domingo, 15 de septiembre de 2013

Crónicas.



     "Bajo las luces de la ciudad siempre encontré un hogar. Quizá pudiera parecer extraño, pero las calles repletas de gente nunca me abandonaron. Cuando lo único que puedes hacer es huir y esconderte entre las multitudes y los grandes grupos de transeúntes, empiezas a conocer el verdadero valor de las pequeñas cosas, y algo similar me sucedió a mí durante los largos años de mi juventud. No todo el mundo comprende que en ocasiones el paraíso es capaz de ocultarse tras una manta y un café caliente. Los detalles más simples son los que hacen que sigas vivo, aquellos que mantienen el corazón alerta y obligan a los sentidos a despertarse.
     De cualquier forma, jamás pertenecí a ningún lugar concreto. La mayor parte de los meses me dediqué a vagar a través de las miles de rutas y de caminos que surcaban los alrededores, sin otro propósito que el de viajar con el viento acariciando y empujando mis pies hacia sitios desconocidos, y aquello resultó ser la mejor decisión que había tomado en mucho tiempo. Llamadme trotamundos si así lo deseáis, o nómada, o loco; lo que creáis adecuado. Sin embargo, debéis saber que un alma inquieta no tiene la capacidad de permanecer aislada y quieta a espera de que un milagro suceda. Quien busca recuperar el honor, no espera milagros.
     Únicamente quienes compartan este punto de vista podrán entenderme. Si cuando todos mis seres queridos tuvieron que distanciarse de mí yo hubiera elegido perderme dentro de mi cabeza en vez de entre las carreteras y los mares del planeta, me habría vuelto un enfermo mental, una víctima de las desgracias y un monstruo irracional y desequilibrado. 
     Pese a ello, aquí estoy, sano y cuerdo. ¿Justifica eso que los sueños pueden perseguirse?"

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