miércoles, 20 de noviembre de 2013

Y quién sabe si oirás mis latidos.

"Lentamente desciendo hasta tocar la hierba con las rodillas. La lápida se encuentra escondida bajo las pequeñas plantas que han crecido a su alrededor, semioculta por la vegetación, mas aún puedo localizarla sin problemas. 
El sol descansa sobre el cielo rosado mientras sus últimos rayos comienzan a deslizarse tras las enormes montañas, a miles de kilómetros del mundo mortal, y noto cómo la luz empieza a abandonar el lugar, dejándome sola. 
El movimiento de las hojas es lo único que consigo percibir, débil y cálido. Permito que mis párpados se cierren y el silencio de la naturaleza me envuelva. Allí, a pesar del peso que encierran los recuerdos, siento que no dependo de nada. El paso del tiempo parece ser lo único que se cierne alrededor de los huesos enterrados. Ya no hay espacio ni lugar para la tristeza. La sangre que un día fue derramada tiñó las nubes del color de la victoria y hoy no queda ningún rastro del dolor que asedió el pueblo. 
Suelto una bocanada de aire y paso los dedos sobre la vieja caja del ataúd, intentando deshacerme del polvo que acaricia la oscura madera. La paz finalmente ha posado los pies cerca de las tierras, aquellas que, un día, fueron nuestras.
Sé que volverá a amanecer, al igual que todos los meses. Sin embargo, ya no soy capaz de mirar al horizonte sin preguntarme qué te habrá deparado la otra vida. Es duro seguir adelante cuando no encuentro el camino correcto que me permita avanzar, pero las horas siguen su curso y no se detienen jamás, suceda lo que suceda. Debo aprender a cuidar de mí misma ahora que los demás se han ido. A veces pienso que todo lo que ocurrió se trataba de un acto de justicia, claro y brillante, lleno de gloria y honor, y, no obstante, algo dentro de mi memoria grita tu nombre en defensa de la verdadera felicidad, deseando que regreses de nuevo.
Alzo la vista y contemplo cómo algunas estrellas empiezan a decorar la gran bóveda celeste.
¿Dónde estarás?"

sábado, 9 de noviembre de 2013

"No quiero mirar al cielo. Hoy el sol no brilla. En realidad, nunca lo ha hecho. La niebla ha cubierto el hogar de las estrellas  desde que  tengo uso de razón. Pero no creo que sea relevante. Nada ilumina el mundo. Esperar un milagro solo es una forma de autodestrucción que las personas hemos creado. Una mentira entre las tantas que componen la vida. Más allá del eco de los sueños únicamente queda el camino de la desesperación,  guiado por un inocente fuego interior sin fuerzas para superar el frío de la certeza. 
Debo prepararme para luchar contra lo inevitable."

martes, 5 de noviembre de 2013

Se desangran las almas.

Tenemos miedo a morir, pero hay causas que superan todo pánico. El abismo de los sentimientos constituye una de ellas.
Cuando contemplamos la esperanza desde cerca, reflejada en el fondo de nuestras pupilas, el universo entero conspira contra las ilusiones que nos ciegan, impidiéndonos así respirar y ahogándonos bajo las dudas; a veces, incluso obligándonos a observar cómo hasta la más mínima voluntad escapa al propio control. No obstante, si de algo podemos estar completamente seguros, es de la fuerza innata con la que los deseos nos conducen al vacío, al lugar donde solo existe la caída constante, infinita e inacabable. 
Porque somos corazones repletos de violencia disfrazados de belleza inexistente.