lunes, 1 de julio de 2013

The hunger of a lion is written on your face.

El mundo gira sin parar. Quizá únicamente seamos un pequeño universo paralelo al de nuestro planeta que ignora la existencia de todo lo que le rodea, temeroso de saber la posición que él mismo ocupa sobre el inmenso infinito que la galaxia contiene bajo su oscuridad; pero solo podríamos definirnos como una minúscula e insignificante parte del planeta, del tiempo y de la vida en general. El concepto de la humanidad acerca de los minuciosos detalles que se esconden tras las ilusiones decayó antes de ser experimentado por las personas. Hace tiempo que el fuego no destruye el alma de los muertos y que la calma fría de la certeza tampoco aviva ni apaga el dolor de los vivos. La ausencia de esperanza, de comprensión, de verdad y de paz, inunda hasta el último rincón de cada país que ha sido habitado. No existe la autoestima. La culpa es la singular bandera que devora los grandes grupos de conciencias que son incapaces de descansar durante las solitarias noches de dolor y los angustiosos días carentes de valor o sentido alguno dentro de la línea del presente y del pasado. No quedan metas. Los sueños fueron destruidos y reemplazados por la ambición y las apetencias insaciables de poder frente a los de la igual raza. El hambre y la desesperación cubren las calles y el miedo se refleja bajo las pupilas de adultos y niños. No es cuestión de edad, si no de instinto. El objetivo de la supervivencia es el exterminio total de las perspectivas de unos futuros prósperos y el asesinato de la confianza y de la fe en los hombres que aún intentan de manera atormentada recuperar la capacidad de sentir.
Vivimos entre las ruinas de lo que hemos creado, cerca del infierno que siempre deseamos esquivar. Sálvese quien pueda.