personajes y a la magnífica narración a través de la cual el autor nos sitúa en un universo donde los miedos son la fuente de energía que mueve los engranajes de la oscuridad. La atmósfera de emociones ahonda con olas intermitentes de frío y cálido realismo en las relaciones humanas, cruzando los límites de la fantasía y disfrazando las luces y las sombras mientras expone una verdad eterna: la de cómo el poder del amor y de la fe en los demás son las armas más letales contra el pánico y el dolor. Y en ello reside su gran éxito.
   Adentrándose en este halo de transparencias mágicas, en el cual el espectador, al igual que el lector, se ve envuelto y reflejado en la psicología de cada uno de los siete protagonistas y en su forma de enfrentar y comprender sus miedos, la opacidad del mal, encarnado en las múltiples y viscerales caras de una criatura hambrienta de carne infantil que despierta cada 27 años, es la figura prodigiosa que ensalza la tenebrosidad de la vida hasta difuminar la línea que la yuxtapone a la muerte. ¿En qué medida la valentía de un grupo de muchachos puede derrotar a este ente maligno, más viejo que la Tierra y no menos sediento de sangre que un monstruo nocturno? Si esta es la pregunta que el público se plantea al conocer la trama, las cuestiones que subyacen en la mente a lo largo de la película profundizan en el escenario quimérico del terror, donde nuestros propios horrores son los encargados de convertirse en los más fieles compañeros de cama.

   En cuanto a la producción, cada fotograma está cuidado al máximo. La ciudad de Maine, enterrada bajo el sueño maldito y hundida en las gotas de lluvia infinita sobre sus calles dominadas por el diabólico infortunio de la supervivencia, respira al igual que un ser vivo, insomne dentro de su propia pesadilla circular. La perfección persigue el guión (pese a diferenciarse del final de esta etapa en la novela) sin desviarse de las características intrínsecas de la historia y sosteniendo el alma de los personajes, componiendo así un pilar consistente de suspense y desasosiego. La música acompaña de manera muy acertada las escenas, sumergiéndolas en lagunas de siniestra ansiedad que provocan una continua sensación de ahogo e incomodidad moral, y, aunque a veces anticipa los sobresaltos, envuelve las secuencias como si fuera la melodía de un torrente espectral, ajustándose a los sustos necesarios y transformando la vista del espectador en un laberíntico remolino de fantasmas. La adaptación de los diálogos es fluida y precisa, y llama la atención el elocuente modo en que fusionan varios pasajes del libro con distintas partes de la película que no aparecen en la literatura, porque, lejos de distanciarse del corazón de Derry y de sus habitantes, recrean con perspicacia y ternura unos momentos que habrían encajado con mucha facilidad en la obra original. ¿Y los actores? Son el espíritu de IT, un gran elenco de artistas que muestran una química certera (en mi opinión, antes inerte en la versión de Tommy Lee Jones) que nos presenta a los personajes, tanto a los secundarios como al resto, mediante una inolvidable encarnación de los mismos. 


   Los Perdedores crean unos lazos entre ellos que simbolizan una magnífica representación de la amistad, un destello de cariño y honestidad que supera la fantasía para abarcar la realidad con un sabor delicioso, enfatizando los sentimientos de los niños con una naturalidad sublime que oscila entre lo cómico y lo dramático, llevándonos de vuelta a una edad donde en el corazón solo hay espacio para las cosas importantes. 
   Chosen Jacobs, aunque su número de líneas en la película se ha reducido frente al libro, realiza un trabajo maravilloso al introducirse en Mike como si este fuera una segunda piel. Le transmite valor y una fuerte esencia de superación que concuerda con la dedicación y el coraje de Hanlon para ayudar a sus amigos, haciéndonos recordar cuán sincero y leal es el futuro investigador del grupo. 
   Finn Wolfhard es la guinda del pastel. Si alguien puede dar vida a Bocasucia, ese es él. Sus frases llenan las escenas con la teatralidad y diversión características de Richie y, además de saber adentrarse en Tozier con una valentía extrema, provocando que las carcajadas salgan de lo más profundo de nuestro pecho, su fuerza también está presente en los momentos de crítica mortalidad de la esperanza, manteniéndose siempre unido a aquellos que quiere por encima de cualquier obstáculo.
   Jaeden nos brinda una imagen celestial del líder. Bill; el chico herido, el hermano sobre quien recae la desesperación y la culpabilidad, la figura cargada de majestuosidad e inteligencia, con un ánima de acero que le hace vulnerable pero no débil... Lieberher da lo mejor de él, dotando a Denbrough de melancolía e intrepidez en medio de una interpretación de oro.
   Sophia Lillis le tiende la mano a Beverly y comprende quién es desde lo más profundo de su persona, lo cual se ve reflejado en su interpretación. El miedo, la impotencia, la rabia, el valor y la necesidad de pertenecer a algo real, a la calidez de una familia compuesta por niños rotos, capaces de apreciar el significado del amor, son puestos en escena con una brillante actuación que hiela los ojos y el alma.
   Jeremy Ray nos enseña la cara tierna de Ben. Aporta una sensibilidad bellísima a Hanscom, y nos hace creer en sus habilidades poéticas, en su sentido cooperativo y en su capacidad para dar la vida por sus compañeros, logrando establecer una empatía preciosa con el público.
   Jack Grazen proyecta generosamente el carácter atrevido y a la vez asustadizo de Eddie, añadiéndole un toque de humor y audacia. El pequeño del grupo, obsesionado con los detalles enfermizos y temeroso de las fantasías más irreales, demuestra que sus miedos sacan la parte valerosa que existe en su interior, y que la confianza en sí mismo proviene del poder que han forjado entre los siete.
   Y Wyatt Oleff nos transporta a la mente de Stanley Uris con delicadeza y elegancia: un chico que ve cómo los límites del peligro están escritos en el mundo, que entiende la corrección y la pulcritud a modo de vida, pero que desafía sus propias creencias para luchar por un bien mayor; por los Perdedores.
   Además, Jackson Robert Scott, que interpreta al desaparecido Georgie, combina con facilidad y dulzura las apariciones en la pantalla; por un lado, dejándonos conocer al hijo menor de los Denbrough, y por otro, enseñándonos la maliciosa cara de las sombras mientras juega con nuestra compasión de forma perversa. También Nicholas Hamilton nos deja una buena representación de Bowers. En sus gestos se lee la dureza y la animadversión hacia los niños, la brutalidad de un espíritu insano que ha sido manipulado por el odio, y, aparte, envuelve a Henry con una vulnerabilidad que es verídica en su punto más profundo, nacida del miedo a la desaprobación parental y la invisibilidad.


    No obstante... ¡Beep, beep! ¿Quién se esconde tras la diabólica máscara del monstruo que aterroriza Derry? 
   Bill Skarsgard, el diamante en bruto nacido en Europa. El actor sueco, estrella de la famosa serie sobrenatural de Netflix titulada Hemlock Grove, salta de nuevo al universo cinematográfico con un personaje que seguirá vivo durante lo que, después de visualizar el film, serán larguísimos años. Bajo el maquillaje y las prendas del asesino más colorido y juguetón del mundo de King, convierte cada segundo de su interpretación en una ensoñación infernal, hundiendo las emociones del público en un lago helado de aguas turbulentas donde los más oscuros temores, tomando la forma de vampiros sedientos de inocencia, se alimentan de la debilidad mental y de los miedos. Bill invita al espectador, empleando todas las tácticas demoníacas posibles, a ser poseído por sus facciones gélidas y siniestras, tétricamente pertubadoras y horripilantes (al mismo tiempo que dotadas de una esencia dulce y maliciosa que resalta la egoísta y traviesa personalidad innata del ser), arrastrándolo a un tornado de horrores en la ciudad donde se nutre del mal. Con su actuación, transforma las escenas en un circo de sangre que baña la historia con la risa histérica del ente llamado Pennywise, y promete dejar un legado de adoración artística más allá del tiempo, ensalzando la mítica figura de Tim Curry pese a crear, a su vez, una imagen fresca y enloquecida de la criatura de las cloacas.
   En conclusión, tanto los fans de IT como los nuevos visionarios, disfrutarán de esta primera parte de la adaptación. El trabajo es una pieza única, paralizante, sombría y sensible, que integra una fotografía, una dramatización, una banda sonora y una dirección que apuesta por la calidad en el cine de terror y fuera de él.
   Gracias a todo el equipo por hacernos flotar en nuestras peores pesadillas. 



sábado, 9 de septiembre de 2017

Glóbulos rojos.

El muchacho juntó los labios y besó el vientre del niño con las pupilas transformadas en dos universos de veleidosa y sombría voracidad.
El aire descendió hacia los pulmones de la criatura provocando un estallido de frialdad dentro de sus vasos sanguíneos, ocasionándole un temblor a lo largo de su musculatura. Las partículas de oxígeno, bañadas en la álgida y oscura humedad que sumergía la medianoche en una enorme burbuja de fiebre, acariciaron las paredes de sus órganos con el tacto del éxtasis, y de su boca emanó una sicalíptica exhalación prendida por un fuego invisible cuya llama crepitaba sobre el silencio arrebatándole el poder del eco que la nada susurraba.
En ese instante, el joven se separó del cadáver y colocó las manos en el césped, recorriéndolo con los párpados bajados mientras su aliento se aceleraba con cada segundo que sus sentidos eran estimulados por el aroma visceral de esa vida extraordinaria que rodeaba todas las esquinas del pueblo.
Podía sentir el latido de la tierra dentro de su cuerpo.
El pálpito de los corazones que, allí fuera, en la calígine del mundo nocturno, se contraían para hacer fluir el carnosamente suculento y nutritivo aliento de la existencia al resto de organismos que luchaban por subsistir.
Incluso percibía la presión del plasma escarlata danzando en el interior de su cabeza al ritmo de una sinfonía diabólica de apetitosos pasos en dirección al síncope del placer.
Él dejó caer los dedos sobre su rostro pálido y sibilino, del color frío de los cráteres lunares, y un escalofrío producido por el deleite golpeó su pecho al experimentar el cálido contacto de sus yemas, rociadas por un tono rojo brillante, contra sus gélidos pómulos de hierro, embebidos en una lunática atracción que hundía sus raíces eróticas en un halo de peligrosidad extraña y mortal.
El pulso del ser se elevó hasta que el perfume del alimento que corría a través de su garganta alcanzó las profundidades donde se originaba su apetito insondable, y sus iris se agrandaron con la extravagante e ilícita singularidad de un mar de titánicas aguas sempiternas, convirtiendo sus ojos en zafiros encendidos con el esplendor de la energía vital.
Ante ese minuto de gloria, una sacudida de fuerza fantasmal y voluptuosa explotó en el fuero de su espíritu, incendiando un deseo creado por las penitentes células que la oscuridad había depositado en él, eclipsando las conexiones entre la indolencia y la crueldad, y evaporando en un suspiro de lóbrega efervescencia las dolencias de su método de depredación.
Respiró el olor de la carne recién mutilada, que aún desprendía moléculas odoríferas al viento de la madrugada, envolviéndolo con el dulce y estuoso hedor de la muerte humana, y sus facciones se vieron abrazadas por la sed de savia que mantenía activo el círculo de la resurrección.
Ansiaba la liberación de cualquier piel que cubriera su identidad, de toda fuerza que detuviera sus instintos. Porque, frente a la supervivencia, su alma rogaba una gota más de sangre que saciara su monstruosa e impúdica avidez como hijo de la penumbra y devorador de hombres.


martes, 5 de septiembre de 2017

Relámpagos.

   Sus pupilas permanecieron fijas sobre la pared del cuarto, tan inmóviles como si una gravedad propia las anclara al océano más profundo de la oscuridad de su ser, allí donde la expiación no conseguida gozaba de total libertad para revivir mîseramente la violencia de aquello imposible de evaporar.
   Elevó la cabeza, sintiendo la luz procedente de la bóveda celeste acariciar las raíces finas de su rostro, y deseó que los astros borraran las huellas invisibles de la culpa que se arrastraba en una espiral apocalíptica dentro de sus poros. 
    Ahora que las consecuencias caían sobre todos, ¿podría un testimonio salvar la ultima gota de benevolencia que se había escurrido en el arroyo de los daños, en ese mar de ausencias y dolor que se había extendido poco a poco gracias a la falta de perspectiva y al egoísmo de cada uno de los que hoy respiraban sin atreverse a mirar atrás? ¿Cuál era el precio que debían pagar ante sus actos si, después de escuchar la verdad, se negaban a aceptar aquel aspecto no menos monstruoso que humano que vivía en su interior, tan cierto como la serena simpatía que también lo acompañaba?
   Foley se dejó caer en la esquina de la habitación, rodeado por la negrura que abrazaba los muebles y las sombras que provenían de sus pensamientos, y esperó a que el cansancio domara la actividad de su subconciencia. Entonces, acunado por la silenciosa somnolencia de la noche, cuyo eco escondía un ínfimo rayo de calidez que la quietud hueca y carente de límites de su cerebro cual veneno auto segregado para castigar su insensibilidad, no volvería a poseer, se imaginó despertando a millas de allí, a kilómetros de él mismo, en un lugar alejado de la crueldad que habitaba en sus propias células… 
   ¿Aún continuaba abierta alguna puerta que condujera a la redención, que aplacara los actos con una justicia tardía? No. Nadie iba a devolver el cuerpo de ese alumno a la vida. Pero quizá debía prohibirse nadar hacia el pozo de las quimeras que se alimentaban de su desesperanza; porque volver a oxigenar su conciencia y devolverle a ella, a la única chica ante quien desde los sucesos documentados por la policía su pulso aumentaba con la presión más dulce y profunda que había sentido jamás, implicaba luchar y plantar cara al pasado reciente, en el que la imagen distorsionada y fragmentada de su persona le devolvía la caricatura de un fantasma cegado por la frialdad de la jactancia.
   Se secó las lágrima de los ojos añiles, inundados por el brillo de la tristeza y de la impotencia, y el peso del tiempo cayó encima de sus hombros en cuanto una nueva bocanada de aire llegó a su pecho. Los latidos le recordaban segundo tras segundo la oportunidad que había dejado pasar, la opción de pedir auxilio que se había negado a contemplar a causa del miedo que se adhería a sus huesos y que había le había provocado temblores hasta en la última de sus terminaciones nerviosas, ocasionando que el miedo y la vergüenza se apoderaran de él férreamente. ¿Cómo delatar a alguien que llevaba a su lado desde antes de nacer, cuando sus familias ya se conocían? ¿De qué forma comprender que la compañera a quien más quería en el mundo había sufrido una violación a manos de su mejor amigo, y que él no se había atrevido a revelar los hechos a los agentes de seguridad solo porque su valor pesaba menos que su pánico?
   Entrecerró los párpados y giró el pomo de la puerta, dispuesto a abandonar aquel espantoso piso al que ni siquiera podía llamar hogar.
   Era un cobarde. Había dejado que los rumores devoraran los sucesos. Había permitido que las bocas de los demás se quedaran cerradas, mudas debido al temor y al recelo frente a ellos mismos, y enfermas por el desasosiego. Había colaborado en la criminalización secreta de un suicidio y había encubierto a demasiados testigos que ahora se hallaban aterrorizados por el perfil imperfecto de su identidad individual, la cual todos se negaban a gritar.
   Pero iba a hablar. Y una vez que las palabras salieran de sus labios, el cambio se avecinaría. Y la sangre llovería de nuevo. En esta ocasión, para bañar con luz las tinieblas de la muerte.

martes, 29 de agosto de 2017

VORÁGINE.

William dio un paso hacia la negrura, adentrándose en una nebulosa de reflejos opacos y formas fantasmales que parecía crecer con cada segundo, forzándole a escurrirse en la vicisitud del hilo temporal que, los monstruosos dedos de aquella tenebrosidad, luchaban por controlar. Mientras un hedor putrefacto y visceral invadía sus fosas nasales, acorralándolo es una atmósfera de presión ascendente, la noche caía encima de su cabeza con un silencio estruendoso, envuelto en una calma antinatural y repleta de abismos cuyos bordes se transformaban en afilados sonidos capaces de taladrar el subconsciente. La oscuridad se adhería a su piel con frivolidad fervientemente maliciosa, convirtiendo el tacto cálido e inicial en un calambre de perversidad que amenazaba con perforar los límites de su carne para desintegrar sus fuerzas y derrotar la certeza de esa promesa que, años atrás, había supuesto el renacer de una resistencia a la madre de todas las criaturas durmientes bajo la Tierra.
El chico trató de sacudir las piernas y las manos, intentando zafarse de las garras que el ente proyectaba a su alrededor, pero el magnetismo que atraía sus extremidades al centro de la tierra le obligaba a mantener sus músculos paralizados, haciéndole ralentizar sus movimientos hasta casi desactivarlos mediante una corriente de electricidad cargada de perfidia. En ella, cientos de deseos desalmados cuya henchura no podía perfilar dentro de su joven cerebro debido al inmensurable e infinito horror que palpitaba en el interior de cada turbulenta fantasía, imposible de tomar ningún tipo de apariencia en las entrañas neuronales de un humano, ocultaba el propósito de inmovilizar para siempre el flujo de sangre de aquel muchacho.
El desafío de un ser inferior no era permitido allí, en la sordidez depredadora de su morada entre el cielo y el suelo, donde el fulgor de la iniquidad defendía su trono.
Las zarpas del ente se abalanzaron sobre su presa empleando toda virtud de malignidad y, justo cuando iban a hundirse en el cuerpo del niño, un grito de júbilo, disfrazado con un atuendo de ruidos agudos y punzantes, saciado de vida propia, emergió de su garganta y penetró en los sentidos del engendro, transformándose en una ligera caricia llena de ecos joviales que rayaban en risas carentes del líquido requerido para la supervivencia de la oscuridad: el horror.

Un chillido de suplicio emanó de la misma nube sombría, evaporándola en un soplo de siniestra embriaguez, y un minuto después, los latidos regresaron libremente al pecho de William, devolviendo a su respiración  el privilegio de existir bajo esa cúpula de astros que el mundo disponía ante sus ojos vírgenes de cortedad.


miércoles, 23 de agosto de 2017

Forastero.

   Una puerta más que cruzar en mitad de la nada. Esa es la historia. Esa es la gravedad que atrae nuestros pies a la espectral tierra donde habitamos bajo máscaras de miedos opacos. Tan fríos, tan ardientes en su propósito de desvelar quiénes somos, que silencian hasta el temblor de la esperanza, convirtiéndola en un arma de doble filo capaz de brindar o arrebatar el valor de aceptar la propia sombra.
   Sí, requiere coraje el dar un paso hacia la verdad. Hacia la realidad en la que queremos despertar. Pero los segundos continúan deslizándose en la fugacidad de la noche, ajenos a los caminos que yacen en la oscuridad, lejos de los anhelos que, como fuegos fatuos, iluminan algunas almas cuyos sueños no se apagan a causa del fantasmagórico paso del tiempo. Y mientras tanto, las estrellas siguen naciendo y explosionando a millones de kilómetros en el extremo opuesto del cosmos, creando la composición imperfecta que nos salvaguarda del vacío en este suelo.
   Me acuesto sobre el césped aún húmedo, rociado con gotas que simulan lágrimas de los astros, y despejo mi cabeza más allá de las experiencias. No importa ninguna otra cosa que no sea el presente. Las pupilas difuminan el mapa de la vida cuando se mira a través de ellas afrontando lo que visualizan. Entonces, al observar y comprender la transparencia de las cosas, una niebla gélida, bañada en claridad, se instala en el cerebro remodelando las reglas, reinventando las opciones, y evaporando la relevancia de la mundanidad que viste cada detalle. Así, de forma inequívoca, vemos la trascendencia insustituible de las cosas sencillas. De la fuerza de los lazos que unen a las personas, de la belleza que duerme en el universo y del hogar donde se siente calor en el alma.
   El viento silba en mis oídos melodías que provocan un sopor hipnótico, impregnadas con el dulzor de una anestesia que proviene de la naturaleza enterrada en las profundidades del bosque, a las afueras de la ciudad. Allí, una luz diferente descontamina el cielo durante la madrugada, despojándolo del reflejo de las atrocidades que asolan el corazón y la mente del hombre, y envuelve la noche con la pacífica sabiduría que descansa en la esencia de los espíritus, cualquiera que sea la forma que estos hayan tomado.
  Despego los párpados y, entre las ramas de los árboles, contemplo cómo la bóveda celeste respira en medio de una atmósfera de paz surrealista, casi extinta a estas alturas de la era contemporánea. Tumbada en la negrura, la luna adquiere la apariencia de un ser vivo que deseara llenar sus pulmones de aire limpio, libre de la toxicidad de las raíces humanas. Las que, aquí y en cualquier lugar del mundo, nos devolverán siempre a la vicisitud de nuestras ánimas. Y su fulgor sincero traspasa la vegetación hasta abrazar por completo el hemisferio terrestre, cubriéndolo con una magnificencia estelar.
   Es en ese momento de gloria, rodeado por una soledad que susurra sinfonías nirvánicas, cuando sé que nunca abandonaré lo que soy.

miércoles, 9 de agosto de 2017

Meteora.

   Hoy el amanecer es una sombra en el horizonte violáceo. Tu luz se ha apagado en esta Tierra. El grito de tu alma se ha convertido en un silencio de plomo entre los que aún respiramos, y solo en la infinitud de la galaxia, aún late el eco de tu voz.
   El viento escucha tu ausencia con la cautela de un huérfano sin guía. Las nubes, añorando las melodías con las que iluminaste el universo, han enmudecido sus truenos, buscando el coraje entre efímeras ilusiones de vapor, y el sol contempla el alba con los rayos incendiados por la consternación de la desesperanza.
   De algún modo, sigues aquí.
   Te hallas escondido en los susurros del aire, en el fulgor eterno de los astros, en la calma que posee la oscuridad de la noche. Partiste hacia un lugar donde lograr que el sonido de tu propio dolor se desvaneciera, donde impedir que los demonios de tu sangre asesinaran una vez más tus sueños. Y, quizá, esa libertad ansiada, sea el deseo último para poder inhalar oxígeno sin morir por dentro.
   Ahora siento cómo la tristeza fluye a través de mis células al igual que un rayo de electricidad, ayudándome a recordar que todo fluye a un ritmo que no se comprende en esta dimensión ni en ninguna otra, sino en el momento en que el corazón acepta los millones de significados de vivir.
   Hoy y siempre, el mar sereno de mis pupilas te añora.


jueves, 27 de julio de 2017

Dunkirk: Crítica.

   Nolan vuelve a ganarse el sobresaliente.
   Esta vez, el director enmarca por tierra, mar y aire la esencia de la confrontación humana y de los límites de la supervivencia, alentándonos a recordar la fragilidad y la resistencia que por igual alimentan la esperanza incluso en los instantes más duros que nuestra raza pueda soportar.
   Valiéndose de la fuerza, el desasosiego y el dolor que las composiciones de Hans Zimmer subrayan en cada escena, con un estilo minucioso y de perfección lograda en todos los campos de producción y realización, consiguiendo que cada fotograma tenga vida propia, nos sumerge en la realidad de una batalla que perfila la frialdad esclarecedora de nuestra condición como especie. Trae de vuelta desde una época lejana el latido de la guerra, y lo superpone en una historia que entra en el alma a través de todos los sentidos, forrándola con valentía y determinación y haciéndonos volar a la experiencia misma de respirar el humo de las explosiones; incluso a sentir la gelidez del agua helándonos los pulmones.
   Además, sin duda alguna, el reparto ha sido escogido con esmero, priorizando la calidad artística y expresiva. Las caras conocidas realizan su trabajo con una precisión increíblemente desgarradora, dejándose la piel en un guión que rechaza centrarse en el aspecto mundanal de los diálogos vacíos para poner el corazón en las palabras vívidas, concisas y certeras, y las interpretaciones de los nuevos actores barren la superficialidad para ofrecer al espectador una imagen de sus perfiles amplia y melancólica, a veces de verdadera consternación y oscuridad, dotando a la película de un significado y una profundidad más allá de lo concebible a primera vista.
   Por lo tanto, aun teniendo en cuenta el ensalzamiento que Nolan ha querido demostrar a su tierra natal, el cual puede ser mejor o peor aceptado según políticas aparte, cuando se enciendan las luces del cine, una cosa quedará grabada en la memoria del público: Dunkirk nos muestra la crudeza del hombre en su forma de mayor horror y desesperación. No es solo el reflejo del pasado, si no que traza un camino que nos habla de que el enemigo está dentro de nosotros y no en el símbolo de ninguna bandera.
   Oda a los sentimientos y a la paz, Christopher.


miércoles, 19 de julio de 2017

ESTELA DE UN COMETA.

El viento mece sus pestañas aladas
   [Acariciando la nada de los sueños 
El sol se posa en su masculino rostro de marfil
   [Quemando los disfraces invisibles  
    [De la perfección que anhelaban respirar
    [En aquellos días cuando el frívolo aliento de sus gargantas
    [Vapor de plata condenado al calor de las mentiras
    [Congelado por el frío insidioso de la verdad
    [Del cazador siempre armado con la fiebre del deseo
    [Se disipaba ante los rayos del fúnebre siempre
Y su piel congelada al tacto
Humedecida en mares pretéritos hoy cubiertos por sal
    [La ganadora del incierto porvenir
    [La sanadora de las marcas rojas del alma
Arde con la temeridad del lobo
Ahuyentando a los reyes de la duda
Perpetuando el ritmo inmortal de la supervivencia. 

Unas voces gritan que perdió  contra el amor
Otras susurran que ganó un pulso a la muerte 
   [Mas en las tinieblas que brillan con el fulgor del olvido
   [Los recuerdos estallan como bombas suicidas
   [Dan a luz supernovas hambrientas de libertad
Pero solo quienes ya no son de carne y hueso 
Conocen el peso de sus sombras. 


sábado, 8 de julio de 2017

ESPIRAL.

Veo las cadenas caer al suelo
Los latidos del alma resucitan
   [Sumidos aún en una fría oscuridad
   [Donde el tiempo evapora la esperanza
   [Y arranca la voz a los sueños náufragos
   [A las promesas hundidas en el mar de los monstruos
Huyen de las fauces del caníbal
   [Que nos persigue tras la piel
   [Que se nutre con los miedos del crepúsculo de nuestra sangre
Y recuerda la frivolidad del ayer
   [Del maestro de la perfecta imperfección
Antes de volar hacia los confines del mundo
Al incesable cielo infernal del propio rumbo

Mas ha de ser la vicisitud de lo invisible
El eco inmortal y franco del trueno
Quien anuncie en la resurrección de la noche
El amanecer de la justicia eterna
El regreso de la luz bajo las antorchas
   [Esas que el valor enciende a medianoche
   [Cuando los vivos duermen y los fantasmas hablan
Quien sostenga nuestros corazones de plomo
Sobre el nido de sombras y esqueletos
Que trazan los espectros del mañana
Los amables guías que nos acompañarán al desfiladero del alba
   [Al más allá donde vivir o morir no es sino el mismo origen
   [De la infinitud de las ánimas del ser humano.

sábado, 17 de junio de 2017

Tempestad.

La lluvia agujerea el suelo con gotas de plomo. La claridad del día ha sido sustituida por una densa niebla que amenaza el cielo sirviéndose de un gélido aliento invernal, y el viento azota los árboles como si quisiera derribar sus troncos en medio de un campo de batalla en el cual compitiera la naturaleza.
Convierto la fotografía en una bola de papel y la aprieto contra mi pecho.
A pesar del frío que congela mis músculos, sé que mis huesos pueden continuar manteniéndome de pie. Esperando. Regresando al segundo en el que fuimos invencibles.
Los relámpagos comienzan a aparecer entre las nubes, iluminando la inmensa laguna que se extiende debajo de él. Devorando la oscuridad de esa tarde de noviembre. Despertando el hambre de los colosos estelares que manejan los engranajes de la suerte.
Tras correr durante quince minutos, el acantilado se presenta ante mis ojos. Igual que aquella primera vez, la niebla cubre su tierra con un humo espectral, cargado de fantasías e ilusiones. Sin embargo, hoy la frialdad que envuelve su atmósfera es una cúpula de recuerdos sedientos de renacer y abandonar el baúl de experiencias asesinadas por las voluntades humanas.
Sitúo la imagen frente a mí y prendo una de sus esquinas con un mechero.

Si algún día nos encontramos en el más allá, espero que el sabor de tus labios sea el antídoto para salir de este coma eterno al que llaman vida.



miércoles, 31 de mayo de 2017

13 Reasons Why: Crítica.

   Una ficción única. Desde el comienzo hasta los créditos, se presenta como una invitación a la reflexión y a la concienciación de la gravedad que ejercen las acciones de todos en el destino de todos. Es una travesía impregnada de dureza, dulzura y certeza que se ve acompañada por melodías escogidas perfecta y exquisitamente de acuerdo con la intensidad de las escenas y la psicología de los protagonistas. Y también disfruta de unas interpretaciones magníficas que simbolizan con magia y precisión a los personajes, a quienes han sabido sumergir en aguas de densa confusión donde las arenas movedizas de la culpabilidad y la desilusión les conducen al descubrimiento de su identidad… En medio de un mar de frías olas que les hacen impactar con sus errores y los del resto, provocándoles la salvación o la irreversible ausencia de su espíritu.
   No obstante, las preguntas saltan solas desde el lado contrario de la pantalla. ¿En qué punto las cosas se vuelven transparentes a los ojos de la humanidad? Las respuestas, entonces, nacen en nuestra cabeza a medida que avanzan los capítulos, y algunas se instalan en el ánima cual dudas de culto eterno.
   Por tanto, dirijo estas palabras al grupo de directores, actores y colaboradores del producto: gracias por haber depositado oxígeno en los pulmones de la esperanza, aunque haya sido a través del dolor. Por haber hecho temblar la perspectiva de la verdad. Por haber desafiado los límites del maniqueísmo extremista que asola la sociedad, donde el blanco y el negro juzgan los pensamientos y las acciones sin ahondar en la paleta de colores que tinta el mundo. Por haber hecho aparecer cuestiones en un número incontable de ánimas. Por haber iluminado la sangre de la violencia: la causa de la desconexión moral y empática que sufren millones de personas hoy en día y que tanto daño ha provocado en los últimos años.
   Sí, las experiencias relatadas en esta historia son distintas a las de cualquier persona. Basadas en una novela y adaptadas para una producción televisiva. Pero, en ellas, hay realidad más allá de cada secuencia. ¿Y por qué? La contestación es simple y compleja: en alguna milésima de segundo de la vida, todos somos Hannah. O Jessica. O Justin… Cualquiera de ellos; incluso de sus padres o de sus conocidos.  ¿La explicación? Nos une lo mismo que nos separa: el corazón. Nos atan y desatan las circunstancias y los sentimientos. Nos persiguen las mismas pesadillas y nos dan alas los mismos sueños. Por ese motivo, los sucesos nos afectan a cada uno de manera diferente y, pese a ello, construimos nuestro presente en base al pasado, y en él siempre se entierran ángeles y demonios que se han desatado en el pecho a lo largo del  tiempo, incubados por los temores, la valentía, el desazón, la amistad o el amor según interaccionamos con los demás. Y teniendo en cuenta la adversidad de este caótico universo, donde no sobran las desilusiones pero tampoco falta el coraje, resulta honesto empatizar con los detalles y la profundidad de las cosas. Ese es el secreto: continúa siendo esencial acariciar el respeto entre jóvenes y adultos, así como analizar el maltrato y la deshumanización que está consumiendo el planeta en cientos de contextos. Ahondar en la confianza y en la conciencia antes de que esta se contamine con el veneno de la desesperación, ver y ayudar a otros a contemplar con la mayor pureza posible las consecuencias, los caminos, los problemas y las opciones, de modo que sea factible sentir las emociones ajenas y calzar los zapatos de los demás, ya sean mayores o menores que nosotros. Por esa razón, debemos conectar las almas rotas que vagan en el silencio y recordar que siempre quedan fuerzas en una voz para alzarse bajo la luz o la oscuridad. Solo así prevendremos próximos defectos secundarios causados por la aflicción.
   Porque, antes de volar, hay que aprender a sostenerse en el viento sin miedo.
   Porque sanar significa aceptar(se).
   Porque todos importamos.
   Y porque solo mediante la comprensión y el cariño, podremos convertir este lugar terriblemente bello y oscuro a la vez, en un sitio donde seamos humanos polícromos sin pánico a la soledad y al peso del rechazo, capaces de apreciar y observar de manera transversal lo que somos.

                                

viernes, 26 de mayo de 2017

El alba de los espíritus.

   Las dos figuras se miraron mientras sus cuerpos se erguían con fervor bajo la sombra del anochecer, ambas acariciadas por la luz rojiza de las antorchas. La oscuridad que proyectaban sus auras abrazaba el viento con una impasibilidad que helaba el castillo, consumiendo los destellos de vida que aún se resistían a desaparecer, y prendía de rabia el fuego que capitaneaba la destrucción de las tierras, envenenando el ciclo de la reencarnación y la redención religiosa del lugar con el olor ácido del rencor, el cual perfumaba callejones, aposentos y tabernas.
   Ahora que las últimas torres caían con el eco de la coacción y el áspero sonido del miedo, la mujer y el hombre se contemplaban mediante una capa de transparencia por primera vez. Las pupilas de la pareja se analizaron recíprocamente en medio de una espiral dinamizada por las memorias heridas, expuestas al escozor del tiempo. Los recuerdos sangraban y coloreaban con trazos de aversión las paredes de sus espíritus, que habían perdido su libertad física y se habían transformado en un aliento eterno de odio encendido gracias a las llamas carnívoras de la codicia. 
   ¿Cuánto habían estado dispuestos a apostar para ganar el silencio de los habitantes y los soldados que sollozaban y aullaban de terror en el valle?
   Toda la voracidad que llevaba crepitando en el interior de sus negros corazones desde que habían separado los párpados al nacer, se cernía sobre el pueblo como si el ejército del diablo hubiera despertado en el mundo real para hundirlos en un baño de fluidos con sabor a muerte. Y, en aquel momento, nada podía detener el haz impasible de la guerra, porque las cenizas de la batalla provenían del enemigo más próximo. De ellos mismos.
   El caballero levantó la cubierta del yelmo y la ínfima claridad que descendía de los cielos alumbró sus ojos inundados en resentimiento, cuyo fondo era un circulo sin fin que giraba impulsado por una sed de resarcimiento encarcelada en el mayor de los infiernos mentales: el de la venganza. Se mantuvo inmóvil, conservando una postura férrea que se extendía a partir de su alma ingrávida, frivolidazada por el humo tóxico de las mentiras que él mismo se había obligado a creer y crear, y aspiró oxigeno con un gesto neutral, forzándose a olvidar que la dureza de la experiencia le había arrebatado lo único que había apreciado, y que, si el horror había surgido en sus entrañas, había sido en respuesta a la debilidad de su ánima.
   El soberano de la nación soltó una bocanada de aire que parecía haber dormido en sus pulmones durante mil décadas, y agarró su espada con fiereza. La hermosa silueta de cabellos dorados que se hallaba ante él, sumida en una expresión de imparcial magnificencia y sin apenas mostrar un ápice de flaqueza frente a la gelidez de aquella pesadilla, fulminaba su rostro con el frío encallecido por la ira, pero ni siquiera ella era inocente en cuanto a la catástrofe que arruinaba su entorno y su historia. Ninguno de los dos era capaz de sentir algo al desembarcar en el océano en el que vagaban las intenciones del otro. El anillo que vestía sus dedos anulares, el cual en un inicio había simbolizado la unión de kilómetros de bosques y edificaciones, de unas familias pobres y otras tocadas por la bendición de la riqueza material, significaba ese día la desolación de sus sueños, que se habían nutrido de su hambre por el exterminio y la supremacía hasta tomar la forma de un espectro devastador de todas las dimensiones, reales o metafísicas, de esa región.
   La reina dio un paso hacia delante y la luz de la media luna incidió en sus facciones petrificadas a causa del hastío, dejando una parte de su piel de porcelana rociada por la tenebrosidad de la noche, ennegreciendo y evaporando así su imagen en una representación de su infinito ser, ambiguo y malicioso como la vileza que llueve de las cataratas y arrastra el agua con la fuerza salvaje de la dominancia. Al igual que el egoísmo innato e irracional del universo.
   Mientras tanto, las lágrimas de las víctimas y las voces ahogadas de los combatientes seguían absorbiendo los silbidos de los gorriones que empezaban a cantar ante la sábana de calidez que traía el alba, cuyo abrazo contaminaba el ambiente con la respiración de los antepasados. Y el más allá continuaba abierto bajo un chillido sordo de exasperación.
   En la cima de aquel monte, disfrazados por la gracia de un amanecer sin dueño, equivalentes en cada uno de sus átomos y corrompidos por la misma insaciabilidad, los reyes estaban condenados a luchar hasta que el silencio del vacío bombardeara sus oídos y salvara sus miserables vidas del cataclismo autoprovocado. 

   Del final del que, probablemente, nadie más escaparía.




viernes, 5 de mayo de 2017

Todas las razones importan.

   Es difícil estimar qué influencia tenemos en la vida de otras personas. Saber en qué medida nuestras acciones se entrelazan con las de los demás para cambiar el curso de los días. Adivinar dónde se encuentran esos puntos de inflexión que, antes o después, cruzamos a pesar de que nuestra voluntad no sea la de exceder los límites de la moralidad, resulta el mayor enigma del planeta. 
   Sin embargo, hay demasiados colores en el mundo como para ahogar nuestros corazones en las sombras del blanco y el negro, en el continuo camino del bien y del mal, que sólo simbolizan al ser humano si están presentes a la vez y agitan la existencia desde la opacidad de los sentimientos.
   ¿Siniestro? Quizás. Generalizar siempre conlleva riesgos. Implica aceptar verdades que no son pronunciadas en voz alta. Comprender aquello que mueve los pies de todos en el silencioso baile del destino que se forja según respiramos al mismo tiempo. Balancearse a expensas de confiar en un viento cuya naturaleza desconoces y que, de alguna manera, puede terminar originando un huracán.
   Sí, tal vez las cosas ya no vuelvan a ser igual que al principio, cuando aún permanecía intacta esa inocencia dispuesta a explorar las dimensiones de las cosas y sin apenas entender los giros que las circunstancias toman. Cuando las irregularidades de los senderos y la ambigüedad inserta en cada alma, aquí o en la distancia de la muerte, era una nebulosa cargada de tierna ingenuidad. 
   Esa fragilidad no regresará. Al igual que la tenebrosidad del ayer no se diluirá con el paso de los años.
   A pesar de ello, después de descubrir el sabor agridulce de uno mismo, de quienes te rodean y de las mentiras, ¿de qué modo avanzar? Entonces, la mejor opción, por no decir la única, es enfrentar el miedo y abrazar la catástrofe que bulle en nuestras venas mientras decidimos que la responsabilidad nace dentro de cada alma, aunque dependa de muchos seres humanos más.

   No obstante, si hoy me atrevo a escribir estas líneas, es porque deseo decir adiós a mis experiencias y a las conexiones que me unían a cualquiera de los que, inconscientemente o no, se vieron vinculados a mi historia. 
   ¿Mi consejo? Recordad que el universo es de una belleza inmensa, y que los actos de todos tienen el poder de transformar la hostilidad de la noche en el más hermoso de los amaneceres. Pero que también pueden convertir una delicada llama de esperanza o de pasión en el comienzo de un incendio capaz de arrasar hasta el futuro menos inestable.





martes, 25 de abril de 2017

Refugio.


El guerrero salió al exterior de la cabaña con el sigilo de un animal salvaje, empleando unos movimientos tan sutiles que era imposible que sus pies rasgaran el silencio y ahogaran el llanto que huía del corazón de la naturaleza.
Por primera vez desde que, años atrás, su mirada se había limpiado en el transcurso de una noche de lucha con las gotas derramadas por los seres ausentes, el agua empapaba la tierra de nuevo con la indomable fiereza de los cielos. Las lágrimas de los dioses se deslizaban través de riachuelos estrechos y débiles, tan ingrávidos como el material de las ilusiones que poblaban por igual los universos que se hallaban por encima y por debajo de las nubes, y el sonido de la nada aproximándose al pueblo, lejos de importunar su respiración, traía consigo el sosiego de los espíritus.
El joven alzó el mentón hacia el mortífero sol, del que solo se apreciaba una silueta blanquecina detrás de los estratos cargados de certezas plomizas como la pólvora, y la luz metálica que abrazaba los bosques cubrió también su rostro, en cuyas facciones duras y afiladas, la desavenencia había forjado la sombra del arrepentimiento y la fuerza de su voluntad había pulido las lúgubres memorias con coraje.
No obstante, durante ese eterno amanecer, al posar sus ojos avellana, en cuyo interior sollozaban cientos de sauces bañados en la sal de las desgracias, sobre las montañas del este, el chico sintió que el mundo giraba a una velocidad mayor de la que ninguna criatura jamás lograría comprender. La voz de los que habían abandonado aquel gélido lugar le susurraba que la historia se diluía en la arena de los caminos a un ritmo tan vertiginoso e incomprensible a la conciencia de cualquiera de las especies, que el tiempo siempre se estiraría un poco antes de dejarse alcanzar por la sabiduría de los caídos y de los victoriosos. Y que, frente a la posibilidad de ser atrapada por los fantasmas y las almas aún errantes en el universo de los vivos, la verdad andaría mil leguas más en el desconocido sendero de la gloria y de la derrota, distanciándose de los legados de los hombres.
Elevó las manos y permitió que el fuego extinto en sus entrañas recobrara el calor de la cuerda y transparente vesania anidada en su piel grisácea, imaginando un futuro que desprendía el ardor frío de la quietud hostil.

Cada día de su existencia recordaría que en el murmullo de la lluvia se escondían los gritos que el eco del universo había custodiado para aquellas ánimas aún dispuestas a oír la realidad sangrienta y efímera oculta en la esencia de los cuatro elementos. Y eso era suficiente en aras de seguir oxigenando sus pulmones, porque, todavía la violenta fragancia que emanaba de unos suelos formados en medio de la adversidad, podían despertar el valor de los héroes que estaban por nacer en el hogar de las luces y la oscuridad.



martes, 18 de abril de 2017

Caos intermitente.

   Miro a Mike y siento que también le pesa el alma.
   El pequeño de la familia se deja caer en el sofá y sus ojos nadan en la profundidad del tiempo, sumergidos fuera de la órbita del planeta al que tenemos los pies anclados. Está retraído en una fantasía paralela donde los monstruos que mastican su ansiedad no son de carne y hueso, y el caos intermitente de sus latidos susurra que allí sus huellas no siguen coloreadas con el rastro de los hombres a los que interrumpió la existencia.
   Tal vez, aún sea libre lejos de este piso infectado con los recuerdos de esas muertes.
    Aparto su brazo de mis hombros y me levanto a por el paquete de Camel que tantos años habíamos visto abrir a nuestro padre. La mejor herencia que nos dejó en medio de unas memorias rebosantes de alcohol y sustancias en polvo, a día de hoy es el tutor de mis etapas de desasosiego. El único vicio y virtud que quedó de su figura invisible.
   Le ofrezco un cigarro a mi hermano y sus manos se mueven sin que la conciencia asome a sus globos oculares, vacíos al igual que un océano transformado en desierto tras la devastación de la naturaleza.
   A estas alturas, la densidad de nuestros actos ha alcanzado el límite. Hemos desintegrado el último segundo que nos llevaría al cielo. A ese lugar en el que, bajo el silencio hipócrita de los Ángeles, se libran batallas más sangrientas que en el propio subsuelo.
   Me pregunto cuánto dolor necesita experimentar una persona para perderse.
   Si se pudiera medir el significado de la culpa, ¿podríamos morir por tener el corazón envenenado por las catástrofes internas?
   Regreso al balcón y poso las pupilas en la meseta que cubre el terreno, casi tan árida como nuestra fe.
    Una gravedad envilecida por el satánico carácter de la vida nos mantiene aquí, pero sé que ninguno de los dos nos encontramos en esta casa. Solo se trata de una pesadilla real de la que despertaremos cuando el sol no alumbre más los crímenes que se cometen a la luz de la honorable humanidad a la que pertenecemos.

   A veces la certeza se descubre a través de un camino repleto de abismos. Y al avanzar, el reflejo de tus pasos es lo único que te impulsa a andar en la niebla del pánico.
   Sin embargo, qué hacer ahora que la verdad aflora de las víctimas como un río de desgracias dispuesto a ahogarnos en las negras aguas de la desidia.
    Ahora que un suero rojo regurgitado por la bestia sedienta que vive dentro de nosotros amenaza con envenenar nuestros espíritus culpables.
   Ahora que el pasado, el minuto anterior a la partida de esos hombres, nos condenará eternamente ante los ojos de la ley.
   Los hechos recorren mi espina dorsal y me convierten en polvo con cada respiro. No estoy segura de que Mike sienta nada en medio de su confinamiento mental. Dentro de ese minúsculo infierno que ha creado a su medida para escapar del aire hostil de la razón.
   Me doy la vuelta y exhalo el humo con un gesto cansado.
   No importa que esos tipos hayan violado a quince jóvenes de un instituto privado. Ellos serán recordados con el eco millonario de sus apellidos. Y nosotros seremos los verdugos de la ira hasta que el paso de los meses borre la repercusión mediática.
   Bajo los párpados mientras el olor a verano llena mis pulmones.

   ¿Qué se esconde detrás de la oscuridad de la certidumbre?

jueves, 30 de marzo de 2017

Ácido.

   Su hermano aprovechó los minutos de receso para acercarse al estrado.
   El rostro de Jimmy permanecía sólido, endurecido debido a una sombría certeza que vestía sus facciones con un peso invisible, corroborando la carga de un alma que se esforzaba por recordar que el ilógico sentido giratorio del mundo era, en último término, tan comprensible y oscuro como la naturaleza humana.
   No obstante, dentro de sus pupilas ennegrecidas por la hambrienta impotencia, de aquel instrumento degollador de toda sensación de victoria, una fría calma acunaba su espíritu gracias a una concienciación vital cuyo fondo era impalpable desde el exterior.
   -Ya tendréis una segunda oportunidad. Una acusación distinta. Las cosas se han puesto difíciles hoy.
   El aludido le dedicó una mirada que se hallaba lejos de la resignación. En su semblante se leía un escozor de profundidad sórdida, casi tenebrosa, y, pese a ello, un gesto de audacia se asomaba a sus labios, los cuales esbozaban una sonrisa dispuesta a desafiar cualquier infortunio. A aplacar la gelidez de la realidad con la ardiente pasión de la vida.
   -Kenneth está comprado. Lo que digamos será insulso, porque el dinero del fiscal resuena en su bolsillo desde hace semanas.
   Norman se quedó pensativo. Había visto a ese joven dar cada segundo de sus días y de sus noches en aras de conseguir resoluciones para cientos de casos, algunos tan moralmente peligrosos que amenazarían la memoria pública y privada durante varios años, y otros que se deslizaban sobre la verdad a defender con la suavidad aceitosa de la mentira. Había presenciado su lucha constante en miles de situaciones duras que helaban las venas con el adverso comportamiento de las personas implicadas. De la conducta de los responsables de dictaminar la voz de la justicia, de los perpetradores o simples sospechosos, y de los cerebros prejuiciosos y las lenguas enfebrecidas que interpretaban según sus propias ideas los reportajes periodísticos de las absoluciones y condenas.
   Sin embargo, una fuerza envuelta en llamas, cargada con el ardor valiente y la lucidez de la sabiduría, se desprendía de los ojos de color jade de Jim, como si el cinismo de la existencia no fuera suficiente para acallar la belleza del caos y su posterior orden.
   Los interrogantes regresaron una vez más a su cabeza mientras intentaba establecer conexiones entre los hechos, anudados a la admiración que sentía por la capacidad analítica de su pariente. ¿Qué clase de ilusión mantenía en pie aquella voluntad de hierro del abogado?
   -Os han tendido una trampa, sí. El juez declarará a favor de esa hiena cobarde-elevó el mentón y hundió la mirada en el rostro que tenía delante, ensimismado en las consecuencias de ver la vida con ilusión o, como tantos preferían denominarla, fiebre maliciosa-.El universo no acaba aquí. Lo sabes mejor que nadie.
   Un haz de elocuencia cruzó la cara del hombre, que escuchaba a su amigo con una magnificencia extinta hacía varias épocas. Haciendo uso de esa humildad perenne que no solo permitía oír las palabras de los demás y responder ante las mismas, sino que también procuraba poner el corazón en la ardua tarea de entender los motivos, sentimientos y actos de los que le rodeaban, aconsejándoles con la claridad y rectitud de una bella ánima de mortal.
   -Tienes razón. No es el fin. Aunque estas puertas se nos han cerrado-suspiró y alzó la vista hacia el reloj que había colgado en el centro de la sala-.La verdad tiene su forma corrupta de actuar.
   Norman le contestó con un ademán de despreocupación, observando con cuánta tranquilidad pronunciaba las frases, dejándolas escapar de modo semejante a un siseo del viento que las hacía carecer de rigidez.
   -Habéis jugado bien. Al menos, mantened la mente limpia.
   -Eso jamás lo dudes. Todos cometemos errores-mientras hablaba de su equipo, las pupilas de Jimmy se agrandaron al darle la mano a las emociones-, pero quienes superan hasta el último detalle de sus fracasos y equivocaciones, se ganan el triunfo-tomó aire y sus párpados se cerraron, dotando a sus rasgos de un aspecto arduo y elegante que recogía la furia de las injusticias y la transmutaba en energía para sobrevivir a través de las hondas aguas del azar-.A pesar de que el planeta nos grite lo contrario.
   En ese instante, la garganta del jurado emitió un sonido de determinación, y los presentes volvieron a sus puestos.
   Su hermano le miró experimentando una satisfacción instintiva. 
   La aceptación, quizá, era el reto de mayor frialdad de la completa existencia. Y ese joven, desde niño, había visto e interiorizado la vida con la precisión y la astucia de un mago.

   -Que el destino os sonría la próxima vez-dijo Norman en un susurro sincero.

miércoles, 15 de marzo de 2017

Transparencias marítimas.

   El aire salino me roza la cara y cada poro de mi cuerpo se estremece como si jamás hubiera experimentado el significado de la libertad.
   Es cierto que, desde hace seis meses, el sol lleva posándose sobre nuestros hombros e iluminando las olas del infinito horizonte azul que nos protege y devora con una ferocidad abrasadora. Señalándonos el norte antes y después de alcanzar el centro del cielo, y exponiendo ante nuestras viejas miradas de sabios surcadores del océano la belleza de la naturaleza, permitiéndonos adoptar una visión filosófica de la supervivencia humana más cruda que ninguna otra.
   Sin embargo, este amanecer, es la primera vez en las vidas de todos los tripulantes del barco en la que sentimos el placer de la existencia. En el primer día en el cual, aunque las profundidades del infierno añil nos acechan y el viento sopla en la dirección incierta de la suerte, notamos una esperanza recién nacida bajo nuestras costillas.
   Y es que, el misterio se halla en el fondo de nuestras mentes. Quienes, al igual que unas almas vírgenes ante la verdad, nunca han abierto sus sentidos al presente… Hasta ahora.
   Por eso, hoy abrazamos los segundos: 

   Quién sabe qué maravillosas desventuras e intrépidos viajes nos esperan en las lejanas aguas del tiempo, donde pasado y futuro, son uno.

sábado, 4 de marzo de 2017

Evaporación.

   Resulta admirable contemplar la vida desde lejos. Mirarla con los ojos distantes, observando la gran obra que representa en el escenario del mundo.
   Y es que, cuando las personas ignoran que alguien las vigila, entonces algo habla a través del silencio.
   Una fuerza invisible. Una verdad que fluye a destiempo. Un aliento frío y cálido que, cada vez que se produce un contacto entre unos y otros, une o separa caminos. Un hilo que conecta almas y rescata espíritus del vacío en el que los humanos circulamos sin cesar. Que nos empuja en medio del enorme océano de interrogantes en el cual navegamos perdidos, siguiendo el rumbo incierto de nuestras brújulas internas en el remoto descontrol de la soledad.

   Sin embargo, qué espectáculo digno de análisis mostramos a la eternidad.
   Siempre juntos, rodeados de los mismos desconocidos.
   Pero nunca cerca, alejados por el mayor obstáculo de todos.

   El miedo a ser lo que somos.
    


miércoles, 22 de febrero de 2017

Saltando desde las sombras.

Jack extendió el brazo sobre el lomo del automóvil, observando el final de la avenida con la mirada envuelta por un sopor que aún abrazaba sus pensamientos. Los rayos del mediodía se reflejaban en sus dulces ojos color avellana, más brillantes y resistentes que el hirviente fuego del sol, y el calor que descendía desde los cielos neoyorquinos acariciaba su piel nívea como si deseara enfocar sus sentidos en la paz que impregnaba el oxígeno.
Sus labios se abrieron para dejar escapar un suspiro templado, el cual, lejos de los ruidos sordos de las balas y de las llamadas de socorro cruzando las líneas de los walkies policiales, contenía un alivio singularmente esperanzador. La línea de la ley había estado a punto de difuminarse ante sus pupilas, pero esa vieja ilusión de justicia, esa voluntad de hierro que se había atrevido a crecer en su pecho durante años, acababa de convertirse en la salida de emergencia ante un incendio moral colectivo.
El agente del departamento de protección civil posó la mirada sobre el joven mientras analizaba cada poro de su rostro lleno de vitalidad.
—Tyler y tú habéis puesto en peligro a nuestro equipo y a los rehenes que esos criminales tenían apresados. Os habéis saltado las reglas a la ligera y nos habéis desobedecido—se colocó la mano en la cabeza y la hizo caer hasta la frente con una serenidad forzada, empleando una entereza que llevaba largos minutos intentando aclarar su conciencia—.No vais a libraros de un buen castigo, hijo.
Acto seguido una pausa ralentizó el tiempo dentro del coche, y las respiraciones de ambos se coordinaron dentro de una burbuja de aceptación y digestión emocional.
—Siento mucho lo ocurrido. Ty y yo deberíamos habernos quedado en la base, esperando vuestras órdenes—declaró Jack.
Su tutor bajó los párpados y dejó que la situación hablara por sí misma, cediéndole la orientación del diálogo, por una única ocasión en su vida, a la fuerza de los sentimientos.
—Sin embargo, he de reconocer que estaba equivocado contigo, Jackie. Después de que esos tipos escaparan de nuestros guardias, has sabido tomar el control de la situación y devolver la perspectiva al equipo. Has reconducido los acontecimientos con la energía de un héroe y el coraje de un verdadero defensor de la humanidad—una leve sonrisa se dibujó en sobre sus dientes, que quedaron cubiertos por el gesto de afabilidad, caído sobre aquel segundo con la frescura nutritiva de una lluvia en mitad de un terreno desértico—.Enhorabuena, policía Knight.
En ese instante, los latidos del joven se intensificaron hasta cubrir cualquier tipo de duda que en el pasado hubiera resquebrajado sus decisiones, haciéndole recordar sus incontables esfuerzos por solidificar su pasión consagrada al salvamento de las personas. Aquella era la primera vez que el reconocimiento de su padre pronunciaba una estimación tan certera y franca, y su reacción le hizo sentir que los pasos dados hasta ese día no los podría haber comprado ningún otro destino en el mundo, por muy noble que este fuera.
Su boca se ensanchó lo suficiente como para que un rastro de orgullo tiñera el movimiento de sus músculos, y una bondad de atractivo natural y etéreo, recorrió su cara con la amabilidad de la ternura.
—Gracias por ver en mí lo que siempre he querido demostrarte.
El hombre agachó unos milímetros la barbilla, asintiendo de un modo cauteloso aunque firme a la vez que un débil rastro de compunción se apoderaba de su estoicidad motora y espiritual.
—Perdóname si en algún momento he creído que solo buscabas conseguir una placa. No me había parado a pensar cuánto podías desear esto. Esta rutina cargada de amenazas, ilegalidades, riesgos e incluso muertes—dijo honestamente, tocándose el uniforme—.Supongo que traté de evitar que escogieras la misma senda que yo, plagada de memorias tóxicas e imborrables, de cosas que hubiera implorado por no conocer nunca. No obstante, nada te va a detener a la hora de ser auténtico. A la hora de ser tú. Siempre he intuido de corazón que tienes honor de sobra. Y hoy… lo he comprobado en mis huesos, chico—alzó el mentón y se giró hacia la izquierda, dedicándole un gesto de satisfacción al otro adolescente, que se encontraba apoyado sobre el Land Rover del segundo oficial, esperando el veredicto final de su también figura paterna—.El hijo de John y tú merecéis un camino propio. Una oportunidad que os permita cumplir vuestro sueño.
Una deliciosa fortaleza apareció en el semblante de Jack, y levantó la mano para colmar de ánimo a su amigo, el cual se batía en un duelo con su mentor en medio de un campo de batalla visual.
Entonces, mientras las palabras fluían y un par de miradas latentes y sinceras se alternaban en los rostros de ambos, una luz ardiente prendió en el fondo de los ojos marinos de Tyler con una alegría retornada del baúl de las posibilidades perdidas.
—Ha sido una jornada difícil, pero sé que los dos han aprendido mucho acerca del otro. Sea lo que sea lo que hayamos logrado, ellos se han llevado el mejor premio—sus pupilas refulgieron con un destello de dignidad envuelto en una mirada cortés y afectuosa que simbolizaba un respeto casi fraternal—.La reconciliación.
—Parece que rendir cuentas era el deber que tenían pendiente. Salvarse a sí mismos de los errores que les perseguían—colocó la muñeca encima del hombro del chico, acompañándola con un ademán de transparente armonía—.Me alegro de que este incidente haya servido para algo más que para coger a esos bandidos armados.
Jack sonrió con una maravillosa sensación de triunfo invadiendo su cuerpo, rememorando las miles de veces en que las dos familias, pese a las diferencias y a los problemas de cada una, se habían apoyado desde la infancia de él y de Ty.

—Exacto. El mayor trofeo es hallar el propio rumbo. Y la mejor meta, seguir las órdenes del corazón en consonancia con aquellos que creen en ti.