martes, 29 de octubre de 2013

Hechizo de luna.


     Su figura se adentra entre la maleza a paso rápido, sorteando todos los obstáculos. Los frágiles y elegantes movimientos que la acompañan hacen que se desplace con gracia, de una forma mágica, extraña y profundamente conmovedora. La oscuridad le acecha. Las sombras que los árboles proyectan sobre su delicado y hermoso cuerpo se difuminan debido a la gran agilidad y destreza que posee al correr a través del bosque. El ruido de las hojas crujiendo bajo sus pequeños pies descalzos convierten la música del ambiente en un suave susurro que se desliza por la noche, cercana e intensa como una caricia afectiva. Esta la envuelve, la protege, la eleva gracias a la fuerza del viento y juega a enredar sus cabellos negros. Forma parte de ella. El aire la empuja y tira de sus fuerzas, retándola a echarse atrás, pero una sonrisa maliciosa asoma a los labios de la niña. Le encanta sentirse libre y dueña de sí misma. 
     Continúa caminando. Nada le hace detenerse. Fluye alrededor de la penumbra de un modo sobrenatural, sin miedo, vagando, porque conoce cada rincón del lugar y disfruta de la manera en que las ramas tratan de abrazarla y retenerla allí para siempre. Sus ropas harapientas y agujereadas se enganchan una y otra vez sobre el entorno, mas eso le divierte. Nota algo invisible que la sujeta y acuna, evitando que los monstruos que se esconden dentro de los sitios carentes de luz la encuentren, y ríe. Posa las manos cerca de la tierra, hundiendo los dedos con energía e ilusión, y siente que la vida florece a su alrededor, producto de la fuerza que la naturaleza oculta. El tiempo se escurre, aunque no logra atraparla. Nadie es capaz de ello. Avanza de un modo sigiloso, procurando no despertar a los fantasmas que habitan en las pesadillas y, alegremente, danza bajo el reflejo de la luna.

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