sábado, 19 de octubre de 2013

     "Diciembre siempre dura más de lo esperado. El frío de sus amaneceres se impregna en la piel y llega hasta los huesos como una segunda capa helada que, día tras día, envuelve cada segundo y lo congela. Pero eso sucede de una forma tan natural, que es imposible resistirse. La única llama de calor auténtica es aquella que permanece encendida dentro del corazón, latiendo despacio al compás mediante el cual los copos de nieve caen sobre la verde y brillante hierba del valle. Resulta hermoso y mágico ver cómo se funden cuando alcanzan el suelo, intentando abandonar el mundo real y convirtiéndose en dulces lágrimas transparentes.
     No obstante, antes o después, todo se aproxima hacia el fin. 

     Me deshago de las prendas que rodean mi cuerpo y dejo que las bajas temperaturas exteriores lo hallen al escapar de la vieja casa. Avanzo bajo la blanca luz que el cielo proyecta encima del bello paisaje, deslizándome con calma a través del camino, y disfruto de la travesía. El viento juega con mis cabellos enmarañados y me acaricia las mejillas, adivinando la voluntad que oculto, y solo soy capaz de observar el entorno con una mirada limpia y fresca, vacía y pura, deseosa de alcanzar la libertad que aún no he conseguido estando viva.
     Ando unos metros más, notando los ojos enrojecidos y los pies inertes debido a la falta de calzado y, cuando levanto los ojos, siento que me encuentro peligrosamente cerca de ese sueño inalcanzable que persigo desde que aspiré la primera bocanada de oxígeno. 
     Ante mí se extiende un inmenso y profundo lago de aguas oscuras y negras, misterioso y atractivo, que me obliga en silencio a perderme entre sus pacíficas y calmadas ondas mientras el sol contempla el comienzo de la historia. De mi historia.
     Sin miedo, introduzco las piernas bajo la superficie del pequeño océano, y en cuestión de minutos las pulsaciones se acostumbran a un nuevo ritmo, lento y pausado. Sé que no tengo nada que temer. Es el lugar perfecto, el momento preciso, la situación exacta. 
     Nado a gran velocidad y, una vez me he alejado de la orilla, el plan cobra sentido. Los recuerdos empiezan a despertarse y la memoria abre las heridas. Me dispongo a desaparecer evitando rastro alguno.
     Las debilidades suelen conducir al abismo del pánico.
     Sumerjo los pulmones bajo la masa de líquido y espero, paciente.
    
     Es difícil decidir si quieres morir. Sin embargo, yo he escogido huir de la insignificancia de la vida."

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