martes, 30 de diciembre de 2014

Elixir.

   Entreabrió sensualmente los labios rojos como la sangre, dejando escapar una densa nube de humo a través de ellos. El alma le temblaba y se movía en su interior con una furia enérgica que rayaba en la locura extrema, pero la muchacha se mantenía inmóvil encima de la vieja cama pese al ritmo frenético del pulso que su corazón manejaba de forma frívola y dulce a la vez.
   La oscuridad de la habitación permitió que el tono anaranjado del cigarrillo alumbrara un poco su boca al volver a saborear el tabaco. El aire intoxicado huía de sus pulmones mientras ella permanecía tumbada. Alerta. Por sus venas corría la adrenalina sumergiéndola en un estado aún más consciente de aquel resistente deseo impermeable a la razón. Agradable y apetitoso como el mejor de los aromas, y venenoso al igual que una droga peligrosa.
   Tiró la colilla y respiró con calma, sonriendo. Sus ojos se rasgaron.

   A veces temer el riesgo, era el principal motivo para perseguirlo. Porque quien anhela algo desde las profundidades de su pecho, sabe que la voluntad no entiende de precios.

martes, 23 de diciembre de 2014

JERRY, microrrelato finalista de ER.

  Cuánto quisimos a Jerry. Y cuánto rencor le guardamos. Siempre había sabido enfrentarse al miedo para salvar a quienes amaba.     Entre nosotros surgió algo especial, una especie de unión sanguínea pese a no ser hermanos. Los cinco formamos un clan que fue nuestra fortaleza, la mano invisible que nos mantuvo juntos.
   Todo cambió. La maldita división política del país hizo que estallara la guerra entre nuestras tierras natales, y el Estado mandó a Jerry a las filas del ejército que se encontraban en la sierra. Eso significaba que combatiríamos los de la cálida región del sur contra los suyos. No obstante, en plena batalla, Matt cayó asesinado por Jerry. Y más tarde, nuestra armada mató a cada soldado del norte.  La noche en que lo despedimos aún sigue grabada en mi mente como una fotografía. A sus pies se hallaba acurrucado el felino que tanto amó.     Yo no sé si el alma existe, padre. Pero te prometo que en los ojos de aquel gato, donde nos reflejábamos los tres compañeros, vi el dolor de Jerry. A través de esas negras pupilas inocentes, él nos pidió perdón.

sábado, 29 de noviembre de 2014

El juego siempre terminaba igual. Las reglas eran las mismas aunque las estrategias se modernizaran. 
Los trucos mejoraban. Los gestos se volvían transparentes como el agua a medida que las partidas se iban iniciando una vez tras otra. Pero qué más daba el premio a ganar. Qué importaba quiénes participaran en las rondas. No había una sola noche en que las cosas cambiaran. El azar no tenía un lugar allí. Únicamente la mordacidad se escondía bajo la mirada de los rostros sedientos de dinero que, expectantes, sujetaban ávidamente sus fichas. 
Cerré los puños de forma silenciosa, reprimiendo una oleada de rabia mientras recordaba la promesa que le hice a Pablo. 
¿Qué sentido tenía apostar por la victoria en una mesa donde todas las cartas estaban impreganadas con el perfume del delito?

domingo, 23 de noviembre de 2014

La sombra de las agresiones.

La meta no es sobreponer a ninguna persona sobre otra. No hay que mirar las diferencias entre géneros con lupa y juzgarnos por quiénes somos. El enfrentamiento, la lucha, el desprecio, la infravaloración y muchas causas más, solo generan odio y rencor en los corazones de aquellos que conviven con la violencia, el miedo o simplemente el dolor arraigados en su pecho. Pero eso es lo que sucede cuando se olvida el único valor que nos debemos los unos a los otros; el respeto.
Recordemos siempre que, ante todo, seguimos siendo humanos con derechos. A soñar y vivir.

sábado, 15 de noviembre de 2014

El crimen perfecto.


   "Intento cerrar los ojos. Perderme en el silencio de la oscuridad. Dormir acompañado por el sonido nocturno de una ciudad que sigue despierta. O simplemente imaginar con los párpados bajados la hermosa silueta de la luna llena que se asoma al cristal. Pero nada funciona.
    Trato de desviar la atención de ese único nombre una y otra vez. Vuelco mis fuerzas en separarme de su recuerdo, el cual me persigue al igual que una sombra propia. Aun así, mis sentidos desobedecen cualquier orden. El oído arrastra su voz hacia mí, provocando que hasta el último de los suspiros que en algún momento salió de su boca termine erizando el vello de mi cuerpo y elevándome el pulso. El tacto simula, gracias a la memoria de algún contacto, que sus dedos recorren mi rostro, acariciándome con cuidado los poros y deslizando suavemente, con un verdadero gesto de cariño, los pulgares hasta el cuello. Su olor también me envuelve. Y en el interior de mi cerebro, la imagen de unos ojos negros, cálidos y transparentes, hace que el dolor cobre vida. Como si algo dentro de mi cabeza no fuera capaz de razonar. Como si el mismísimo diablo me hubiera castigado obligándome a desear lo que nunca sería mío.

   Aprieto los puños con rabia. Quizá es algo demasiado ambicioso querer saber por qué amo a otra persona por encima de mí mismo. Por qué no la olvido. Por qué el crimen perfecto es aquel que no tiene culpable."

domingo, 5 de octubre de 2014

Orígenes.

   La fuerza del viento ondeó el cabello dorado del guerrero en lo alto de la montaña. Sus ojos se mantenían firmes, prácticamente perdidos dentro de sí mismos, y parecían querer abrirse paso entre las nubes para regresar al suelo, a algún lugar donde encontrar la verdad. 
   Pese a tener las pupilas fijas sobre el horizonte, el joven se hallaba lejos, muy lejos de aquella cima y de los nuevos territorios que aún continuaban siendo desconocidos. Las duras facciones del hombre revelaban el anhelo de hallar el origen de la extraña sensación que seguía envolviendo su pecho. Apenas habían pasado unas semanas desde que partió de Leddarik y escasas noches separaban el ayer del hoy, pero después de tantos meses de peligrosas y temibles batallas, la decisión de abandonar la antigua ciudad de la guerra había crecido tanto que terminó convirtiéndose en una orden. Salir de allí comenzó a ser una buena opción. Un aliento fresco para los sentidos tras haber logrado sobrevivir a la lucha.
   El soldado nórdico bajó los párpados. Era una sorpresa que todos sus recuerdos ocuparan un ínfimo espacio en la cabeza, almacenados al fondo de su mente. Le habían acompañado durante mucho tiempo y ahora parecían difuminarse debido a la niebla del presente. La armonía proseguía guardando tales momentos, sin embargo, no pesaban sobre sus hombros. Solo estaban ahí, descansando en la memoria. 
    Él supo antes de marcharse que quedaban miles de huecos que llenar con la experiencia de los viajes. A pesar de las predicciones, de las cuales varias se hicieron realidad, no advirtió que pudieran ser ocupados tan rápidamente por la delicadeza y la fluidez lenta y bella del contacto humano, del suave tacto de la fuerza de la atracción y de la energía de las emociones. Cualquiera de ellos más potente que las leyes físicas o los poderes divinos de los dioses. Únicamente un oleaje de fiereza, de rabia cubierta de una extraña gratitud, lo rodeaba. Oponer resistencia resultaba inútil cuando no se trataba de clavarle la espada al enemigo.
   El frío enrojeció sus ojos del color del mar vikingo mientras recordó la cálida sonrisa de aquella mujer.
   ¿Cómo describir la llama que había encendido tan arrogante fuego, el que había hecho arder el gélido corazón del mejor guerrero de las tierras de Aramyd?

martes, 26 de agosto de 2014

El tacto de la guerra.


   La claridad del amamecer comenzó a envolver todo el bosque. Kirsten terminó de guardar las pertenencias de los dos en un pequeño saco y arropó a su hermano con un par de mantas. Pese a estar lejos del núcleo de la ciudad, resguardados de las gélidas temperaturas gracias a los enormes y frondosos árboles que les rodeaban, aún notaba el frío congelando sus huesos. El viento helado proveniente del este le acariciaba la piel dolorida de las mejillas, secándole los ojos enrojecidos y acunando su mirada endurecida. Dejó las pupilas perdidas en el cielo mientras la silenciosa brisa traía ecos de tiempos pasados.
   Las voces del ayer regresaron con el movimiento del aire. Cuánta distancia los separaba de la querida atmósfera de su infancia, en la cual habían crecido con la calidez y el amor del pueblo. Durante otros meses y años hubo restos de alegría dentro de los hogares. En el fondo de los corazones perduraba la ilusión. Un rastro de esperanza mantenía despiertas a familias enteras y a través de ella niños y adultos conservaban las ganas de vivir. Pero recordó la imagen de las viviendas en llamas. Del mal cayendo de los aviones en forma de bombas, destruyendo el futuro de miles de personas y obligando a los supervivientes a huir. Asolando uno de los rincones de la Alemania natal de ella y de Axel. Dibujando caminos de sangre sobre el suelo y permitiendo que millones de cuerpos inertes recorrieran las calles.
   El aroma de la muerte pesaba en su memoria. No obstante, al menos ambos habían logrado escapar. La naturaleza que los rodeaba seguiría siendo un cómodo lugar en el que dormir si las tropas policiales del gobierno no traspasaban los límites de la zona norte. Aunque cualquier cosa podía ocurrir.
   La afectuosa voz de Axel le devolvió al presente. Puso un brazo alrededor de su cuello y le besó suavemente.
   -Buenos días, mi reina-dijo el joven.
   Kirsten giró la cabeza hacia él. Sus ojos azules guardaban en el interior de la retina una fuerza admirable. Transmitían una resistencia y una capacidad de superación muy bellas. Y reflejaban poder. El verdadero poder. El que nacía del honor, de la protección y de la humanidad.
   -¿Has dormido bien?
   -He soñado con ellos. Ya sabes, los mismos recuerdos de siempre. No consigo evitar echar de menos a Dustin y a Bill.
   Ella le abrazó.
   -Nunca vamos a dejar de quererles. Serán parte de nuestras vidas hasta que desaparezcamos. Debemos aceptarlo. Yo tampoco puedo olvidarles.
   -Ojalá esto termine pronto, hermana. Te prometo que estaremos juntos hasta el final.
   Las lágrimas asomaron a los párpados de la chica. A pesar de contar con solo doce años, se había convertido en una adulta mucho tiempo atrás. Al igual que su mellizo.
   -Sí, Axel. Aunque para ello tengamos que desafiar a la ley. Aunque para ello halla que derrotar al viejo amigo que hoy es enemigo. Aunque sobrevivir signifique correr, ocultarse o asesinar. Tú y yo. Siempre.

   El color rosado de la mañana tiñó el cielo a la vez que ella se acurrucaba en el pecho del joven. La promesa se tatuaría sobre aquellas tierras manchadas por la monstruosidad del hombre durante cientos de años.

martes, 29 de julio de 2014

80's.

   Miles de recuerdos se posaron en mi cabeza. Pese a haber pasado tan poco tiempo juntos, unas semanas habían bastado para que conociéramos el verdadero mensaje de la fidelidad. La amistad no era una palabra, si no un espejo que nos reflejaba y que nos unía a través los secretos más profundos del corazón.
   Sonreí. Me alegraba saber que ya no existían las distancias. La confianza había creado unos lazos irrompibles durante aquel último mes de otoño. Nuestros caminos se separarían muy pronto, pero esa diminuta ciudad americana siempre conocería las travesuras de los cinco.
   Sí. Aquella noche la magia existía. 
   Continué colocando invitaciones encima de las mesas. La celebración de la llegada de la familia se Ryan nos emocionaba a unos y a otros, y habíamos decidido montarles un buen recibimiento. 
   Vi a un montón de enamorados, de amigos y de compañeros reír y conversar bajo las luces de la fiesta. La música comenzó a sonar y varios jóvenes se levantaron de sus asientos para invitar a diferentes chicos y chicas a la pista de baile. Cindy y Tommy ya habían empezado a practicar diversas coreografías en el centro del club, y Ginger y Daniel bailaban alrededor de ellos, realizando unos pasos tan bonitos como difíciles. Nos guiñamos un ojo. Qué maravillosa parecía a veces la confianza. Sentí que estábamos en casa. ¿Quién hubiera dicho que, siendo completamente distintos, íbamos a terminar convirtiéndonos en una pandilla de personas libres, cuyos miedos y problemas nos habían ayudado a crecer gracias a nuestro mutuo apoyo? Para mí eso significaba el amor. El compromiso sin interés. Los favores sin devolución. El aprecio real.
    De pronto, una sombra cubrió mi posición y noté que un par de manos tiraban de las mías con dulzura. Se trataba de John. Me levanté y acepté la propuesta de disfrutar de la canción. Nos movimos hasta el escenario y permití que cruzáramos ambas miradas. Sus ojos castaños y rebeldes observaban mis negras pupilas de forma intensa, prendidos por un fuego que desprendía una calidez especial, incluso dulce. Posé los dedos sobre su cuello y dejé que la melodía nos impulsara a los dos, contemplando su largo cabello semioscuro con curiosidad y pasión. Él acercó los labios a mi boca y agradecí aquel suave contacto, el cual me envolvió en una eterna sensación de protección y cariño. El criminal y la princesa juntos. La primera vez que se oiría algo así en el barrio. Pero qué importaba.
    Me acarició la mejilla y susurramos a la vez que la voz de los altavoces: <<Don't you forget about me... >>.

lunes, 23 de junio de 2014

Mandíbulas de fuego.

    Dejé el laúd a mis pies y escogí prestar atención durante unos minutos a las melodías que desprendía la naturaleza. 
    Entonces apareció.
    La luz de la luna iluminaba su figura desde el lado opuesto de la gran explanada de hierba que separaba nuestra cabaña del camino que conducía al lago. La bestia esperaba con las garras sobre la tierra mojada a que algo le incitara a continuar en movimiento. Algo similar a lo que le había traído hasta allí. La música. 
    El pulso se me aceleró antes de poder comprobar que no había mucha distancia entre la criatura y yo. Pero cuando levanté la vista, una curiosidad honda y fuerte surgió de mi pecho de una manera increíblemente intensa a pesar de saber que debía huir. Se me antojó una sensación pura y al mismo tiempo antinatural, impropia de un joven aprendiz de herrero. ¿Qué demonios me sucedía?
    Observé con el corazón en un puño cómo aquel reptil alado no apartaba sus ojos amarillentos de los míos. Miles de historias comenzaron a cobrar vida a través de los recuerdos. Horribles relatos que había escuchado cientos de veces en la antigua cueva de los Levör antes de cambiar de zona de asentamiento. Cuentos sangrientos sobre las luchas que los propios supervivientes habían librado cuerpo a cuerpo con ellos, acerca de los cuales se decía que eran enviados por los dioses del norte para probar la fuerza del pueblo vikingo. Incluso canciones que era aconsejable escuchar solo de día y no cantar jamás en la penumbra vinieron a mi mente. ¿Acaso había existido alguien, durante todos aquellos siglos de caza y captura, de luchas y bajas en la batalla, que hubiera afirmado que los dragones no mataban por placer?
    La respiración profunda y acompasada del animal me sacó de los delirios. Estaba situado delante de mí, apenas a tres metros.
    Recordé de forma súbita las lecciones de la familia. El trofeo y el título de príncipe que me serían entregados al cumplir dieciocho años tras conseguir que uno de esos monstruos no volviera a volar jamás, cortándole las enormes alas. Los metales preciosos y el dinero que tendría bajo la cama. El gran número de trajes que la piel de aquellos lagartos gigantes podrían elaborar...
    Y decidí seguir mi propia suerte. Sucediera lo que sucediera. Necesitaba saber si las leyendas se basaban en hechos reales. Quería conocer la verdad. Deseaba contemplar a un dragón frente a frente antes de morir. 
    Y lo hice.
    La bestia, de un color azulón oscuro y moteada con manchas rojizas, ocultó sus enormes colmillos y extendió el cuello hacia mí, mostrándome unas pupilas que brillaban en la oscuridad como si se tratara de perlas negras. Entonces posé los dedos encima de su cabeza y vi evaporarse de sus ojos al miedo, el cual fue sustituido por una cariñosa mueca de alivio.
-¡Por las barbas de Thor!-susurré mientras sonreía-.Solo eran palabras sin sentido...

viernes, 13 de junio de 2014

Una pequeña pausa para observar el mundo con los ojos cerrados. Un respiro que no interrumpa el silencio. Un segundo que se pierda en el tiempo y nos coloque en el lugar correcto. Una lágrima que ahogue el sufrimiento eternamente. Una brisa de aire que nos devuelva las ilusiones. Un cielo bajo el que las estrellas guarden nuestros secretos. Una puerta por la que escapar del dolor que duerma dentro de las almas de los mortales. Un deseo que nos impulse a seguir caminando hacia cualquier lugar. Un grito que sea el eco de aquello que jamás fuimos capaces de pronunciar. Una caricia que nos haga abandonar la oscuridad. Una mirada que despierte el sentido de la existencia. Un sentimiento que pinte de color los recuerdos en blanco y negro.
Una sonrisa de sincera alegría.

jueves, 8 de mayo de 2014

Diario de T.J.

Odiaba aquel callejón. Estaba desierto. Vacío. Al igual que yo. En él siempre reinaba el silencio. Como un guardaespaldas. Como una sombra de la propia oscuridad que albergaban sus paredes cubiertas por pinturas urbanas. El eco de la vida nocturna se escondía bajo los escombros, los restos de basura y los cristales rotos que dormitaban allí. Era el sitio idóneo para que no te encontraran, para delinquir sin límites y sentirse libre... el lugar ideal para cometer un asesinato y continuar siendo inocente. 
Los cinco miramos fijamente durante largo rato ese rincón aislado y frío con los ojos enrojecidos.
Cada anochecer, al pasar delante de aquella zona, a nuestra mente acudían las imágenes de un río rojo deslizándose sobre su suelo descolorido.
Un río que ahora desvelaba la ausencia del que hoy, a nuestro lado, cumpliría dieciocho años. 


jueves, 24 de abril de 2014

"No le extrañó que algunos personajes huyeran de la realidad creando un nuevo mundo de ficción donde poder ser libres. Cuántos no harían lo mismo. 
Pero a veces soñar salía demasiado caro. Tanto, que no dejaba espacio para nada más. Ni siquiera para respirar. Porque en ocasiones la oscuridad era más densa con los ojos abiertos."


miércoles, 2 de abril de 2014

La marea negra.

El papel me devolvía la mirada cargado de un vacío sobrenatural, como si él fuera el juez al que se enfrentaba mi conciencia cada noche.
Al igual que otros días, las mismas preguntas danzaban alrededor de la pluma del escritorio. ¿Cuáles eran las consecuencias de indagar en el deseo puro, en el impulso oscuro y continuo de querer plasmar a través de las palabras la esencia de los sueños prohibidos, los que nunca se pronuncian delante de uno mismo por temor a reflejarse sobre el espejo de la verdad? ¿Por qué callar y camuflar aquellas ilusiones que siempre se retenían entre versos y párrafos con distinta procedencia, distinto nombre, distinto personaje pero que realmente eran fragmentos de una vida sola, de una utopía perteneciente al mundo real? 
Aquella vez era diferente. Un silencio aterrador cabalgaba entre las hojas amarillentas que esperaban a ser testigo de las locuras que me abrasaban la mente. Estaban expectantes, vibrantes... y casi podía apreciar su temblor a causa de la emoción.
Entonces ocurrió. 
Estallé.
A veces existen motivos ocultos en las profundidades del corazón tan fuertemente arraigados y enterrados bajo el subconsciente, que no hay nada capaz de cavar hasta hallarlos y depositarlos fuera del cuerpo, lejos del individuo, limpiando así el contenido completo del órgano. En tales circunstancias, el llanto solo sirve para aliviar la presión "física". No permite barrer las razones iniciales que, como un parche de hielo, siguen adheridas al sujeto.
Alcé las manos y me cubrí el rostro un segundo antes de que el horror empezara a acomodarse en el ambiente, muerto de miedo. Mi alma desprendió una milésima parte del sufrimiento sobre las gotas de agua salina que brotaban de mis ojos enrojecidos.
La tinta pronto engulliría el dolor. 
Al fin y al cabo, las mareas negras hundían a cualquier barco sin resistencia.


sábado, 22 de marzo de 2014

16 de Octubre de 1938.

Las hostiles ráfagas de viento que entraban por el ventanal hacían ondear mi cabello sobre la almohada, como si pretendieran vaciar la habitación de los restos de la memoria que aún chapoteaban en el río de dolor que el pasado y las experiencias habían formado dentro de mí.
Sin querer, un recuerdo acudió a acunarme durante aquella fría noche de noviembre. <<¡Qué buen aspecto tienes, Mark! Quién diría que has regresado de una sangrienta batalla hace tan pocos días.>> Esas habían sido las palabras de Joe al reencontrarnos tras bajar del gran barco que nos traía de vuelta a todos los soldados desde la zona de la sublevación. Su sonrisa llena de convicción y totalmente carente de astucia, inocente y repleta de ingenuidad, contrastaba con las almas vacías y perdidas de mis compañeros, algunos de los cuales no regresaban esa vez a la tierra firme y segura que llamábamos hogar.
Me revolví en la cama, incapaz de conciliar el sueño.
Qué difícil podía llegar a ser el hecho de que las cicatrices más aterradoras nunca estuvieran a la vista. Aunque quizá fuera aquel el secreto. Al final, nuestra conciencia era el único testigo del valor que habíamos derrochado para salvarnos no a nosotros, si no a la masa de naciones que se hacían denominar humanidad enviando a hombres a perder la vida en la guerra y obligándolos a conocer el concepto de asesinar cuerpos y esperanzas.

jueves, 13 de marzo de 2014

Esencia.

   Toc, toc.
   Recuerdo cada detalle. Los surcos, las huellas, las siluetas abstractas, los trazos... todo escrito con el intenso color de la sangre, que aún estaba caliente y repleta de vida, desprendiendo un fuerte y delicioso aroma, cuando fue depositada sobre el lienzo. Era una obra de arte acerca de la belleza interior, aquella que se esconde en lo más profundo de los seres humanos. 
   A pesar de hallarme sola, no sonrío. Demasiadas cámaras controlan cada bocanada de aire que suelto.
   Unos pasos próximos a la habitación me advierten de que alguien se aproxima, forzándome a abandonar el mundo de la memoria y su poder de completa absorción.
   Toc, toc. El metrónomo continúa girando de un lado a otro, activo, aunque lo detengo antes de que él entre en el cuarto. Odia el sonido mecánico y repetitivo que produce. Le resulta estresante. Lo sé porque no me lo ha dicho.
   Una suave fragancia inunda el lugar cuando traspasa la puerta. Sus zapatos son lo primero que veo sin necesidad de levantar la vista. Se sitúa detrás de mí, a unos cuantos metros, manteniendo una distancia neutral. Espera un cálido recibimiento que tampoco apareció durante la sesión número uno, pero no desiste en despertar mi nerviosismo pese a llevar ya dos semanas de terapia.  
    Muevo los labios hasta alcanzar un ángulo que representa una pizca de malicia totalmente oculta gracias a una mueca de inocencia.
   Aquel hombre desea cazar alguna de mis debilidades a cualquier precio. Aprecio la voluntad férrea que lo impulsa a seguir investigando el caso.
   -¿Es incómodo que continúe dándote la espalda?
   La pregunta parece no sorprenderle. 
   -Sabes que solo he venido para que descubramos la verdad.
   Dejo que mi boca componga una fina línea, adquiriendo un gesto serio. 
   -Te agradezco el favor. Aquí nadie puede sacarme de los fantasmas del pasado. Excepto tú.
   Coloco los dibujos del escritorio encima de la cama y deslizo el cuerpo entre las mantas, desviando la vista hacia la figura en mitad de la sala.
   -No olvides que debes concentrarte mucho. Ver con claridad no es fácil-asegura.
   Ayudándome de un movimiento grácil y elegante aparezco en la mesa, sentada delante de una pila de cables que terminarán transportándome a los años de la infancia.
   -He aclarado que no hago este trabajo por cuestiones económicas-afirmó-. ¿Preparada?
   Mientras sujeta mis manos, clavo la mirada dentro de sus enormes ojos verdes, tan bondadosos que se me antojan los de un ángel. Los míos son los antagonistas de la historia.
   Nuestras pupilas se enfrentan alrededor de un minuto íntegro, observándonos sin parpadear. Un millón de imágenes recorren ambas mentes, mas ninguno de los dos nos permitimos caer en una etapa de recuerdos que no guarde relevancia. Percibo su pulso calmado a través de los dedos, los cuales aferra cariñosamente, y disfruto del placer de sentirme segura debido a su compañía. Se trata de un corazón limpio al que las heridas del ayer tiñen de rojo al rememorar segundo tras segundo la gran pérdida de su existencia. Si concreto, un detective que necesita recuperar la confianza en el destino y en las personas. 
   Evitando pensar en la cara diabólica de las consecuencias, acaricio sus brazos empleando un movimiento lento y tímido, incluso impreciso, y me sumerjo bajo la escena seleccionada: el presunto asesinato.
   Justo después de acompasar la respiración a la suya y de haber cerrado los párpados, no consigo evitar susurrarle al oído algo que emerge desde un oscuro e insondable rincón de mi alma hacia el exterior.
   -Lo siento, John. 

jueves, 20 de febrero de 2014

Dirigí una última mirada al interior de la casa antes de partir, y me fui como quien se va a la guerra, cargado de valor y con el pánico incrustado en el corazón. 
La imagen que se reflejaba en el espejo de la entrada me recordó cómo el pasado no desaparecería nunca, anclado de por vida bajo mis ojos, llenándolos de la miserable riqueza que solo aquellos que saben sufrir conocen verdaderamente, mas eso era una cicatriz que formaba parte de mí. 
Quién podía adivinar si el reflejo sería distinto cuando regresara. El alma de los soldados que se enfrentan al peligro no siempre sobrevive junto a su cuerpo, pero eso no les impide salir al campo de batalla. El dolor es solo la consecuencia inevitable del tiempo que se agota.
Ojalá mis propios pasos fueran más fuertes que el inquebrantable eco de la incertidumbre. 

domingo, 9 de febrero de 2014

El anochecer.

   Abrí las dos ventanas y esperé a que el brillo de las estrellas que conformaban la bóveda celeste se apagara por completo. Una brisa fresca de aire nocturno parecía empujar el contorno de la luna llena desde aquel ángulo, la cual iluminaba las calles con una luz frágil y espectral. Las sombras que el cielo proyectaba sobre el terreno envuelto por la negrura se abalanzaban encima de los rincones del pequeño pueblo perdido entre la niebla, dibujando una capa de oscuridad que cubría los rincones del lugar y lo sumergía bajo una atmósfera de quietud fantasmal.

   Al acercarme a la puerta, comprobé que Carey no deambulaba dentro de la casa. Solía dormirse muy temprano, pero aún así me aseguré de que nadie irrumpiera en la habitación en mitad de aquel insomnio que yo misma me obligaba a padecer. Nuestros padres se habían marchado hacía muchos días y no volverían hasta la semana siguiente, así que no existía el riesgo de que descubrieran la verdad.

   Miré el reloj. El sueño y el cansancio adoptaban la forma de unos enemigos invisibles que querían succionar mi voluntad, pero intenté mantenerme despierta. Sabía que un último esfuerzo merecería la pena aunque se consumieran todas mis fuerzas. Necesitaba sentir aquella mágica oleada de sensaciones de nuevo aunque eso implicara enfermar debido a la falta de descanso.
Un leve silbido del viento después de la medianoche hizo que volviera a recuperar la esperanza. Se trataba de un sonido suave, casi imperceptible, que flotaba en el eco de la oscuridad como un hermoso espíritu buscando un cuerpo cálido donde refugiarse. De un modo lento me levanté de la cama con un cúmulo de sábanas rodeando mi silueta para soportar el frío invernal que entraba a través de los cristales. 

   Cuando levanté la vista, mis pupilas se dilataron a una velocidad impensable, dominadas por una atracción que excedía cualquier sentimiento humano. 

   Sentada encima del mirador, con sus profundos y abismales ojos fijos en mí, balanceando los pies descalzos y blanquecinos sobre el seno de la penumbra, se encontraba la criatura más fascinante y asombrosa que hubiera visto jamás. Durante unos segundos observé cómo la palidez extrema de la piel de aquel ser increíblemente atrayente se fundía con el color de las tinieblas, envueltas por un halo de ferocidad. Un montón de telas de tonos rojizos y grises decoraban su esbelta figura, semejante a la de un ángel sin alas, bella y hermosa, y solo los restos de una camisa de aspecto antiguo y carácter elegante acariciaban su pecho. 

   Contuve la respiración y, antes de aproximarme hacia él, contemplé los finos rasgos que le aportaban un toque de dulzura quimérica a aquel joven de naturaleza misteriosa y perfección inquietante. La línea que trazaba el filo de sus labios era de un rojo tan intenso que me consideré incapaz de apartar la mirada de ellos, los cuales tenían un poder de absorción de los sentidos deliciosamente efectivo. Y aquel iris del color de la sangre, penetrante y lleno de seguridad, parecía esconder tras de sí un infinito mundo de sabiduría y secretos, que se reflejaba sobre su penetrante y sensual actitud, intimidatoria mas no cínica, si no, pese a extraño que sonara, educada.

   Era la quinta noche que visitaba nuestro hogar.

   Debido a un impulso instintivo, di unos pasos al frente y me quedé escuchando los propios latidos de mi corazón, que resultaron componer la melodía de lo único que estaba vivo dentro de ese cuarto. Entonces, algo hizo ondear su cabello azabache, posando los mechones de pelo alrededor de aquellas facciones delicadas y extraordinarias, tan inocentes como diabólicas, y comenzó a silbar, permitiendo que el aire obedeciera con satisfacción sus órdenes. Las de un apuesto príncipe en busca de un alma con la que saciar el hambre.




martes, 28 de enero de 2014

Estrellas fugaces.

Dejé caer la mochila sobre mis hombros con un grácil movimiento de muñeca y me retiré de las mejillas el cabello rebelde que el viento hacía oscilar sobre mi piel. Después de haber andado tantos kilómetros acompañados por las luces violáceas que el cielo había proyectado encima de nosotros, nada iba a obligarnos a detener el viaje. Los tres deseábamos sentir el tacto frío y húmedo de la hierba debajo de los pies, como tantas veces lo habíamos soñado e imaginado, pero para ello debíamos continuar caminando hacia el norte sin perder el rumbo. 
Volver al lugar donde todo comenzó continuaba siendo un motivo para seguir adelante. Era algo mágico y a la vez sencillo que nos recordaba la importancia de la supervivencia dentro de la vida.
Agarré a Tommy de la mano y le coloqué el gorro de forma que la tela abrigara bien sus orejitas, entumecidas debido al frío que nos había alcanzado unas horas atrás, al anochecer.
-¿Cuándo vamos a llegar a casa, Drusilla?-su voz se asemejaba a un tierno susurro en medio de la noche.
Acaricié los rizos rubios que pertenecían al miembro más pequeño de mi familia.
-Pronto. Ya casi puedo oír el murmullo del río que nos despertaba cada mañana.
¿Lo recuerdas?
Él y Nathan asintieron vigorosamente.
-Sueño con él día y noche-declaró el hermano mayor.
-Tranquilos-dije de manera cálida-, esto es solo el comienzo. Regresar significa unir nuestros corazones de nuevo-señalé la bóveda celeste que, casi negra, nos envolvía-. No hay nada que temer si permanecemos juntos... aunque todo esté oscuro.

martes, 14 de enero de 2014

Efectos secundarios.

"Parpadeé en varias ocasiones. 
Frustración. Dolor. Rabia. Miedo. Todas esas sensaciones las había experimentado tantas veces en momentos similares a ese que ninguna me resultaba extraña. Pero aquella vez era algo completamente distinto. Ninguna presión me oprimía el pecho. No quedaban emociones dentro de mí. Solo un vacío inerte, plagado de dudas que nadie iba a disolver, pesaba sobre mi conciencia semejante a una barra de acero aplastando mis entrañas; helado y oscuro como el mismo corazón de la noche.
Acerqué el cuerpo hacia el espejo que estaba a unos centímetros de la puerta central y me perdí frente al reflejo inhumano que revelaba el cristal, vagando entre desagradables pensamientos que asomaban a unos ojos sin vida.
Cuando levanté la vista, me di cuenta de que ella había desaparecido. Acababa de irse evitando utilizar palabra alguna, dejando un rastro melancólico tras su huida silenciosa a través de los pasillos del hotel.
No le recriminé nada. No hubo gritos de histeria ni sentimientos cubiertos de furia encerrados bajo el silencio. Únicamente un colosal agotamiento afloraba desde las células que constituían mis huesos y terminaba en el interior de mi alma fatigada.
Dejé que la imagen del hombre exhausto me contemplara otro minuto más.
El cansancio podía ser el peor enemigo de cualquiera. Sobretodo cuando el tiempo no jugaba de parte de ningún mortal. "