jueves, 28 de junio de 2012

Condena de muerte


Cerré las manos sobre su cuello. El tipo me miraba con los ojos en sangre. A mí no me satisfacía matar. Yo no había nacido para eso, no era un asesino a sueldo. Sólo estaba a punto de devolver un favor… Apreté con más fuerza los dedos contra su garganta hasta ver que todo el color de su cuerpo se concentraba en su cara. Las duras facciones del hombre (que no sobrepasaría los cuarenta) se tornaron débiles, permitiéndome atisbar el horror que le torturaba por dentro. Clavé las pupilas en las suyas, presas de pánico. Impulsé el cuerpo hacia atrás sintiendo aún el pulso de su corazón bajo mis manos, ahora como un latido sordo y frágil, impidiéndole chillar a pesar de los esfuerzos. Con un rápido movimiento lancé al hombre por encima de mis hombros hasta verlo caer en el suelo, muerto. Un líquido oscuro empezó a descender por su cabeza. Noté cómo todos mis músculos se relajaban, al fin.

No hay comentarios:

Publicar un comentario