sábado, 16 de julio de 2016

Business.

   El sonido del viento acariciando las hojas de los árboles, balanceando a esos seres que nos abrazan con su oxígeno, continúa al otro lado de las ventanas. El tiempo corre, pero la vida mantiene su nivel de oleaje dentro de su burbuja de negocios, donde el aire exterior es un mero espejismo de la realidad que existe en el mundo. Ya no quedan minutos para respirar pacíficamente y observar la belleza de las cosas, de los momentos, de las sensaciones. Y mucho menos para reflexionar y saber qué nos mueve en mitad de este planeta de agua inmerso en océanos de dinero, egoísmo e indiferencia.
   A día de hoy, las relaciones se han deteriorado hasta convertirse en polvo de negocios, en meros intercambios de intereses y mediciones de acuerdos, dejando atrás el sentido de calidad, de conexión con las personas que en un pasado forjamos. Sin embargo, ahora solo traficamos con los restos de lo que una vez significó humanidad. Vendemos y ofrecemos intenciones, y hemos olvidado el concepto de nuestra naturaleza, de la armonía que existe dentro de cada uno y que podemos alcanzar si nos tendemos la mano en vez de comprar la voluntad de quienes nos rodean.
   Es irónico que no sepamos llenar los pulmones de felicidad, y que, no obstante, la busquemos con desesperación entre los segundos, los billetes, y las ganancias, tanto materiales como emocionales.

   Quizá no seamos solidarios ni con nosotros mismos. Quizá, después de todo, estemos hechos de otra pasta.

No hay comentarios:

Publicar un comentario