sábado, 29 de noviembre de 2014

El juego siempre terminaba igual. Las reglas eran las mismas aunque las estrategias se modernizaran. 
Los trucos mejoraban. Los gestos se volvían transparentes como el agua a medida que las partidas se iban iniciando una vez tras otra. Pero qué más daba el premio a ganar. Qué importaba quiénes participaran en las rondas. No había una sola noche en que las cosas cambiaran. El azar no tenía un lugar allí. Únicamente la mordacidad se escondía bajo la mirada de los rostros sedientos de dinero que, expectantes, sujetaban ávidamente sus fichas. 
Cerré los puños de forma silenciosa, reprimiendo una oleada de rabia mientras recordaba la promesa que le hice a Pablo. 
¿Qué sentido tenía apostar por la victoria en una mesa donde todas las cartas estaban impreganadas con el perfume del delito?

domingo, 23 de noviembre de 2014

La sombra de las agresiones.

La meta no es sobreponer a ninguna persona sobre otra. No hay que mirar las diferencias entre géneros con lupa y juzgarnos por quiénes somos. El enfrentamiento, la lucha, el desprecio, la infravaloración y muchas causas más, solo generan odio y rencor en los corazones de aquellos que conviven con la violencia, el miedo o simplemente el dolor arraigados en su pecho. Pero eso es lo que sucede cuando se olvida el único valor que nos debemos los unos a los otros; el respeto.
Recordemos siempre que, ante todo, seguimos siendo humanos con derechos. A soñar y vivir.

sábado, 15 de noviembre de 2014

El crimen perfecto.


   "Intento cerrar los ojos. Perderme en el silencio de la oscuridad. Dormir acompañado por el sonido nocturno de una ciudad que sigue despierta. O simplemente imaginar con los párpados bajados la hermosa silueta de la luna llena que se asoma al cristal. Pero nada funciona.
    Trato de desviar la atención de ese único nombre una y otra vez. Vuelco mis fuerzas en separarme de su recuerdo, el cual me persigue al igual que una sombra propia. Aun así, mis sentidos desobedecen cualquier orden. El oído arrastra su voz hacia mí, provocando que hasta el último de los suspiros que en algún momento salió de su boca termine erizando el vello de mi cuerpo y elevándome el pulso. El tacto simula, gracias a la memoria de algún contacto, que sus dedos recorren mi rostro, acariciándome con cuidado los poros y deslizando suavemente, con un verdadero gesto de cariño, los pulgares hasta el cuello. Su olor también me envuelve. Y en el interior de mi cerebro, la imagen de unos ojos negros, cálidos y transparentes, hace que el dolor cobre vida. Como si algo dentro de mi cabeza no fuera capaz de razonar. Como si el mismísimo diablo me hubiera castigado obligándome a desear lo que nunca sería mío.

   Aprieto los puños con rabia. Quizá es algo demasiado ambicioso querer saber por qué amo a otra persona por encima de mí mismo. Por qué no la olvido. Por qué el crimen perfecto es aquel que no tiene culpable."