martes, 14 de enero de 2014

Efectos secundarios.

"Parpadeé en varias ocasiones. 
Frustración. Dolor. Rabia. Miedo. Todas esas sensaciones las había experimentado tantas veces en momentos similares a ese que ninguna me resultaba extraña. Pero aquella vez era algo completamente distinto. Ninguna presión me oprimía el pecho. No quedaban emociones dentro de mí. Solo un vacío inerte, plagado de dudas que nadie iba a disolver, pesaba sobre mi conciencia semejante a una barra de acero aplastando mis entrañas; helado y oscuro como el mismo corazón de la noche.
Acerqué el cuerpo hacia el espejo que estaba a unos centímetros de la puerta central y me perdí frente al reflejo inhumano que revelaba el cristal, vagando entre desagradables pensamientos que asomaban a unos ojos sin vida.
Cuando levanté la vista, me di cuenta de que ella había desaparecido. Acababa de irse evitando utilizar palabra alguna, dejando un rastro melancólico tras su huida silenciosa a través de los pasillos del hotel.
No le recriminé nada. No hubo gritos de histeria ni sentimientos cubiertos de furia encerrados bajo el silencio. Únicamente un colosal agotamiento afloraba desde las células que constituían mis huesos y terminaba en el interior de mi alma fatigada.
Dejé que la imagen del hombre exhausto me contemplara otro minuto más.
El cansancio podía ser el peor enemigo de cualquiera. Sobretodo cuando el tiempo no jugaba de parte de ningún mortal. "

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