jueves, 28 de enero de 2016

Las horas nocturnas.

Estuve ocupado en varias actividades, corriendo desde las seis de la mañana de una punta a otra de la ciudad, pero la sensación continuó ahí cada segundo, dormida bajo mis párpados abiertos. 
Las voces de mis compañeros de trabajo se distorsionaron hora tras hora durante nuestras llamadas a los clientes, acaparando la estancia y luchando frente al ruido de los taxis que circulaban al otro lado de los cristales. Jackson bajó a dictarnos la nueva política de privacidad que llevábamos semanas reclamando a la agencia de direcciones de la que dependían nuestros mensajes telefónicos, y en un pequeño descanso me escabullí para poder comprarle unos regalos a Phil en el día de su cumpleaños. Pasé los minutos del almuerzo delante del ordenador, recolectando datos de las últimas adquisiciones bancarias, y luego hablé con Katya para recordarle que fuera a recoger a los gemelos porque yo debía visitar las oficinas de Kell's Cereals y darles el nuevo listado de pedidos del mes. La lluvia me amenazó con caer junto a una orquesta de truenos al abandonar la empresa, y cuando llegué a casa ya había anochecido y las estrellas no se atrevían a asomarse a la cúpula celeste.
Sin embargo, las imágenes seguían pesando sobre mi conciencia en silencio, mudas aunque completamente vívidas. El sueño me había acompañado durante todo el día, y no se desharía de mí ahora que en el cielo solo se observaba la oscuridad. 
Con los ojos enrojecidos, me tumbé en la cama al lado de mi mujer, cuya respiración acompasada reflejaba la paz de su corazón. 
Kurt permanecería muerto en mi cabeza hasta que la próxima pesadilla barriera su cadáver. 

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