domingo, 26 de abril de 2015

Oxígeno.

   "Hoy en día el dinero está en la cúspide de la pirámide. La fama es el disfraz que todos quieren llevar, y el éxito personal es algo que permanece en la sombra de la sociedad, invisible, como la justicia y la igualdad. 
   Aunque cierre los ojos, puedo oírlas. Miles de voces que a gritos piden que sus sueños se cumplan, bombardeando la realidad con exigencias. Pero entre tanto ruido, pocos se dan cuenta del precio tan alto de esos deseos vacíos. 
   Por suerte o desgracia, mis esperanzas navegan mucho más allá. Lejos de este mundo. Lejos de la vida e incluso de la muerte, donde ambas fronteras se difuminan al igual que la verdad y la mentira.
   Nací con una enfermedad cardíaca. He pasado la mitad de los meses viendo pasar los recuerdos ante mis ojos cada vez que entraba a un quirófano. Sin embargo, hace un año me hicieron un trasplante. El final. El que me permitió respirar. En el que mi hermana decidió sacrificar su órgano vital para darme una oportunidad de seguir viviendo.
   Ahora observo las estrellas a espera de que su alma nunca expire el último aliento. Porque a pesar de no poder haberme despedido de ella, siento que sigue a mi lado. Escucho sus latidos en mi propio pecho como si fueran una nana, un regalo del cielo donde descansa. Y cuando miro la luna, sueño con poder agradecerle no solo que el oxígeno corra a través de mis venas, sino que el amor sea capaz de hacer latir un corazón.
   Siempre estarás en mí. Gracias, Sheila."

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