martes, 30 de diciembre de 2014

Elixir.

   Entreabrió sensualmente los labios rojos como la sangre, dejando escapar una densa nube de humo a través de ellos. El alma le temblaba y se movía en su interior con una furia enérgica que rayaba en la locura extrema, pero la muchacha se mantenía inmóvil encima de la vieja cama pese al ritmo frenético del pulso que su corazón manejaba de forma frívola y dulce a la vez.
   La oscuridad de la habitación permitió que el tono anaranjado del cigarrillo alumbrara un poco su boca al volver a saborear el tabaco. El aire intoxicado huía de sus pulmones mientras ella permanecía tumbada. Alerta. Por sus venas corría la adrenalina sumergiéndola en un estado aún más consciente de aquel resistente deseo impermeable a la razón. Agradable y apetitoso como el mejor de los aromas, y venenoso al igual que una droga peligrosa.
   Tiró la colilla y respiró con calma, sonriendo. Sus ojos se rasgaron.

   A veces temer el riesgo, era el principal motivo para perseguirlo. Porque quien anhela algo desde las profundidades de su pecho, sabe que la voluntad no entiende de precios.

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