jueves, 16 de abril de 2015

El precio de creer.

Los ojos del hombre se tornaron oscuros como las tinieblas. 
-Solo necesito que construyas uno.
Jennifer analizó los objetos que había encima de la mesa. Una gran bolsa de herramientas esperaba para ser utilizada.
Sus labios se entreabrieron formando un hueco que reflejaba la incredulidad que sentía.
-¿Por qué debería hacerlo? 
-Sino me ayudas, jamás volveré junto a mi hija.
Las ojeras de aquel extraño, teñidas de un color morado, parecían albergar los cadáveres de todos los sueños que habían muerto según el tiempo se había escapado entre sus dedos.
El comentario conmovió a la joven, pero apretó la mandíbula para que los sentimientos no le delataran.
-¿De qué hablas?-dijo.
-Ella me espera en nuestro hogar. Fuera de aquí, a miles de millas de este mundo.
Se acercó a la chica hasta que sus bocas casi se rozaron. 
-¿Conoces esa sensación que te oprime el pecho cuando tienes frente a ti algo que te pertenece y que no puedes recuperar?-la voz de él estaba impregnada de un dolor dulce, prácticamente romántico. Una frustración arraigada en sus propios huesos y envuelta en recuerdos de un ayer en el que la felicidad había sido posible-.¿Sabes lo que significa perder a la única persona que comparte sangre contigo a causa de un engaño? ¿Sabes lo que es acostarte cada noche y despertar cada día deseando olvidar el monstruo en el que te has convertido?
Un silencio cargado de flechas venenosas atravesó la coraza de ambos. 
En un intento de retener su ira, el hombre trató de zafarse de los flashbacks que habían comenzado a atacarle. Sin embargo, fue incapaz de que el fondo claro de su mirada no adquiriera un tono similar al del líquido de las venas. Un intenso rojo que contrastaba con el azul que recubría sus enormes pupilas. 
Por otra parte, la toxicidad del amor encogió el corazón de Jennifer. Aquel personaje estudiaba sus expresiones empleando una minuciosidad espectacular. Era consciente de las debilidades de la nueva ayudante policial del pueblo. ¿De qué forma había logrado adivinar el lazo que la unía al pequeño Mickey?
-En este diminuto universo mantenéis la ilusión de que las dificultades puedan superarse. Buscáis que vuestras heridas sanen mientras susurráis palabras que os devuelven la esperanza. Continuáis pidiendo deseos a la luz de la luna y suplicándole a las estrellas que el destino no os defraude-el extraño se aproximó a la joven por detrás, dejando que su aliento recorriera el cabello de la chica con una pasión contenida, una locura que no conservaba sus raíces en esa realidad. Permanecía preso dentro de aquel pedazo de cielo y de tierra embotellados-.Pero nadie está dispuesto a admitir que, pese a que todos niegan creer en la magia, antes de dormirse no hay ninguno al que la duda no le aceche. ¿Quiénes de esos valientes incrédulos son capaces de conciliar el sueño?

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