viernes, 5 de junio de 2015

Voces de ultratumba.

   Marion se frotó las manos. Necesitaba entrar en calor.
   -Solo quiero asegurarme de que todo está bien.
   El hombre le dedicó una mirada cargada de interrogantes, pero siguió pasando las páginas de su diario médico con cierta parsimonia. Aquella conversación parecía no captar demasiado su atención.
   -Señora Vernice, no tiene de qué preocuparse. La valoración psiquiátrica de su hijo es bastante favorable. Ya se lo comunicamos.
   La mujer cerró los ojos, intentando concentrarse en lo que deseaba dejar claro. Sus labios se apretaron levemente mientras pensaba.
   -Verá, Doctor… Bill recibió una terapia durante cuatro meses, como mandaron las autoridades. Un tratamiento que ayudó a mejorar sus eventuales episodios de violencia.
   Él alzó las cejas, aunque un aire desinteresado no abandonó sus gestos. ¿Por qué aquella madre pretendía profundizar en un caso tan obvio?
   -Tras el incidente el joven fue declarado inocente. La policía, los abogados y los psicólogos de este centro creyeron que era conveniente que el chico recibiera un apoyo clínico para aprender a conducir su comportamiento. Se le concedió. Después de dieciséis semanas, se decidió que se encontraba en buenas condiciones para volver a casa-el psiquiatra soltó un largo suspiro envuelto en una creciente irritación-.De hecho, señora Vernice, siempre lo estuvo.
   Las manos de Marion comenzaron a temblar al escuchar la última frase.
   -No pongo en duda el trabajo de los profesionales. Siento el malentendido-se mordió la lengua, tratando de ahogar el llanto, y mantuvo una postura que aparentaba calma-.Lo único que pretendo es averiguar si existe alguna posibilidad de que el equilibrio se rompa.
   El hombre posó el dedo índice sobre el bolígrafo que tenía encima del escritorio, presionándolo muy fuerte.
   -Perdone querida. No la sigo.
   Ella se aclaró la garganta a la vez que se esforzaba por ignorar la ola de imágenes que corrían delante de sus ojos. Un pequeño recorte de un periódico local que había conseguido esa mañana, se había quedado grabado en su memoria. Tragó saliva violentamente.
   -¿Qué posibilidades hay de que el problema inicial no se haya extinguido? ¿Puede una conducta agresiva volver a repetirse según avancen los años?
   Esta vez el médico se acercó a la mujer hasta casi percibir su aliento en las mejillas. Posó la mano sobre su boca, indicándole que había hablado suficiente.
   -Algunas cosas deben seguir su curso. No tenga miedo. A veces hay que aceptar que no podemos controlar todo lo que nos rodea. Nadie domina las situaciones… Se crean solas-agarró con dulzura fingida el mentón de Marion, esbozando una sonrisa cínica que se alejaba mucho de un gesto honesto-.Permanezca tranquila, señora Vernice. El pequeño Billie no podría hacerle daño a una mosca aunque así lo quisiera.
   Un incómodo silencio llenó la sala. Segundos después, el sonido de unos tacones dirigiéndose hacia la puerta, abrazó la incertidumbre de ambos.
   Ella se dio la vuelta antes de marcharse.
   -Gracias por su tiempo, Doctor. Tendré en cuenta cada palabras que ha dicho-ensanchó los labios de un modo sensual, procurando que él no advirtiera el temblor que manejaba su voz-.Pero recuerde usted también cuánto pesan los cabos sueltos. Quizá cruzarse de brazos sea tan peligroso como cometer cualquier delito. Buenos días.
   Marion salió de la consulta y el hombre se quedó mirando a través de la ventana. Su rostro revelaba consternación. Una intensa ansiedad que escondía bajo sus facciones jóvenes y duras.
   Contó hasta diez, meditando. No había ningún modo de escapar.
   Abrió un viejo cajón del mueble y sacó una pila de periódicos atados con una cinta. Todos los ejemplares estaban nuevos, perfectamente ordenados y listos para ser repartidos. Tenían la fecha de ese mismo mes.
   Encendió una cerilla y la echó en un cubo junto al montón de papeles. El olor del fuego empezó a ascender, acariciándole los sentidos. No apartó la vista del cristal hasta que se deshicieron por completo.
   Pese a la quema, en el título de un artículo escrito con pálidas letras negras se podía leer: PELIGRO EN LAS AFUERAS DE NOSSVILLE. UN ADOLESCENTE DE QUINCE AÑOS Y SU COMPAÑERO DE CATORCE PIERDEN LA VIDA EN EL LAGO LA NOCHE DEL LUNES. LOS SUCESOS OCURRIERON AL REGRESAR DE UNA FIESTA. LAS AUTORIDADES AFIRMAN QUE UN TERCER JOVEN, AMIGO DE LOS MENORES, ESTÁ IMPLICADO EN LA MUERTE DE AMBOS.
   Inspiró, absorbiendo el humo.

   ¿A qué precio iban a vender la conciencia de los muertos?

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