miércoles, 21 de septiembre de 2016

A. T.


    El reloj marcaba las doce cuando salimos del piso. La noche estaba demasiado oscura y no se podía ver más allá de las sombras. Conversamos sin mirarnos a la cara hasta alcanzar las luces de las calles centrales de la ciudad.
   Me llevé las manos al cuello. Tenía tanta presión acumulada en los tendones que me dolían hasta las pestañas. Estaba cansado de no disponer de ningún viernes para mí. Componer las letras y buscar a los artistas adecuados requería mucho tiempo. Un tiempo que en la mayoría de las ocasiones ni siquiera tenía. Y anque amaba la música, quería dejar por unos días la mente en blanco. El cuerpo me lo pedía a gritos.
   - …Sería buena idea. Además, así no habría problemas con la antigua banda. Quieren renovarse en el próximo disco. Dijeron que necesitaban un nuevo estilo-comentó Sarah.
   Dan se rió sin vergüenza alguna, frotándose la barba.
   -Todos sabemos que si no cambian al guitarrista, ese grupo caerá en picado.
   -Tío, pero los Jersey Rivers quizá tengan éxito. Están poniendo mucho empeño en los últimos conciertos. Tal vez un pequeño empujón a finales de año, antes de empezar la gira, sea suficiente para convertirlos en una fuente de ingresos establ-Chris movió la cabeza con un gesto airado-¡Qué narices! El esfuerzo de estos tipos merece recompensa. Yo confío en ellos.
   Asentí, aunque mis pensamientos se hallaban muy lejos de aquel lugar.
   -Marcus, quizá encuentres a alguien dentro de unos meses-la mano de Bob se posó sobre mi hombro, intentando tranquilizarme. A lo mejor haberme terminado dos cigarros en menos de cinco minutos estaba generando el nivel extremo de nerviosismo que empezaba a apoderarse de mi musculatura-.No lo pienses tanto. Ya darás con él.
   Habría ignorado el comentario si cualquier otra persona hubiera tratado de restarle importancia al tema, pero Bob era un tipo afable y sensato que sabía lo que decía. Un hombre que llevaba las riendas de su vida y en quien podía permitirme el lujo de confiar.
   Me quedé en silencio, recordando el perfume de otros tiempos. 
Cuántos días quedaban atrás. Habían pasado ya cinco años desde que ingresamos en la discográfica. Llevaba años dedicándome a contratar a distintos emprendedores y a evaluar su talento, a responder a esa atracción que sentía por las diferencias, por esa esencia que hace a alguien único. Y ese propósito de aprender a abstraer la magia de cada artista que aparecía en nuestro camino había ido cumpliéndose poco a poco. Detrás de la curiosidad siempre había algo más, un deseo que superaba cualquier razonamiento. Y el mío, mucho antes de colaborar con aquellos compañeros, ya ardía en mis venas, por lo que aquel trabajo era la culminación de mi labor en la vida.
   Pero necesitaba toparme con el artista perfecto. Tropezarme con una persona que realmente fuera una piedra preciosa esperando a ser descubierta, a un tipo que tuviera tatuada en el alma la devoción por la música. ¿El problema? Aún estaba esperando a que la esperanza y la pasión no me abandonaran. No estaba dispuesto a dejar atrás las ganas de tutelar a alguien que diera sentido a mi carrera profesional, a mi concepto del arte, a las ansias de crear, de cambiar, de sentir… A la existencia en sí. ¿Cómo podían comprender los demás la profundidad de aquel desasosiego?
   -Eh, ¿por qué no vamos a tomar unas copas al Jekyll’s? Suelen cerrar el local muy tarde.
   La proposición de Sarah pareció captar la atención de todos.
   -¿Te apuntas?-las pupilas de Bob insistían en silencio-.Así te despejarás durante un rato.
   Solo por respirar un poco y sacar la cabeza de la pecera, acepté.
   Tras cruzar la esquina, bajamos las escaleras del pub. Una luz rojiza, intensa al igual que el color de la sangre, nos cubrió nada más entrar. La iluminación contrastaba con los tonos metálicos de las paredes, de la barra del bar y de los asientos, y con las fotografías de leyendas del rock que colgaban al lado del escenario vacío, el cual nos devolvía una mirada de expectación, ansioso por que la gente subiera a él. 
   La calma del ambiente nos reveló que las actuaciones habían terminado hacía varios minutos. Pedí una cerveza y me entretuve mirando el canal de noticias que habían puesto en una televisión mientras Chris y el resto hablaban de los conciertos que prepararían en Boston para los grupos que acababan de cazar este mes.
   Dios. ¿En qué hora el mundo musical se había convertido en una estrategia económica y comercial? La gente no recordaba el significado del talento.
   De pronto, las luces enfocaron el escenario sumiéndonos en una negrura llena de misterio. Las personas que estaban tomando algo dirigieron la vista hacia el centro del local, mas solo unos cuantos se acercaron al nuevo espectáculo que iba a comenzar. La ignorancia siguió su curso.
   -Como número de despedida, demos la bienvenida a nuestra banda habitual. ¡Un fuerte aplauso!
   El ruido de los altavoces permitió que algunos curiosos prestaran atención, pero demasiados gastaban su tiempo en conversar y observar el fondo de sus copas sin entusiasmo.
   Entonces, el sonido de una guitarra eléctrica invadió la sala. Una melodía fuerte arrancó al silencio su monotonía, y una voz profunda y enigmática envolvió el local, sumergiéndolo en un mar de olas bravas y peligrosamente seductoras.
   Me di la vuelta y, por un segundo, creí estar soñando. Llevé la vista al escenario, donde cuatro figuras se movían, y un magnetismo divino me hiz clavar la mirada en él. En aquel joven.
   La canción subía y bajaba con mucha delicadeza, manteniéndose en un tono grave, sensual y oscuro. Cada latido del ritmo, acompañado por las palabras, se convertía en un susurro sensual, en una pulsación arraigada en las notas con una fuerza titánica. La música se adentraba en los oídos de una manera suave, abriendo el apetito de los presentes y saciando a la vez el hambre de sus deseos, y mientras un aroma dulzón embriagaba los sentidos de aquel grupo de humanos.
   Cuando terminaron la actuación, el cantante se quitó las gafas tintadas y dejó caer sus ojos negros sobre el público con una elegancia soberbiosa, profundamente seguros de sí mismo, como si el mundo hiciera una reverencia ante la profesionalidad que habían desprendido sus cuerdas vocales.

   Vi las iniciales A. T. grabadas en su camisa blanca y, en ese instante, supe que mi búsqueda había llegado a su fin.

lunes, 5 de septiembre de 2016

Hijos de las estrellas.


   Mientras los espíritus galopan en el pasado, un sol rojizo proyecta sombras sobre las calles del imperio medieval, trazando siluetas del más allá que danzan al ritmo de los latidos que la naturaleza susurra al oído de las almas que lucharon por las tierras ibéricas. El ocaso lame los caminos que atesoran las batallas de un ayer que aún respira latente entre las paredes, oculto por la majestuosidad del silencio, y el anochecer besa las fortalezas de piedra con un suspiro embebido en la magia de los cielos, aguardando la llegada de los corazones que prometieron regresar de la muerte.