domingo, 22 de febrero de 2015

Inception.

   <<Siento cómo las esquinas de la habitación se mueven. Las paredes se deslizan. Nuestro ángulo de visión cambia, al igual que el vehículo en el que nos encontramos todos dormidos. Sumergidos en el primer nivel del sueño de Fischer, el rico heredero de la empresa internacional.
   El inconsciente del joven continúa creando proyecciones dentro y fuera del hotel, pero no disponemos de tiempo suficiente para abatir cada una de las defensas entrenadas que aparecen. Si queremos salvar a Saito, tenemos que descender. Y si quiero volver a ver a mis hijos, debo descubrir el código que abre la caja fuerte donde Fischer esconde la raíz de sus ideas. Solo así podremos sobrevivir. Únicamente implantando una mentira en el fondo del subconsciente, ascender será posible. Porque regresar al mundo real ya se ha convertido en el precio de la misión.
   A nadie le importa el dinero cuando la mente está en juego. Cuando la mente es el juego.
   Le hago unas señales con la mano a Eames. Sabe lo que hacer.
   Mientras desaparece hacia el ascensor, recorro la estructura y me tumbo sobre la cama. La arquitectura se va volviendo más amenazante según los minutos pasan. Aunque Ariadne ha diseñado cada detalle, nada es capaz de vencer la fuerza del inconsciente. Excepto la voluntad.
   Me inyecto el sedante y cierro los ojos. Noto cómo pierdo la noción de mi cuerpo a gran velocidad, dufuminándome en el espacio. Entonces aterrizo en el último nivel. Percibo su presencia. Ella está aquí, observándonos. Y nada me aterra más que mirar a través de su estela. De lo que queda de su alma. 
   Pero a estas alturas no hay vuelta atrás. Enfrentarse a los secretos es el modo de renacer. De despertar. O de hundirse en la oscuridad del pasado.
   Una música inunda el lugar. Tenemos diez segundos para acabar el trabajo.

   La sombra del fracaso nos acecha.>>

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