domingo, 3 de mayo de 2015

Las cenizas de los crímenes.

Derek me sostiene la mirada. Es curioso ver cómo la repulsión hacia sí mismo es lo único que sus ojos logran expresar. 
A veces nos convertimos en la persona que nunca deseamos ser.
Todos dejamos la vista perdida en el horizonte, donde las calles de la ciudad tienen su fin. La lluvia empapa la ropa que llevamos puesta, pero tengo la sensación de que hoy la tormenta no limpia nuestras conciencias. Solo las alimenta de más odio, hundiéndonos las cabezas en el presente. En los secuestros de los que somos responsables.
Sé que ninguno nos perdonamos haberlo elegido. Podríamos haber renunciado a ese trabajo y dedicarnos a otra cosa. No obstante, necesitábamos dinero si queríamos salvar a Peter y sacarle del mundo tóxico en el que estaba inmerso. Una cantidad demasiado grande que no conseguiríamos en dos semanas. Y nos vimos obligados a olvidar el duelo moral entre el bien y el mal y cruzar la línea que nos separaba de los propios principios y del respeto por los otros. Transformándonos en monstruos.
Tic, tac. El tiempo cae sobre Praga como una bomba.
Mi conclusión se resume en que el tráfico humano es el peor de pecados. Y no por el hecho en sí de violar los derechos y la dignidad de cada niño que debíamos entregar a Jeff. No por la finalidad de aquellos asesinatos. Si no porque las habían cometido manos iguales a ellos. Nuestras manos. 
Me cubro la cara y dejo que el calor de las lágrimas haga arder mi rostro.
Al menos siento que además del vacío que llena nuestros corazones, aún nos queda espacio en el alma para avivar el fuego de la culpa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario