martes, 24 de diciembre de 2013

El hombre volvió a posar el pálido cigarrillo sobre sus labios color chocolate a la vez que se inclinaba hacia delante, colocando ambas manos detrás de la espalda y componiendo un gesto de furia mientras me observaba.
-Cierra los ojos y desaparece. Fúndete con el caos que vive dentro de ti.-ordenó de un modo directo-. Cualquier esquina del infierno es más acogedora que el propio mundo. Se trata de una ley natural. Todo nace y vuelve a morir. Únicamente existe la reencarnación en la fría e insidiosa culpabilidad humana. La supervivencia resulta ser una excusa que mantiene el terror bajo las rejas del alma. Una triste leyenda sin dueño ni destino que se propaga a través del aire que respiramos de una forma tan violenta como la peor enfermedad que nuestra especie haya conocido.
Observé aquel par de ojos negros tratando de no desviar la vista. El entrenamiento militar no solo había tenido la finalidad de inmunizarme ante los golpes externos. Podía oler el miedo a distancia y estaba preparado para luchar contra mí mismo. El horror ajeno tomaba la forma de los aplausos silenciosos que me impulsaban a actuar. 
Sin embargo, ese extraño compañero intentaba negar cualquier evidencia física que delatara el pánico que le corroía desde dentro. Aquello que decía se lo gritaba a su subconsciente. Y yo percibía el aroma del autoengaño recayendo sobre él, atormentando cada uno de sus músculos...
El tipo se movió y susurró las últimas sílabas de ese guión que, por desgracia, no formaba parte de una historia irreal.
-Mira alrededor. Si tu corazón late, está mintiéndote. Nunca has estado vivo.
El frío inundó mis extremidades, sumergiéndome en la misma atmósfera de negación que aquella figura había creado. ¿Por qué no podía combatir frente a esa estúpida sensación de vacío?
Nada me hizo sentir más miserable que aquellas tristes palabras.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

A los días sucios, los ojos limpios.

La belleza es invisible. Se esconde en el aire, bajo las suaves ráfagas de viento que nos acarician cuando nace el sol cada mañana, en el color de las emociones, en la pureza de las sonrisas, en la sinceridad que se refleja sobre las pupilas de cualquier ser humano, en el cielo y en la tierra, en los sueños y en la realidad. Incluso en las pesadillas, donde los miedos se convierten en las más hermosas y a la vez terroríficas figuras que nos ayudan a vencer las debilidades interiores y a superarnos a nosotros mismos. Aunque, sobretodo, se oculta en el corazón, porque él es quien decide verla y emplear el método de la observación para conseguir que jamás desaparezca de su campo de visión, a pesar de la inmensa cantidad de dolor y sufrimiento que pueda haber a su alrededor. 
De una u otra forma, la habilidad de sentir está unida a la voluntad, a la esperanza y a la búsqueda de la certeza. Pero, a veces, resulta muy difícil ver a través de la niebla que generan los problemas, las consecuencias y las situaciones, como si una extraña oscuridad nos cegara e impidiera que mirásemos fuera de los daños que se acumulan dentro de la línea del tiempo y de la conciencia. Una capa de presión se aferra a nuestros párpados y nos obliga a vivir con temor, volviéndonos insensibles e indiferentes a la luz del sol y al brillo de las estrellas, incapaces así de percibir el calor de la vida. Sin embargo, pese a que los hechos jamás se borran y los sentimientos no se controlan, el camino de las sombras es un buen lugar para luchar contra los fantasmas que ahogan a la satisfacción y a la alegría e intentan devorarlas. Y las batallas más dignas de admirar se libran entre almas que combaten por escapar de la oscuridad de su diminuto universo.
¿Qué es la belleza, si no la magia que envuelve al mundo? 

miércoles, 4 de diciembre de 2013

"Algunas veces estallar significa liberarse. De uno mismo, en la mayoría de las ocasiones. Y resulta tan... satisfactorio, que, cuando consigues desprenderte de todo lo que habita dentro de ti, sientes un profundo alivio. Estás solo, es cierto. Pero escuchar cómo el viento se mueve, notar la delicadeza con que los miedos y las preocupaciones abandonan tu cuerpo, y percibir la manera en que el frescor de las emociones debilita el poder de la memoria y renueva el ritmo de tus pulsaciones... No tiene ningún precio. 
Avanzar implica dejar atrás los recuerdos y, por encima de cualquier cosa, nunca posar la vista sobre el pasado."