jueves, 29 de agosto de 2013

Words like violence break the silence.

Para qué hablar. Para qué preocuparse por qué decir o por qué callar. Los días pasan, los años se escapan, y la vida continúa. No hay nada que temer. Las predicciones nunca se cumplen. Los destinos están escritos y los caminos plagados de curvas, pero las rutas poseen mil direcciones distintas. Las necesidades cambian, los deseos se convierten en vagos recuerdos y las sensaciones, gracias al tiempo, vuelan libres sin miedo alguno. 
Ser una víctima de las palabras depende de cada uno. Disfrutar de la nada es lo único que le queda a la especie humana.



miércoles, 28 de agosto de 2013

IF I HAD A HEART...



     No necesitaba nada. Era casi un fantasma. Tan transparente y débil como la más débil capa de luz moviéndose disimuladamente entre la penumbra de la ciudad, atravesando los obstáculos del camino de un modo grácil, sórdido y frío. Aquel semblante pálido no revelaba ningún sentimiento. Todas las sensaciones que aún experimentaba estaban encerradas bajo la coraza de su mente, presas, retenidas de manera deliberada; ausentes y muertas. En el fondo de esos ojos se hallaba una calma extraña, de alguna forma inhumana, que se asemejaba a un control extremo de la parte espiritual de su ser y que, con destreza, luchaba contra los temores que golpeaban aquella memoria rota y desconsolada oculta tras las negras pupilas cargadas de desdén. Las ojeras escondían miles de secretos alrededor del rostro y, la mirada perdida y consternada, aunque firme, estaba preparada para continuar la ruta de la incertidumbre. 
     Intentaba hallar la paz a través de un lecho de sueños repletos de pesadillas ilógicas y monstruosas.



jueves, 22 de agosto de 2013

El destino se acerca.



     Siento su energía sobre mí. Corre entre las venas que me componen mientras el viento sopla desde las copas de los frondosos árboles que nos vigilan cubriendo el crepúsculo de unos sonidos vibrantes y sólidos y de silbidos que comienzan a despertar tras las sombras que se aproximan al bosque, engullendo los huecos de luz que el sol empieza a abandonar por los diminutos agujeros de las ramas.
     Levanto el rostro. Sé que unos enormes ojos dorados me observan con infinita profundidad, contemplando la verdad a través de todos mis huesos, como si los secretos ocultos bajo la piel fueran un simple acertijo que solo él pudiera ver de manera automática, instantánea y totalmente voluntaria, y eso me fuerza a temblar.
     Trato de dar un paso hacia atrás, intento alejarme del poder de atracción que llena el vacío y la distancia que hay entre nosotros, pero los músculos no responden a las órdenes que ejerce mi mente. El anochecer nos envuelve y cada vez sus pupilas se agrandan más para adaptarse a la leve oscuridad de la naturaleza, haciendo que la capacidad de razonar que poseo pierda fuerza. No dispongo de ningún modo de ignorar los sentimientos que tienden a aflorar de mi pecho, así que, de alguna forma, sigo obligada a que los gestos instintivos revelen aquello que aprisiona la voz dormida que anida en el interior de mis entrañas. Soy transparente.
     Es inútil huir de aquello a lo que estás unida de forma innata.
     Extiendo una mano al frente hasta tocarle, y noto que su aura me inunda de un modo sutil, delicado y grácil. Me resulta delicioso el olor que desprenden las raíces de los abetos y el aroma a frutos rojos que flota junto la capa dulce que se desplaza sobre el ambiente, libre y bello. Adoro la vitalidad de los pequeños rincones del universo que aún no han muerto contaminados o asesinados por un par de manos humanas. Ese detalle me reconforta. El presente late con una increíble intensidad dentro de las arterias que contienen mi sangre. El significado de semejante ilusión, es que no me encuentro atrapada en un sueño.
     Al permitir que mis pies se deslicen sobre el suelo verde y mullido, aún húmedo, percibo su aliento a escasos centímetros de mí, y mi pulso asciende hacia el cielo cuando presiento que el espacio entre sus labios y los míos es nulo.
     La realidad se basa en los impulsos del corazón y, aunque el peligro está hundiendo sus dedos dentro del aire que fluye alrededor mío, yo estoy muy cerca de acariciar un alma que, a pesar de poder matarme, me devolverá a la vida. 

domingo, 18 de agosto de 2013

'Rehabilitación emocional.'



     No hay nada peor que el dolor. La frustración es una sensación fría, áspera e incluso vacía, pero al igual que la culpa y el miedo, no produce cicatrices tan profundas encima de la piel del alma. La tristeza tampoco, y mucho menos la melancolía, la inseguridad o la pena. Ninguna de ellas desangra a una persona. La hieren, la golpean, la obligan a que pierda el equilibrio, la fe y la calma; la muerden, clavan sus dientes bajo su conciencia... mas aun así, sobrevive. 
     Sin embargo, cuando alguien siente un presión descomunal sobre el pecho que le fuerza a desear arrancarse el corazón de una sola vez, en el momento en que nota un ahogo constante cerca de las vías respiratorias y una falta de oxígeno diaria al intentar que el aire entre y salga de los pulmones con una mínima fuerza; entonces, únicamente entonces, al ver cómo su voluntad se disipa y su energía se evapora tras el tiempo y el pasado, fundiéndose junto a la debilidad de sus músculos y de su completo ser, pierde la vida aunque su cuerpo siga bombeando sangre y realizando funciones vitales.
     ¿Y cuál es la causa? Nadie puede vivir sin esperanza.

viernes, 16 de agosto de 2013

EL SUEÑO DE KENDAR.

     Toqué el suelo húmedo con los pequeños dedos de mis pies. Las ondulaciones provocaban que mi piel fuera sacudida levemente en distintas direcciones a causa del movimiento de las corrientes submarinas que se encontraban alrededor de nosotros, dejando al descubierto mi pecho blanquecino y el collar de metal plateado que descansaba sobre él y empujándome a adentrarme aun más bajo el agua, pero la presión que el líquido violáceo ejercía dentro de mí no constituía un motivo suficiente para mover mis extremidades y permitir que una nueva fila de huellas quedara marcada encima del fondo de aquel hermoso lago repleto de colores oscuros y tonalidades azulonas y verdosas.
     Me quedé quieto, inmóvil, vigilando el lugar y observando, maravillado, la belleza visual que regalaban sus tierras de hierba malva tintada por gotas turquesas. La atmósfera parecía estar cargada de vida. Los gigantescos árboles del centro del bosque silbaban melodías suaves y débiles que se podían oír sin necesidad de prestar atención entre la música del claro ambiente, atrayendo los pensamientos de cualquier ser hacia sus rutas imaginarias de notas y canciones tiernas y cálidas; el cielo nocturno rociado con diminutas estrellas de brillante luz rosada iluminaba la orilla de forma ardiente y cegadora; los interminables laberintos simulaban esperar cerca del camino inicial a que alguien se perdiera tras sus paredes invernales y sus tétricas sombras negras y tenebrosas, frías como el sudor de las pesadillas humanas... cada diminuto detalle escondía un sinónimo de la realidad que abría las puertas de la curiosidad, del deseo innato y de la atracción hacia lo desconocido. No obstante, a pesar de eso, yo sabía el riesgo que corríamos estando allí. No debíamos hundirnos sobre el placer y la tranquilidad de aquel sitio que era el hogar de las tinieblas y de sus demonios.
     Lancé una mirada desde mi posición hasta el sitio donde se hallaban mis compañeros, alegres y despreocupados, y tuve la sensación de que ya no habría nada que los forzara a huir de aquella morada mágica rodeada del poder de la noche. Un cuarto de la luna se reflejaba en las ondas del agua aunque no se percibía la silueta de esta arriba, lejos, a kilómetros del mundo, junto a la bóveda celeste.
     Suspiré de un modo cansado, pero no resignado y frágil. Me negaba a pertenecer a aquel universo infernal.
     Entonces, cuando estuve a punto de escapar hacia el borde de la ribera con el único propósito de sobrevivir, una mano agarró la mía empleando un gesto de cariño enfermizo. Las comisuras de sus labios estaban profundamente clavadas encima de las esquinas de su rostro, sumidas bajo una intensa apariencia maliciosa que se asemejaba a un rayo recién caído de las nubes en una madrugada sin luz, y me instaban a atender a sus palabras y al significado que encerraban.
     -Sígueme, Kendar. No tengas miedo.
     Susurró aquellas sílabas cerca de mi oído, tratando de manipularme pese a lo inútil que resultaba teniendo en cuenta la fuerza de voluntad que yo poseía. Aun así, una extraña energía se adueñó de mis extremidades y una brisa dulce me envolvió completamente, ahogando mis intenciones tras un delicioso olor a naturaleza y a fantasía. La joven se sumergió en el lago y algo me instó a perseguir su figura delgada y esbelta.
     Lo último que conseguí ver fueron los ojos entusiasmados e ignorantes de mis hombres al otro lado de la orilla, divertidos y felices; y la sonrisa maléfica, mordaz e irónica del ser femenino que me había impulsado a descender con ella hacia el paraíso de su raza y el abismo de los mortales.
     Apreté lo dientes e intenté confiar en mí, pero era improbable que terminara esquivando las fuerzas diabólicas de aquel lugar. A veces ser valiente se reducía a enfrentarte solo al peligro.

domingo, 4 de agosto de 2013

     La oscuridad del cielo se aferraba a mis huesos como si tratara de enterrarlos bajo tierra, ahogándolos sin piedad entre la niebla del cementerio. Dejé caer la vista cerca del suelo que, putrefacto y húmedo, me acariciaba los zapatos con aire espectral, frío e indiferente, y permití que la niebla que se extendía a nuestro alrededor cobrara vida propia, envolviéndonos en sus invisibles brazos repletos de despecho e insatisfacción, tristeza y soledad. La luna llena nos observaba reflejando encima de su superficie brillante y blanquecina los temores que estaban ocultos tras los ojos de ambos, contemplando en silencio el vacío de los dos corazones que no se atrevían a abandonar el mundo irreal para comenzar a ser libres, víctimas de la sangre helada que corría a través de sus venas, enfermas de amor.
      El contacto de su piel contra la mía me hizo reaccionar. Miré al joven que estaba a mi lado con las pupilas dilatadas a causa del miedo. No importaba que ese inhóspito y tétrico lugar absorbiera nuestras fuerzas, porque toda la luz que el universo podía ofrecerme se encontraba dentro de él, del rey.
     Deslicé una mano sobre su rostro, disfrutando por última vez del suave tacto que lo caracterizaba. A pesar de que el intenso viento torturaba mis músculos y mi capacidad de percepción, logré atisbar una débil sonrisa debajo de sus labios violáceos y amoratados debido a las bajas temperaturas, y sentí que aquel era el momento que tanto tiempo habíamos estado esperando. 
     Los verdaderos sentimientos jamás podían evaporarse.
     -La eternidad nos unirá.
     Me acerqué hacia su posición y pegué la mejilla en su boca para notar la entrada y salida de los suspiros dentro de su cuerpo. Levanté el mentón y desvié la mirada hasta hallar la suya examinando mis movimientos de forma sólida y firme, elegante y fiera a la vez, y permití que mi aliento se fundiera con el que escapaba de su pecho.
     Entonces, al conseguir que mi pulso se elevara y que mis órganos vitales revivieran frente a aquella escena de gélida resignación, noté cómo una extraña fuerza tiraba de mí y me arrastraba lejos de las nubes grisáceas y de las prendas empapadas que habían cubierto mi cuerpo segundos antes de desaparecer bajo el poder de las tinieblas.
    Sus maravillosos ojos de color ámbar aún me contemplaban con dolor e impotencia desde el otro mundo cuando abandoné la ciudad fantasmal. Nuestros caminos estaban desligados, separados y seguían direcciones completamente opuestas, pero siempre estaríamos juntos aunque la distancia nos prohibiera reunirnos de nuevo.
     La muerte no era motivo suficiente para dejar de amarnos.