jueves, 20 de febrero de 2014

Dirigí una última mirada al interior de la casa antes de partir, y me fui como quien se va a la guerra, cargado de valor y con el pánico incrustado en el corazón. 
La imagen que se reflejaba en el espejo de la entrada me recordó cómo el pasado no desaparecería nunca, anclado de por vida bajo mis ojos, llenándolos de la miserable riqueza que solo aquellos que saben sufrir conocen verdaderamente, mas eso era una cicatriz que formaba parte de mí. 
Quién podía adivinar si el reflejo sería distinto cuando regresara. El alma de los soldados que se enfrentan al peligro no siempre sobrevive junto a su cuerpo, pero eso no les impide salir al campo de batalla. El dolor es solo la consecuencia inevitable del tiempo que se agota.
Ojalá mis propios pasos fueran más fuertes que el inquebrantable eco de la incertidumbre. 

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