lunes, 28 de marzo de 2016

Los tres deseos.

   Cyrus puso sus manos alrededor de las mías y el mundo comenzó a moverse mientras la calidez de sus dedos me transportaba aún más lejos de los confines hacia donde estábamos viajando. Cerramos los ojos y, cuando sentimos que el suelo volvía a emerger bajo nuestros pies, ambos separamos los párpados con la sensación de estar todavía dentro del gigantesco oasis de espejismos que provocaba el conjuro.
   En pocos segundos abandonamos los jardines del templo y las paredes rojizas de su hogar nos rodearon. Él esbozó una sonrisa con tanta naturalidad, que su alegría podría haber desterrado a los diablillos que acechaban aquel país lleno de criaturas disparatadas.
   -Ali, quiero que conserves estas piedras hasta que tu corazón te susurre que debes usarlas. Si las utilizas para hacer de este sitio un lugar mejor y ayudar a las personas que te importan, lograrás que tus sueños también se cumplan. Pero si decides emplearlas en beneficio propio, sin tener en cuenta las consecuencias de tus actos y el precio de tus anhelos, entonces el destino te perseguirá hasta que pagues tu deuda.
   Noté los tres rubíes pinchándome el interior de la mano.
   -El día en que formule mis deseos, tú desaparecerás.
   La voz se me quebró y a sus ojos castaños se asomó un fugaz destello de melancolía, aunque no dejaron de brillar porque en ellos habitaba un fuego que mantenía la esperanza ardiendo.
   -Eso no tiene que frenarte. Es mi camino. El poder de cambiar la realidad me fue asignado con una serie de condiciones, y la soledad es una de ellas. Un genio no puede atreverse a soñar.
   Ahora que el sol comenzaba a ponerse, los rayos se reflejaban en su rostro y teñían de un tono anaranjado su mirada noble, cuya belleza no solo resaltaba por su piel tostada y sus rasgos provenientes de Arabia, de unas tierras donde la valentía convertía los corazones en tesoros; si no también gracias a la honestidad y a la armonía que dormían en sus pupilas hechizantes.
   -Entonces ninguno deberíamos tener semejante osadía. Nadie puede obligar a nadie a vivir con el 
único propósito de cumplir los sueños de los demás. ¿Quién sería tan inhumano?
   -Mucha gente, Ali. La crueldad es letal-volvió a apretar mis puños con una suave caricia-.Cuando gastes las gemas, piensa en ti sin olvidar a quienes amas. No hay otro secreto en la vida. Los años me han enseñado que esa es la manera de hacer las cosas correctamente. Recuerda qué sucede cuando alguien se rinde ante la codicia y la ambición lo ciega.
   -Lo absorbe hasta destruirlo-concluí.
   Cyrus se sentó sobre la cama y me atrajo hacia sí empleando un suave movimiento, permitiéndome descansar en su hombro a la vez que escuchaba cómo el aire salía y entraba de su pecho con una serenidad digna de un guerrero de sangre azul. Los exóticos aromas de Oriente moraban en sus poros y envolvían sus ropas, y al acercarme a él tuve la sensación de estar en el corazón de aquellas tierras a las que el sol bañaba con un calor especial.
   -Crecí siendo un esclavo en las regiones del sur, sobreviviendo en medio de una sociedad pobre mientras obedecía las órdenes de mis amos, a quienes, si no servía eficazmente, se deshacían de mí o me prohibían comer durante días hasta que aprendía a realizar las tareas a la perfección y sin 
equivocarme-se pasó la mano por sus cabellos negros a la vez que pensaba en la dureza de su infancia y se perdía en el eje del tiempo-.He conocido la maldad y la bondad de los hombres, sus debilidades y sus temores, y lo único que puedo decir es que hay algunos que están dispuestos a hacer lo inimaginable para conseguir lo que quieren. Y esa es la gran pesadilla que se cierne sobre los mortales. Por eso, aunque yo no elegí transformarme en esto y no me arrepiento de todo lo que les he concedido a miles de personas desde que el sultán me otorgó esta habilidad, nunca permitiré que alguien con el alma manchada por la más negra de las mareas, la de la ira, me utilice para beneficio propio y exterminio de otros.
   Bajé el mentón y las imágenes de Jaf, el gran brujo que controlaba los nacimientos y las muertes de aquellos que poblaban el lugar, vino a mi mente junto a las historias que desolaban a los habitantes.
   -Prométeme que el día que tengas que enfrentarte a mi tío, no dejarás que gane. Jamás desistas en aquello que has venido buscando aquí. No vendas tu libertad para tener el poder, porque una vez que 
lo hagas, no habrá vuelta atrás.
   Sus ojos se encendieron como una vela en mitad de la noche, llenos de una extraña luz que facilitaba entrever una voluntad de hierro
   -Lo prometo.
   Sus brazos me rodearon y sentí su aliento cerca de mis mejillas con la intensidad de un fuego abrasador, aunque sabía que esas llamas eran incapaces de quemar el alma de ningún inocente. Ladeé la cabeza hasta que mi boca y la suya se encontraron, y la dulzura que me transmitieron sus labios me trasladó a otro planeta en el que reinaba la benevolencia, donde las estrellas fugaces eran guías de los espíritus y mostraban el camino a los adultos y a los niños sin cobrarles la vida por cumplir sus deseos.
   Estreché mi cuerpo junto a él, y el ritmo calmado de su respiración hizo que me sintiera en un hogar de verdad aun cuando mi casa se hallaba lejos, demasiado lejos de cualquier esquina de aquel país enterrado en un mapa que custodiaba el más poderoso de los hombres irracionales.
   -Te prometo que la locura no me corromperá. Y que derrotaré a Jaf, porque tú también mereces ser libre.
   Su mirada me atravesó el alma como una flecha incendiada por una ilusión impronunciable, y entrecerró los párpados para observarme con la mayor gratitud que había visto nunca en un humano.
   -Recuerda, genio, que todo es posible si crees que puede suceder.
   Una sonrisa se extendió a través de su rostro, convirtiéndolo en la octava maravilla del mundo.
   -Eso, querida Ali, es la prueba de que la magia existe.



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