lunes, 5 de septiembre de 2016

Hijos de las estrellas.


   Mientras los espíritus galopan en el pasado, un sol rojizo proyecta sombras sobre las calles del imperio medieval, trazando siluetas del más allá que danzan al ritmo de los latidos que la naturaleza susurra al oído de las almas que lucharon por las tierras ibéricas. El ocaso lame los caminos que atesoran las batallas de un ayer que aún respira latente entre las paredes, oculto por la majestuosidad del silencio, y el anochecer besa las fortalezas de piedra con un suspiro embebido en la magia de los cielos, aguardando la llegada de los corazones que prometieron regresar de la muerte.






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