miércoles, 16 de marzo de 2016

Arenas del tiempo.

   El hombre se sienta en la arena y la luz del atardecer ilumina su rostro, llenándole el pecho de un calor que ha sentido días atrás, cuando bañarse en esas aguas cristalinas con los jóvenes del pueblo significaba sumergirse en un universo de sueños y disfrutar sin complicaciones. 
   Cierra los párpados y escucha el rugido del oleaje y los susurros del viento, a esos viejos amigos a quienes no ha olvidado, y sus labios se curvan antes de que el vello de su piel se emocione. Los años se han marchado, pero apenas ha pasado el tiempo en la costa que le vio nacer. Toda una infancia dedicada al oficio de la pesca, ayudando a su padre a conseguir alimento para venderlo a las compañías comerciales y sustentar a sus hermanos; una etapa que le enseñó a ser honesto con la naturaleza y a valorar el precio de cualquier vida, ya fuera marina o humana. Aprendió que en el mundo ninguna criatura está por encima de otra, y que respetar la esencia de los seres vivos era respetarse a uno mismo, porque la crueldad de la ignorancia solo nutre de inhumanidad al mundo. Pero la adolescencia llegó a su fin, y tuvo que marcharse a trabajar fuera del estado hasta que, años después, con una alianza en la mano y un alma gemela con quien compartir sus días, regresó a esas playas con el corazón ilusionado. Sin embargo, ese amor caducó pronto, aunque no lo suficiente como para que el pequeño Eduardo creciera rodeado de alegría y llenara de sueños un matrimonio en el que ya solo reinaba la amistad.
   En ese instante, los ojos del hombre se dirigen hacia la orilla, donde un niño de cabellos claros clava una bandera sobre su castillo de arena y acompaña el gesto con una sonrisa risueña que esconde la belleza de los ángeles. La misma sonrisa que él tantas veces ha observado esbozar a su padre durante las mañanas de pesca veraniega, cuando retaban al sol a despertarse más pronto que ellos.

   Se acerca a su hijo y le señala el crepúsculo mientras el canto del mar les acaricia los oídos. Aunque muchas cosas puede que cambien, los recuerdos sobrevivirán en las profundidades de unas aguas que algún día le contarán su historia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario