viernes, 22 de mayo de 2015

Profecía.

<<Ser valiente quizá signifique mirar de frente al miedo. Permitir que el destino pose sus ojos en ti y que tus crímenes se vuelvan de carne y hueso a la vez que tu alma se difumina para descender a uno de los mil infiernos. Tal vez quiera decir que es necesario observar la propia sombra con el fin de ver cuán de oscura se torna según creces, convertida en esclava del paso del tiempo. Incluso es posible que implique retar al ambicioso fantasma que fuiste en el pasado a admitir que el peso de los pecados a veces se vuelve insoportable. Tanto, que a veces desearías exhalar el último aliento y poder reencarnarte en otro ser, pero esta vez no humano. Porque el corazón de las personas puede más abominable que el más sanguinario de los monstruos, Bae.>>


lunes, 18 de mayo de 2015

Exangüe.

   Caminando solo bajo la luz de la luna llena se pueden averiguar muchos secretos sobre uno mismo.
   El retumbo de las botas sobre el asfalto mojado se pierde entre la noche y sus sombras. No hay nadie alrededor. Solo el silencio de aquellos cuyas bocas yacen bajo tierra reina en la negrura.
   La oscuridad me abraza. Danza ante mis ojos con el sinuoso aire de un espectro, adoptando siluetas humanas que en un pasado debieron tener algún significado.
   Quizá sean alucinaciones. No recuerdo a ninguna persona en concreto. Nunca retuve los nombres en mi mente. ¿Para qué?
   Conozco la sensación que procede al contacto. El placer de conectar con otro a través de una mirada, de un intercambio de palabras o de un gesto. Es un regalo del cielo. La única forma de salvarnos dentro de la pecera llamada Tierra. La rama donde agarrarnos y evitar que la corriente de la soledad nos ahogue.
   Daría cualquier cosa por saber a qué precio se vende.
   Sigo andando. El calor del verano me calienta los huesos y el alma continúa en su habitual congelador al fondo del pecho.
   Si cada hombre tuviera la capacidad de borrar de su memoria la información que no necesita, sería libre.
   Quizá yo sea un poco menos esclavo del ayer.
   El viento asoma a mis párpados las lágrimas que no logro derramar, pero me las arrebata y las esparce por el camino.
   Demasiadas coincidencias en este infierno.
   La vida es una película proyectada una y otra vez que siempre termina y comienza con la misma banda sonora: la melancolía. No importa si eres el ganador o el perdedor. Echarás de menos aquello que no se hizo para ti.
   Abro la tapa del mechero y prendo un Lucky Strike.
   Sí, soy un tipo solitario. Aunque por encima de todas las cosas amo la verdad.
   Pocos estarían interesados en saber qué sucede cuando un hombre no consigue ver cumplida su necesidad de afiliación. Establecer relaciones es un impulso primitivo tan fuerte como el hambre o el sexo. E igual de peligroso.
   La luna pierde el brillo. Las nubes comienzan a distinguirse a lo lejos.
   ¿Puede la desconexión matar a alguien?

   En este amanecer que se aproxima, tengo miedo de que el vacío de mi corazón me susurre que sí.


domingo, 3 de mayo de 2015

Las cenizas de los crímenes.

Derek me sostiene la mirada. Es curioso ver cómo la repulsión hacia sí mismo es lo único que sus ojos logran expresar. 
A veces nos convertimos en la persona que nunca deseamos ser.
Todos dejamos la vista perdida en el horizonte, donde las calles de la ciudad tienen su fin. La lluvia empapa la ropa que llevamos puesta, pero tengo la sensación de que hoy la tormenta no limpia nuestras conciencias. Solo las alimenta de más odio, hundiéndonos las cabezas en el presente. En los secuestros de los que somos responsables.
Sé que ninguno nos perdonamos haberlo elegido. Podríamos haber renunciado a ese trabajo y dedicarnos a otra cosa. No obstante, necesitábamos dinero si queríamos salvar a Peter y sacarle del mundo tóxico en el que estaba inmerso. Una cantidad demasiado grande que no conseguiríamos en dos semanas. Y nos vimos obligados a olvidar el duelo moral entre el bien y el mal y cruzar la línea que nos separaba de los propios principios y del respeto por los otros. Transformándonos en monstruos.
Tic, tac. El tiempo cae sobre Praga como una bomba.
Mi conclusión se resume en que el tráfico humano es el peor de pecados. Y no por el hecho en sí de violar los derechos y la dignidad de cada niño que debíamos entregar a Jeff. No por la finalidad de aquellos asesinatos. Si no porque las habían cometido manos iguales a ellos. Nuestras manos. 
Me cubro la cara y dejo que el calor de las lágrimas haga arder mi rostro.
Al menos siento que además del vacío que llena nuestros corazones, aún nos queda espacio en el alma para avivar el fuego de la culpa.