martes, 24 de diciembre de 2013

El hombre volvió a posar el pálido cigarrillo sobre sus labios color chocolate a la vez que se inclinaba hacia delante, colocando ambas manos detrás de la espalda y componiendo un gesto de furia mientras me observaba.
-Cierra los ojos y desaparece. Fúndete con el caos que vive dentro de ti.-ordenó de un modo directo-. Cualquier esquina del infierno es más acogedora que el propio mundo. Se trata de una ley natural. Todo nace y vuelve a morir. Únicamente existe la reencarnación en la fría e insidiosa culpabilidad humana. La supervivencia resulta ser una excusa que mantiene el terror bajo las rejas del alma. Una triste leyenda sin dueño ni destino que se propaga a través del aire que respiramos de una forma tan violenta como la peor enfermedad que nuestra especie haya conocido.
Observé aquel par de ojos negros tratando de no desviar la vista. El entrenamiento militar no solo había tenido la finalidad de inmunizarme ante los golpes externos. Podía oler el miedo a distancia y estaba preparado para luchar contra mí mismo. El horror ajeno tomaba la forma de los aplausos silenciosos que me impulsaban a actuar. 
Sin embargo, ese extraño compañero intentaba negar cualquier evidencia física que delatara el pánico que le corroía desde dentro. Aquello que decía se lo gritaba a su subconsciente. Y yo percibía el aroma del autoengaño recayendo sobre él, atormentando cada uno de sus músculos...
El tipo se movió y susurró las últimas sílabas de ese guión que, por desgracia, no formaba parte de una historia irreal.
-Mira alrededor. Si tu corazón late, está mintiéndote. Nunca has estado vivo.
El frío inundó mis extremidades, sumergiéndome en la misma atmósfera de negación que aquella figura había creado. ¿Por qué no podía combatir frente a esa estúpida sensación de vacío?
Nada me hizo sentir más miserable que aquellas tristes palabras.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

A los días sucios, los ojos limpios.

La belleza es invisible. Se esconde en el aire, bajo las suaves ráfagas de viento que nos acarician cuando nace el sol cada mañana, en el color de las emociones, en la pureza de las sonrisas, en la sinceridad que se refleja sobre las pupilas de cualquier ser humano, en el cielo y en la tierra, en los sueños y en la realidad. Incluso en las pesadillas, donde los miedos se convierten en las más hermosas y a la vez terroríficas figuras que nos ayudan a vencer las debilidades interiores y a superarnos a nosotros mismos. Aunque, sobretodo, se oculta en el corazón, porque él es quien decide verla y emplear el método de la observación para conseguir que jamás desaparezca de su campo de visión, a pesar de la inmensa cantidad de dolor y sufrimiento que pueda haber a su alrededor. 
De una u otra forma, la habilidad de sentir está unida a la voluntad, a la esperanza y a la búsqueda de la certeza. Pero, a veces, resulta muy difícil ver a través de la niebla que generan los problemas, las consecuencias y las situaciones, como si una extraña oscuridad nos cegara e impidiera que mirásemos fuera de los daños que se acumulan dentro de la línea del tiempo y de la conciencia. Una capa de presión se aferra a nuestros párpados y nos obliga a vivir con temor, volviéndonos insensibles e indiferentes a la luz del sol y al brillo de las estrellas, incapaces así de percibir el calor de la vida. Sin embargo, pese a que los hechos jamás se borran y los sentimientos no se controlan, el camino de las sombras es un buen lugar para luchar contra los fantasmas que ahogan a la satisfacción y a la alegría e intentan devorarlas. Y las batallas más dignas de admirar se libran entre almas que combaten por escapar de la oscuridad de su diminuto universo.
¿Qué es la belleza, si no la magia que envuelve al mundo? 

miércoles, 4 de diciembre de 2013

"Algunas veces estallar significa liberarse. De uno mismo, en la mayoría de las ocasiones. Y resulta tan... satisfactorio, que, cuando consigues desprenderte de todo lo que habita dentro de ti, sientes un profundo alivio. Estás solo, es cierto. Pero escuchar cómo el viento se mueve, notar la delicadeza con que los miedos y las preocupaciones abandonan tu cuerpo, y percibir la manera en que el frescor de las emociones debilita el poder de la memoria y renueva el ritmo de tus pulsaciones... No tiene ningún precio. 
Avanzar implica dejar atrás los recuerdos y, por encima de cualquier cosa, nunca posar la vista sobre el pasado."

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Y quién sabe si oirás mis latidos.

"Lentamente desciendo hasta tocar la hierba con las rodillas. La lápida se encuentra escondida bajo las pequeñas plantas que han crecido a su alrededor, semioculta por la vegetación, mas aún puedo localizarla sin problemas. 
El sol descansa sobre el cielo rosado mientras sus últimos rayos comienzan a deslizarse tras las enormes montañas, a miles de kilómetros del mundo mortal, y noto cómo la luz empieza a abandonar el lugar, dejándome sola. 
El movimiento de las hojas es lo único que consigo percibir, débil y cálido. Permito que mis párpados se cierren y el silencio de la naturaleza me envuelva. Allí, a pesar del peso que encierran los recuerdos, siento que no dependo de nada. El paso del tiempo parece ser lo único que se cierne alrededor de los huesos enterrados. Ya no hay espacio ni lugar para la tristeza. La sangre que un día fue derramada tiñó las nubes del color de la victoria y hoy no queda ningún rastro del dolor que asedió el pueblo. 
Suelto una bocanada de aire y paso los dedos sobre la vieja caja del ataúd, intentando deshacerme del polvo que acaricia la oscura madera. La paz finalmente ha posado los pies cerca de las tierras, aquellas que, un día, fueron nuestras.
Sé que volverá a amanecer, al igual que todos los meses. Sin embargo, ya no soy capaz de mirar al horizonte sin preguntarme qué te habrá deparado la otra vida. Es duro seguir adelante cuando no encuentro el camino correcto que me permita avanzar, pero las horas siguen su curso y no se detienen jamás, suceda lo que suceda. Debo aprender a cuidar de mí misma ahora que los demás se han ido. A veces pienso que todo lo que ocurrió se trataba de un acto de justicia, claro y brillante, lleno de gloria y honor, y, no obstante, algo dentro de mi memoria grita tu nombre en defensa de la verdadera felicidad, deseando que regreses de nuevo.
Alzo la vista y contemplo cómo algunas estrellas empiezan a decorar la gran bóveda celeste.
¿Dónde estarás?"

sábado, 9 de noviembre de 2013

"No quiero mirar al cielo. Hoy el sol no brilla. En realidad, nunca lo ha hecho. La niebla ha cubierto el hogar de las estrellas  desde que  tengo uso de razón. Pero no creo que sea relevante. Nada ilumina el mundo. Esperar un milagro solo es una forma de autodestrucción que las personas hemos creado. Una mentira entre las tantas que componen la vida. Más allá del eco de los sueños únicamente queda el camino de la desesperación,  guiado por un inocente fuego interior sin fuerzas para superar el frío de la certeza. 
Debo prepararme para luchar contra lo inevitable."

martes, 5 de noviembre de 2013

Se desangran las almas.

Tenemos miedo a morir, pero hay causas que superan todo pánico. El abismo de los sentimientos constituye una de ellas.
Cuando contemplamos la esperanza desde cerca, reflejada en el fondo de nuestras pupilas, el universo entero conspira contra las ilusiones que nos ciegan, impidiéndonos así respirar y ahogándonos bajo las dudas; a veces, incluso obligándonos a observar cómo hasta la más mínima voluntad escapa al propio control. No obstante, si de algo podemos estar completamente seguros, es de la fuerza innata con la que los deseos nos conducen al vacío, al lugar donde solo existe la caída constante, infinita e inacabable. 
Porque somos corazones repletos de violencia disfrazados de belleza inexistente. 

martes, 29 de octubre de 2013

Hechizo de luna.


     Su figura se adentra entre la maleza a paso rápido, sorteando todos los obstáculos. Los frágiles y elegantes movimientos que la acompañan hacen que se desplace con gracia, de una forma mágica, extraña y profundamente conmovedora. La oscuridad le acecha. Las sombras que los árboles proyectan sobre su delicado y hermoso cuerpo se difuminan debido a la gran agilidad y destreza que posee al correr a través del bosque. El ruido de las hojas crujiendo bajo sus pequeños pies descalzos convierten la música del ambiente en un suave susurro que se desliza por la noche, cercana e intensa como una caricia afectiva. Esta la envuelve, la protege, la eleva gracias a la fuerza del viento y juega a enredar sus cabellos negros. Forma parte de ella. El aire la empuja y tira de sus fuerzas, retándola a echarse atrás, pero una sonrisa maliciosa asoma a los labios de la niña. Le encanta sentirse libre y dueña de sí misma. 
     Continúa caminando. Nada le hace detenerse. Fluye alrededor de la penumbra de un modo sobrenatural, sin miedo, vagando, porque conoce cada rincón del lugar y disfruta de la manera en que las ramas tratan de abrazarla y retenerla allí para siempre. Sus ropas harapientas y agujereadas se enganchan una y otra vez sobre el entorno, mas eso le divierte. Nota algo invisible que la sujeta y acuna, evitando que los monstruos que se esconden dentro de los sitios carentes de luz la encuentren, y ríe. Posa las manos cerca de la tierra, hundiendo los dedos con energía e ilusión, y siente que la vida florece a su alrededor, producto de la fuerza que la naturaleza oculta. El tiempo se escurre, aunque no logra atraparla. Nadie es capaz de ello. Avanza de un modo sigiloso, procurando no despertar a los fantasmas que habitan en las pesadillas y, alegremente, danza bajo el reflejo de la luna.

sábado, 19 de octubre de 2013

     "Diciembre siempre dura más de lo esperado. El frío de sus amaneceres se impregna en la piel y llega hasta los huesos como una segunda capa helada que, día tras día, envuelve cada segundo y lo congela. Pero eso sucede de una forma tan natural, que es imposible resistirse. La única llama de calor auténtica es aquella que permanece encendida dentro del corazón, latiendo despacio al compás mediante el cual los copos de nieve caen sobre la verde y brillante hierba del valle. Resulta hermoso y mágico ver cómo se funden cuando alcanzan el suelo, intentando abandonar el mundo real y convirtiéndose en dulces lágrimas transparentes.
     No obstante, antes o después, todo se aproxima hacia el fin. 

     Me deshago de las prendas que rodean mi cuerpo y dejo que las bajas temperaturas exteriores lo hallen al escapar de la vieja casa. Avanzo bajo la blanca luz que el cielo proyecta encima del bello paisaje, deslizándome con calma a través del camino, y disfruto de la travesía. El viento juega con mis cabellos enmarañados y me acaricia las mejillas, adivinando la voluntad que oculto, y solo soy capaz de observar el entorno con una mirada limpia y fresca, vacía y pura, deseosa de alcanzar la libertad que aún no he conseguido estando viva.
     Ando unos metros más, notando los ojos enrojecidos y los pies inertes debido a la falta de calzado y, cuando levanto los ojos, siento que me encuentro peligrosamente cerca de ese sueño inalcanzable que persigo desde que aspiré la primera bocanada de oxígeno. 
     Ante mí se extiende un inmenso y profundo lago de aguas oscuras y negras, misterioso y atractivo, que me obliga en silencio a perderme entre sus pacíficas y calmadas ondas mientras el sol contempla el comienzo de la historia. De mi historia.
     Sin miedo, introduzco las piernas bajo la superficie del pequeño océano, y en cuestión de minutos las pulsaciones se acostumbran a un nuevo ritmo, lento y pausado. Sé que no tengo nada que temer. Es el lugar perfecto, el momento preciso, la situación exacta. 
     Nado a gran velocidad y, una vez me he alejado de la orilla, el plan cobra sentido. Los recuerdos empiezan a despertarse y la memoria abre las heridas. Me dispongo a desaparecer evitando rastro alguno.
     Las debilidades suelen conducir al abismo del pánico.
     Sumerjo los pulmones bajo la masa de líquido y espero, paciente.
    
     Es difícil decidir si quieres morir. Sin embargo, yo he escogido huir de la insignificancia de la vida."

lunes, 14 de octubre de 2013

El reino de las tinieblas.

     
     Duele no tener a alguien. Duele hasta lo más profundo del alma, como una herida sin cicatriz que se desangra de forma constante. Pero se trata de algo natural y, lo peor, pese a la innata voluntad de querer forzar las circunstancias y cambiar el rumbo de las cosas, es que suele ser irremediable. ¿Por qué las personas nos esforzamos tanto en justificar los sentimientos, las sensaciones, los impulsos, los celos y todas sus consecuencias? Quizá solo deseemos observar la conducta salvaje y el instinto de un modo cercano y real, de una manera que podamos comprender nuestros pensamientos honestos, sinceros y profundos aunque únicamente sea dentro de las limitaciones de los sentidos. No obstante, siempre ansiamos poseer aquello que sabemos que jamás acariciaremos con las manos. Somos producto de cada pequeño rasgo imaginativo que se cierne sobre nosotros. El corazón solo es una máquina vacía que nos obliga a sufrir y a tropezar, manteniendo viva la esperanza cuando ésta ha fallecido durante el primer infarto.
     Amar se parece una muerte inevitable, a un abismo sin fondo, a un océano de ilusiones donde el agua se tiñe de negro hasta los confines de la tierra para hundirnos bajo la intensa e insidiosa desesperación de la verdad... No existe cura alguna destinada a sanar la certeza.

domingo, 6 de octubre de 2013

Los diablos se alimentan del sabor de la inocencia.


     Me deslizo sobre el suelo y coloco los brazos alrededor de su cuerpo frío e inerte, observando cómo se mantiene completamente inmóvil, tumbada encima del negro asfalto y envuelta por la intensa y siniestra oscuridad de la noche. Alzo la mirada intentando encontrar algún rastro de luz, pero las estrellas no brillan porque todo está sumido en la más infinita calma; tan tranquila, sosegada y diabólica que parece engullir a la vida misma de modo similar a la muerte: con paciencia y sin compasión. ¿Por qué la sangre que corre a través de mis dedos resulta tan... insidiosa? ¿Acaso no soy capaz de gritarle al silencio la extraña y horrible sensación que sube desde la garganta hasta mi boca, forzándome a ver la violencia real del escenario, cargado de infamias?
     Dejo caer la mano alrededor de su cuello para sentir el pulso de los latidos y, hallo la nada. Ella ya no está allí, cerca de los recuerdos. Ha emprendido un vuelo hacia un universo dentro del que, tal vez, no exista el dolor. Al menos, el sufrimiento consciente. ¿Seguirá temiendo aquello que desconoce la especie humana cuando, de manera voluntaria, ha traspasado la frontera de nuestro mundo y sus límites?
     

jueves, 3 de octubre de 2013

¿Qué nos queda cuando lo perdemos todo? No somos nada, tan solo almas vacías esperando encontrar algún día su camino. Inertes, frías, débiles y sensibles como la brisa más suave del amanecer que, inconscientemente, intentan huir de las sombras del anochecer para hallar un hogar cerca del mundo de los sueños.



viernes, 27 de septiembre de 2013

Guardianes del viento.


     Enterré las manos dentro de la capa de pieles que colgaba alrededor de mis hombros, manteniendo la calma de forma apacible y silenciosa. Cuando era necesario, ni una sola de las facciones de mi rostro adquiría sensibilidad. Ningún sentimiento impedía que perdiera el orgullo y la serenidad.
     Aquellos ojos del color del agua, fríos y duros como el hielo, me observaban con profunda tensión, esperando una señal que le permitiera fundirse contra mí y satisfacer sus deseos más íntimos, pero aceptar que deslizara los dedos a través de los numerosos cinturones que me unían a las oscuras telas invernales no constituía parte de la situación. Yo ansiaba tomar el control y manejar nuestros propios delirios, pagar con veneno la furia y la ira que ardían en el fondo de mi pecho incluso si para ello debía exponerme al dolor, al sufrimiento certero y a la rabia.
     Di unos pasos hacia el frente y procuré ser la sombra de la noche misma: ágil, rápida, bella, segura, veloz, firme, implacable. Grácil de manera semejante al aire, al reflejo de la luna sobre el mar, al movimiento de los lobos a la hora de cazar solos, y así fue. Dancé durante varios minutos hasta situarme cerca de él, luchando contra las mentiras que nos forzaban a mirarnos de un modo cínico y descarado.
     Compuse una sonrisa maliciosa y llena de placer tratando de ahuyentar el miedo y la tristeza, mas el impulso me obligó a defender mi posición de un modo demasiado violento, aunque jamás exento de elegancia, talento y astucia.
     Clavé la navaja bajo sus ropas y sentí que la sangre se congelaba al escapar de las entrañas repletas de calor.
     -El precio de la traición es muy alto, Bjorn. 
     Dejé que esas pupilas negras me acusaran irremediablemente. Nada podía hacer ya, solo esperar la muerte de la confianza y de la persona a la que pertenecían las ilusiones del pasado.
     No volvería a oír los latidos de su corazón junto al mío.

     

domingo, 22 de septiembre de 2013

El oasis en llamas.


     "Necesito calor. Mi cuerpo lo busca deliberadamente. Lo anhela. Precisa su tacto sobre mí, porque esa es la única forma de mantener el veneno lejos del corazón; pero sé que no podré escapar de esta enfermedad. Antes o después me acabará encontrando y aplastando. Hará que muera, mas será un suicidio inconsciente. No tengo opciones. Es imposible escapar del deseo.
     Acerco mi boca hacia su cuello y, entonces, todas las piezas comienzan a encajar de un modo instantáneo. Noto una sensación extraña deslizándose a través de los huesos, y eso me obliga a estremecerme. Aun así, soy incapaz de perder el control de la situación. Estoy dispuesta a cualquier cosa para satisfacer el hambre que corroe mis entrañas. Se trata de una orden, de algo instintivo, casi salvaje. ¿Por qué? Solo comprendo el hecho de que estoy cerca de convertirme en un animal, en un ser tan irracional e impulsivo que va a volverse loco.
     Durante ese instante, la vida se me antoja dulce como las lágrimas que resbalan a través de las mejillas de aquellos que nos observan. No obstante, nada me detiene. Uno mis labios a los suyos y siento que una intensa fuerza me atrapa el pecho, atrayéndolo de manera fiera y hermosa a su figura, inundando las intenciones que navegaban por mi mente bajo una ola de bellas ilusiones.
     No puedo combatir contra el amor verdadero que nace dentro de mí."



domingo, 15 de septiembre de 2013

Crónicas.



     "Bajo las luces de la ciudad siempre encontré un hogar. Quizá pudiera parecer extraño, pero las calles repletas de gente nunca me abandonaron. Cuando lo único que puedes hacer es huir y esconderte entre las multitudes y los grandes grupos de transeúntes, empiezas a conocer el verdadero valor de las pequeñas cosas, y algo similar me sucedió a mí durante los largos años de mi juventud. No todo el mundo comprende que en ocasiones el paraíso es capaz de ocultarse tras una manta y un café caliente. Los detalles más simples son los que hacen que sigas vivo, aquellos que mantienen el corazón alerta y obligan a los sentidos a despertarse.
     De cualquier forma, jamás pertenecí a ningún lugar concreto. La mayor parte de los meses me dediqué a vagar a través de las miles de rutas y de caminos que surcaban los alrededores, sin otro propósito que el de viajar con el viento acariciando y empujando mis pies hacia sitios desconocidos, y aquello resultó ser la mejor decisión que había tomado en mucho tiempo. Llamadme trotamundos si así lo deseáis, o nómada, o loco; lo que creáis adecuado. Sin embargo, debéis saber que un alma inquieta no tiene la capacidad de permanecer aislada y quieta a espera de que un milagro suceda. Quien busca recuperar el honor, no espera milagros.
     Únicamente quienes compartan este punto de vista podrán entenderme. Si cuando todos mis seres queridos tuvieron que distanciarse de mí yo hubiera elegido perderme dentro de mi cabeza en vez de entre las carreteras y los mares del planeta, me habría vuelto un enfermo mental, una víctima de las desgracias y un monstruo irracional y desequilibrado. 
     Pese a ello, aquí estoy, sano y cuerdo. ¿Justifica eso que los sueños pueden perseguirse?"

domingo, 8 de septiembre de 2013

En el más allá.



     Existían miles de kilómetros entre nosotros. Millones, quizá. Aun así, di un paso hacia ella. Solo nos separaban unos cuantos centímetros.
     Mis pulsaciones, que debían ser elevadas, se mostraban calmadas, prácticamente en reposo. Aquel detalle me obligó a tomar conciencia de la situación. Supongo que algunas cosas se enfrían, sin más. A veces el calor es lo primero que se desvanece dentro de la vida. Esa era la prueba.
     Posé los ojos sobre su figura ausente. Tras las oscuras pupilas que observaban el árido paisaje que se extendía a nuestro alrededor se ocultaba el miedo y el dolor. Un sufrimiento casi invisible, escondido bajo el fondo de su pecho, emanaba de su mirada imperturbable y distante como si fuera una llamarada de fuego ardiendo que no pudiera evitar del todo quemarle el alma y convertir en cenizas los recuerdos efímeros. Pero, a pesar del pánico que también veía a través de sus movimientos rígidos e imperfectos, impregnados de viejos sentimientos muertos que intentaban aflorar a la superficie, comprendí que no nos quedaba nada. Habíamos agotado el agua dentro de un desierto de ilusiones.
     Cuando hablé, mi voz sonó sólida y extraña. Un desconocido pronunciaba las palabras por mí.
     -Es demasiado tarde para volver a comenzar.
     Noté que sus pestañas se humedecían con suavidad, de forma poco apreciable. Ella siempre había poseído la habilidad de controlar el núcleo de sensaciones que le golpeaban la garganta.
     Una brisa de aire cálido, cargada de diminutos granos de arena, acarició nuestros cuerpos. Parecía que hasta el viento quería devolvernos la alegría del pasado. Sin embargo, eso no sucedería. Allí, de pie en mitad de las dunas, éramos dos personas diferentes. Cada una se desviaba hacia su propio destino.
     La joven se pasó una mano alrededor de las mejillas, melancólica. El aire azotaba los mechones negros de su cabello, tratando de serenar las emociones de aquel instante.
     -Algún día debíamos mirarnos a los ojos. La sinceridad, en ocasiones, asesina el amor.

jueves, 29 de agosto de 2013

Words like violence break the silence.

Para qué hablar. Para qué preocuparse por qué decir o por qué callar. Los días pasan, los años se escapan, y la vida continúa. No hay nada que temer. Las predicciones nunca se cumplen. Los destinos están escritos y los caminos plagados de curvas, pero las rutas poseen mil direcciones distintas. Las necesidades cambian, los deseos se convierten en vagos recuerdos y las sensaciones, gracias al tiempo, vuelan libres sin miedo alguno. 
Ser una víctima de las palabras depende de cada uno. Disfrutar de la nada es lo único que le queda a la especie humana.



miércoles, 28 de agosto de 2013

IF I HAD A HEART...



     No necesitaba nada. Era casi un fantasma. Tan transparente y débil como la más débil capa de luz moviéndose disimuladamente entre la penumbra de la ciudad, atravesando los obstáculos del camino de un modo grácil, sórdido y frío. Aquel semblante pálido no revelaba ningún sentimiento. Todas las sensaciones que aún experimentaba estaban encerradas bajo la coraza de su mente, presas, retenidas de manera deliberada; ausentes y muertas. En el fondo de esos ojos se hallaba una calma extraña, de alguna forma inhumana, que se asemejaba a un control extremo de la parte espiritual de su ser y que, con destreza, luchaba contra los temores que golpeaban aquella memoria rota y desconsolada oculta tras las negras pupilas cargadas de desdén. Las ojeras escondían miles de secretos alrededor del rostro y, la mirada perdida y consternada, aunque firme, estaba preparada para continuar la ruta de la incertidumbre. 
     Intentaba hallar la paz a través de un lecho de sueños repletos de pesadillas ilógicas y monstruosas.



jueves, 22 de agosto de 2013

El destino se acerca.



     Siento su energía sobre mí. Corre entre las venas que me componen mientras el viento sopla desde las copas de los frondosos árboles que nos vigilan cubriendo el crepúsculo de unos sonidos vibrantes y sólidos y de silbidos que comienzan a despertar tras las sombras que se aproximan al bosque, engullendo los huecos de luz que el sol empieza a abandonar por los diminutos agujeros de las ramas.
     Levanto el rostro. Sé que unos enormes ojos dorados me observan con infinita profundidad, contemplando la verdad a través de todos mis huesos, como si los secretos ocultos bajo la piel fueran un simple acertijo que solo él pudiera ver de manera automática, instantánea y totalmente voluntaria, y eso me fuerza a temblar.
     Trato de dar un paso hacia atrás, intento alejarme del poder de atracción que llena el vacío y la distancia que hay entre nosotros, pero los músculos no responden a las órdenes que ejerce mi mente. El anochecer nos envuelve y cada vez sus pupilas se agrandan más para adaptarse a la leve oscuridad de la naturaleza, haciendo que la capacidad de razonar que poseo pierda fuerza. No dispongo de ningún modo de ignorar los sentimientos que tienden a aflorar de mi pecho, así que, de alguna forma, sigo obligada a que los gestos instintivos revelen aquello que aprisiona la voz dormida que anida en el interior de mis entrañas. Soy transparente.
     Es inútil huir de aquello a lo que estás unida de forma innata.
     Extiendo una mano al frente hasta tocarle, y noto que su aura me inunda de un modo sutil, delicado y grácil. Me resulta delicioso el olor que desprenden las raíces de los abetos y el aroma a frutos rojos que flota junto la capa dulce que se desplaza sobre el ambiente, libre y bello. Adoro la vitalidad de los pequeños rincones del universo que aún no han muerto contaminados o asesinados por un par de manos humanas. Ese detalle me reconforta. El presente late con una increíble intensidad dentro de las arterias que contienen mi sangre. El significado de semejante ilusión, es que no me encuentro atrapada en un sueño.
     Al permitir que mis pies se deslicen sobre el suelo verde y mullido, aún húmedo, percibo su aliento a escasos centímetros de mí, y mi pulso asciende hacia el cielo cuando presiento que el espacio entre sus labios y los míos es nulo.
     La realidad se basa en los impulsos del corazón y, aunque el peligro está hundiendo sus dedos dentro del aire que fluye alrededor mío, yo estoy muy cerca de acariciar un alma que, a pesar de poder matarme, me devolverá a la vida. 

domingo, 18 de agosto de 2013

'Rehabilitación emocional.'



     No hay nada peor que el dolor. La frustración es una sensación fría, áspera e incluso vacía, pero al igual que la culpa y el miedo, no produce cicatrices tan profundas encima de la piel del alma. La tristeza tampoco, y mucho menos la melancolía, la inseguridad o la pena. Ninguna de ellas desangra a una persona. La hieren, la golpean, la obligan a que pierda el equilibrio, la fe y la calma; la muerden, clavan sus dientes bajo su conciencia... mas aun así, sobrevive. 
     Sin embargo, cuando alguien siente un presión descomunal sobre el pecho que le fuerza a desear arrancarse el corazón de una sola vez, en el momento en que nota un ahogo constante cerca de las vías respiratorias y una falta de oxígeno diaria al intentar que el aire entre y salga de los pulmones con una mínima fuerza; entonces, únicamente entonces, al ver cómo su voluntad se disipa y su energía se evapora tras el tiempo y el pasado, fundiéndose junto a la debilidad de sus músculos y de su completo ser, pierde la vida aunque su cuerpo siga bombeando sangre y realizando funciones vitales.
     ¿Y cuál es la causa? Nadie puede vivir sin esperanza.

viernes, 16 de agosto de 2013

EL SUEÑO DE KENDAR.

     Toqué el suelo húmedo con los pequeños dedos de mis pies. Las ondulaciones provocaban que mi piel fuera sacudida levemente en distintas direcciones a causa del movimiento de las corrientes submarinas que se encontraban alrededor de nosotros, dejando al descubierto mi pecho blanquecino y el collar de metal plateado que descansaba sobre él y empujándome a adentrarme aun más bajo el agua, pero la presión que el líquido violáceo ejercía dentro de mí no constituía un motivo suficiente para mover mis extremidades y permitir que una nueva fila de huellas quedara marcada encima del fondo de aquel hermoso lago repleto de colores oscuros y tonalidades azulonas y verdosas.
     Me quedé quieto, inmóvil, vigilando el lugar y observando, maravillado, la belleza visual que regalaban sus tierras de hierba malva tintada por gotas turquesas. La atmósfera parecía estar cargada de vida. Los gigantescos árboles del centro del bosque silbaban melodías suaves y débiles que se podían oír sin necesidad de prestar atención entre la música del claro ambiente, atrayendo los pensamientos de cualquier ser hacia sus rutas imaginarias de notas y canciones tiernas y cálidas; el cielo nocturno rociado con diminutas estrellas de brillante luz rosada iluminaba la orilla de forma ardiente y cegadora; los interminables laberintos simulaban esperar cerca del camino inicial a que alguien se perdiera tras sus paredes invernales y sus tétricas sombras negras y tenebrosas, frías como el sudor de las pesadillas humanas... cada diminuto detalle escondía un sinónimo de la realidad que abría las puertas de la curiosidad, del deseo innato y de la atracción hacia lo desconocido. No obstante, a pesar de eso, yo sabía el riesgo que corríamos estando allí. No debíamos hundirnos sobre el placer y la tranquilidad de aquel sitio que era el hogar de las tinieblas y de sus demonios.
     Lancé una mirada desde mi posición hasta el sitio donde se hallaban mis compañeros, alegres y despreocupados, y tuve la sensación de que ya no habría nada que los forzara a huir de aquella morada mágica rodeada del poder de la noche. Un cuarto de la luna se reflejaba en las ondas del agua aunque no se percibía la silueta de esta arriba, lejos, a kilómetros del mundo, junto a la bóveda celeste.
     Suspiré de un modo cansado, pero no resignado y frágil. Me negaba a pertenecer a aquel universo infernal.
     Entonces, cuando estuve a punto de escapar hacia el borde de la ribera con el único propósito de sobrevivir, una mano agarró la mía empleando un gesto de cariño enfermizo. Las comisuras de sus labios estaban profundamente clavadas encima de las esquinas de su rostro, sumidas bajo una intensa apariencia maliciosa que se asemejaba a un rayo recién caído de las nubes en una madrugada sin luz, y me instaban a atender a sus palabras y al significado que encerraban.
     -Sígueme, Kendar. No tengas miedo.
     Susurró aquellas sílabas cerca de mi oído, tratando de manipularme pese a lo inútil que resultaba teniendo en cuenta la fuerza de voluntad que yo poseía. Aun así, una extraña energía se adueñó de mis extremidades y una brisa dulce me envolvió completamente, ahogando mis intenciones tras un delicioso olor a naturaleza y a fantasía. La joven se sumergió en el lago y algo me instó a perseguir su figura delgada y esbelta.
     Lo último que conseguí ver fueron los ojos entusiasmados e ignorantes de mis hombres al otro lado de la orilla, divertidos y felices; y la sonrisa maléfica, mordaz e irónica del ser femenino que me había impulsado a descender con ella hacia el paraíso de su raza y el abismo de los mortales.
     Apreté lo dientes e intenté confiar en mí, pero era improbable que terminara esquivando las fuerzas diabólicas de aquel lugar. A veces ser valiente se reducía a enfrentarte solo al peligro.

domingo, 4 de agosto de 2013

     La oscuridad del cielo se aferraba a mis huesos como si tratara de enterrarlos bajo tierra, ahogándolos sin piedad entre la niebla del cementerio. Dejé caer la vista cerca del suelo que, putrefacto y húmedo, me acariciaba los zapatos con aire espectral, frío e indiferente, y permití que la niebla que se extendía a nuestro alrededor cobrara vida propia, envolviéndonos en sus invisibles brazos repletos de despecho e insatisfacción, tristeza y soledad. La luna llena nos observaba reflejando encima de su superficie brillante y blanquecina los temores que estaban ocultos tras los ojos de ambos, contemplando en silencio el vacío de los dos corazones que no se atrevían a abandonar el mundo irreal para comenzar a ser libres, víctimas de la sangre helada que corría a través de sus venas, enfermas de amor.
      El contacto de su piel contra la mía me hizo reaccionar. Miré al joven que estaba a mi lado con las pupilas dilatadas a causa del miedo. No importaba que ese inhóspito y tétrico lugar absorbiera nuestras fuerzas, porque toda la luz que el universo podía ofrecerme se encontraba dentro de él, del rey.
     Deslicé una mano sobre su rostro, disfrutando por última vez del suave tacto que lo caracterizaba. A pesar de que el intenso viento torturaba mis músculos y mi capacidad de percepción, logré atisbar una débil sonrisa debajo de sus labios violáceos y amoratados debido a las bajas temperaturas, y sentí que aquel era el momento que tanto tiempo habíamos estado esperando. 
     Los verdaderos sentimientos jamás podían evaporarse.
     -La eternidad nos unirá.
     Me acerqué hacia su posición y pegué la mejilla en su boca para notar la entrada y salida de los suspiros dentro de su cuerpo. Levanté el mentón y desvié la mirada hasta hallar la suya examinando mis movimientos de forma sólida y firme, elegante y fiera a la vez, y permití que mi aliento se fundiera con el que escapaba de su pecho.
     Entonces, al conseguir que mi pulso se elevara y que mis órganos vitales revivieran frente a aquella escena de gélida resignación, noté cómo una extraña fuerza tiraba de mí y me arrastraba lejos de las nubes grisáceas y de las prendas empapadas que habían cubierto mi cuerpo segundos antes de desaparecer bajo el poder de las tinieblas.
    Sus maravillosos ojos de color ámbar aún me contemplaban con dolor e impotencia desde el otro mundo cuando abandoné la ciudad fantasmal. Nuestros caminos estaban desligados, separados y seguían direcciones completamente opuestas, pero siempre estaríamos juntos aunque la distancia nos prohibiera reunirnos de nuevo.
     La muerte no era motivo suficiente para dejar de amarnos.

lunes, 1 de julio de 2013

The hunger of a lion is written on your face.

El mundo gira sin parar. Quizá únicamente seamos un pequeño universo paralelo al de nuestro planeta que ignora la existencia de todo lo que le rodea, temeroso de saber la posición que él mismo ocupa sobre el inmenso infinito que la galaxia contiene bajo su oscuridad; pero solo podríamos definirnos como una minúscula e insignificante parte del planeta, del tiempo y de la vida en general. El concepto de la humanidad acerca de los minuciosos detalles que se esconden tras las ilusiones decayó antes de ser experimentado por las personas. Hace tiempo que el fuego no destruye el alma de los muertos y que la calma fría de la certeza tampoco aviva ni apaga el dolor de los vivos. La ausencia de esperanza, de comprensión, de verdad y de paz, inunda hasta el último rincón de cada país que ha sido habitado. No existe la autoestima. La culpa es la singular bandera que devora los grandes grupos de conciencias que son incapaces de descansar durante las solitarias noches de dolor y los angustiosos días carentes de valor o sentido alguno dentro de la línea del presente y del pasado. No quedan metas. Los sueños fueron destruidos y reemplazados por la ambición y las apetencias insaciables de poder frente a los de la igual raza. El hambre y la desesperación cubren las calles y el miedo se refleja bajo las pupilas de adultos y niños. No es cuestión de edad, si no de instinto. El objetivo de la supervivencia es el exterminio total de las perspectivas de unos futuros prósperos y el asesinato de la confianza y de la fe en los hombres que aún intentan de manera atormentada recuperar la capacidad de sentir.
Vivimos entre las ruinas de lo que hemos creado, cerca del infierno que siempre deseamos esquivar. Sálvese quien pueda.

miércoles, 24 de abril de 2013

La noche del cazador.


Todo aquello era producto del miedo. Esas manos invisibles que apretaban mi garganta tenían fuerza suficiente como para acabar con mi vida allí mismo, y me transmitían su furia con una intensidad que me helaba las venas, deteniendo el flujo de sangre que corría por mi corazón. Si el dueño de aquellos dedos no hubiera dudado, si su mirada se hubiera mantenido firme hasta impedir que mis pulmones aspiraran oxígeno y su conciencia hubiera elegido el camino del odio, el final habría sido completamente distinto. Sin embargo, en el último segundo vi cómo sus mentiras comenzaban a asfixiarle, y se mantuvo en el aire como una víctima de sí mismo, tratando de sobrevivir a su propia trampa.
El sabor a venganza no defraudó mi sentido de la justicia cuando la sombra de aquel hombre se desvaneció, tomando por tumba el negro cielo que se levantaba en la noche. 
La condena desgarraría su alma hasta que su voz se disipara bajo tierra, y solo eso le devolvería la tranquilidad de haber intentado cambiar el destino de un inocente.



domingo, 21 de abril de 2013

   Respiro profundamente. Aún siento cómo la presión continúa desgarrándome los huesos. Pero no importa. En realidad, nada importa. ¿Acaso hay forma alguna de escapar de ti mismo?
Me dejo caer en la noche. Con los años he aprendido que la oscuridad siempre encuentra una manera de sujetar el cuerpo de los hombres, como una trampa que impide a los humanos una muerte trágica para evitar el dolor, por lo que no me preocupa hundirme en las sombras de mi conciencia.
   Sin embargo, ya no me conmueven los milagros. Solo creo en la realidad. Y lo único real es que el miedo permanece dentro de mí. Mis sentidos ya no responden. Mis pensamientos no son claros. Todo cuanto me rodea da vueltas, y yo giro con el mundo. Mis músculos se aferran al hilo de fuerza que fluye por mis venas, pero sé que no me quedan más de unos minutos para salvarme. Sí, porque tener los ojos abiertos no significa estar vivo, y algo dentro de mí quiere deshacerse de mi propia ansiedad, del motivo principal por el que estoy muriendo sobre unas sábanas impregnadas de culpabilidad con la juventud tallada en la piel y la cobardía en las pupilas.
   Antes de cerrar los ojos para el resto de la eternidad, me miro por última vez en los cristales rotos que componen el espejo que hay en frente de mí, y comprendo por qué nunca fui libre. Incluso ahora soy incapaz de distinguir el presente del pasado, la imaginación de la verdad.
   Grito hasta envenenar mi voz. ¿Dónde está mi mente?




viernes, 25 de enero de 2013

No más caminos sin rumbo. No más pasos sin dirección. No más sombras en la oscuridad, a punto de desvanecerse. No más días sin luz. No más miedo, no más temores ocultos. No más miradas sinceras, no más mentiras. No más silencios pobres, perdidos en la inhóspita atmósfera del olvido. No más recuerdos. No más palabras grabadas con sangre. No más consecuencias. No más heridas en el alma. No más frío producido por la fuga de las esperanzas. No más calor bajo los suspiros del placer. No más deseos, no más ilusiones. No más ayer. No más mañana.