domingo, 12 de julio de 2015

Operación Cisne.

   El color amarillento de las farolas traspasaba los cristales de la parte delantera de la cafetería.
   La noche estaba más oscura de lo habitual. La negrura del cielo engullía la pequeña ciudad como las fauces de un lobo.
   -Deja de remover la infusión y tómatela.
   La voz de Lana pretendía ser una orden, aunque bajo las palabras aprecié un gesto de preocupación.
   Seguí dándole vueltas a la cuchara.
   -Jenn, intenta desconectar. Mañana continuaremos buscando.
   La televisión de la esquina comenzó a producir interferencias y segundos después un coche aparcó en la puerta principal. Solo había una familia sentada detrás de nosotras, por lo que deduje que cualquier movimiento del exterior hacía que la conexión eléctrica fallara.
   Ladeé la cabeza hasta ver la hora reflejada en el canal, donde un joven vestido con un chubasquero luchaba contra la lluvia mientras informaba a la audiencia sobre la tormenta que se avecinaba en Manhattan.
   Acababan de cumplirse las dos.
   -Supongo que necesito descansar. Es solo que… No paro de pensar en el chico. Quizá le arrebaté la última oportunidad para conocer a Jamie.
   Mi amiga me agarró del antebrazo.
   -Estoy segura de que vamos a encontrarle. Además, no podemos levantar a su padre de la tumba. Bueno, a ningún cadáver del cementerio.
   -Si predijéramos el futuro, nos habríamos ahorrado esto.
   -No es momento de enfurecerse-dijo ella automáticamente-.Te prometo que si recuperamos a Colin, te aceptará.

   Durante unos minutos me quedé observando el suelo mojado. Hacía largo rato que había cesado de caer agua y, sin embargo, la carretera aún empapaba las ruedas de los pocos automóviles que se dirigían a las afueras.
   -¿Alguna vez has sentido que todas las decisiones que has tomado no conducían a ningún lugar?-solté.
   Debí contemplar su rostro con verdadera seriedad, porque sus ojos adquirieron una dureza que no pecaba de ingenua.
   -Sé lo complicado que resulta avanzar a veces, sobretodo cuando crees que la vida escoge las situaciones por ti, pero en esas etapas es imprescindible no abandonar la esperanza. Porque entonces no importa quién seas ni cuál sea el problema. Estás perdida.
   Al oírla había apretado el colgante de la media luna entre los dedos, clavándome las puntas en la palma.
   Cuán difícil era mirarlo sin hacerse preguntas. Sin notar las pulsaciones acelerarse. Sin recordar que era el único objeto que me unía a él.
   -¿Y si ellos no querían que lo conociera? Imagina que se hubieran encargado de bloquear cada senda, de ocultar cada pista.
   -Lo siento. No voy a decir que esa pareja se dejó la piel tratando de esconder al crío. Hasta que haya pruebas mantendré la boca cerrada-compuso una sonrisa de amabilidad.
   -No habrán olvidado durante nueve años que yo fui la madre que lo abandonó.
   -Dar en adopción a una persona no significa abandonarla.
   Hinché las mejillas, agobiada.
   -Llámalo como te apetezca. De una manera u otra noto el peso en los hombros. Parece que los dos hubieran adivinado que en algún momento me arrepentiría de no haberle dado el hogar que se merecía.
   -Ten paciencia. Hallar el camino en la oscuridad, sin ver dónde pisas, puede ser un juego muy macabro.

   -Dime si no lo es ya a la luz del día.
   El tintineo de unas campanitas llamó la atención de la dueña del establecimiento. La mujer, de edad avanzada y arrugas amables en las comisuras de los labios, salió de la cocina para recibir al cliente.
   Lana desvió la mirada hacia la barra y por su expresión deduje que un hombre de apariencia atractiva había entrado.
   Me reí para mis adentros.
   -Buenas noches, desearía un café bien caliente, por favor.
   El vello del cuerpo se me erizó.
   Mis oídos captaron aquel sonido y, antes de lograr evitarlo, la taza que estaba encima de la mesa se derramó sobre mi camisa cuando salí corriendo en dirección al aparcamiento.
   -¡Jenn, espera!
   Fuera el frío que provenía del bosque cercaba los alrededores.
   Apenas me importó.
   Lana posó la mano en la pared, jadeando. Iba a decirme algo, pero el pánico que se reflejaba en mis pupilas la detuvo.

   -¿Crees en la resurrección?-la soledad de aquel rincón de descanso que conducía a Maine hizo que el eco de mi voz sonara espectral-.El padre de Colin está ahí dentro. Los agentes de Oregon mintieron. Jamie sigue vivo.

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