martes, 30 de diciembre de 2014

Elixir.

   Entreabrió sensualmente los labios rojos como la sangre, dejando escapar una densa nube de humo a través de ellos. El alma le temblaba y se movía en su interior con una furia enérgica que rayaba en la locura extrema, pero la muchacha se mantenía inmóvil encima de la vieja cama pese al ritmo frenético del pulso que su corazón manejaba de forma frívola y dulce a la vez.
   La oscuridad de la habitación permitió que el tono anaranjado del cigarrillo alumbrara un poco su boca al volver a saborear el tabaco. El aire intoxicado huía de sus pulmones mientras ella permanecía tumbada. Alerta. Por sus venas corría la adrenalina sumergiéndola en un estado aún más consciente de aquel resistente deseo impermeable a la razón. Agradable y apetitoso como el mejor de los aromas, y venenoso al igual que una droga peligrosa.
   Tiró la colilla y respiró con calma, sonriendo. Sus ojos se rasgaron.

   A veces temer el riesgo, era el principal motivo para perseguirlo. Porque quien anhela algo desde las profundidades de su pecho, sabe que la voluntad no entiende de precios.

martes, 23 de diciembre de 2014

JERRY, microrrelato finalista de ER.

  Cuánto quisimos a Jerry. Y cuánto rencor le guardamos. Siempre había sabido enfrentarse al miedo para salvar a quienes amaba.     Entre nosotros surgió algo especial, una especie de unión sanguínea pese a no ser hermanos. Los cinco formamos un clan que fue nuestra fortaleza, la mano invisible que nos mantuvo juntos.
   Todo cambió. La maldita división política del país hizo que estallara la guerra entre nuestras tierras natales, y el Estado mandó a Jerry a las filas del ejército que se encontraban en la sierra. Eso significaba que combatiríamos los de la cálida región del sur contra los suyos. No obstante, en plena batalla, Matt cayó asesinado por Jerry. Y más tarde, nuestra armada mató a cada soldado del norte.  La noche en que lo despedimos aún sigue grabada en mi mente como una fotografía. A sus pies se hallaba acurrucado el felino que tanto amó.     Yo no sé si el alma existe, padre. Pero te prometo que en los ojos de aquel gato, donde nos reflejábamos los tres compañeros, vi el dolor de Jerry. A través de esas negras pupilas inocentes, él nos pidió perdón.