viernes, 29 de junio de 2012

Era fácil pensar que ya no quedaba nada. Todo se lo había llevado la niebla del olvido que habitaba en esa parte terca y deshabitada de mi cabeza. Las cosas habían cambiado. No me quedaba tiempo para pensar, simplemente todo había sido destruido. Las ruinas que yacían ante nosotros eran demasiado grandes, más de lo que nunca hubiéramos imaginado. Se nos había ido de las manos la vida, la única que prometía un futuro que nos salvaría de la desgracia que nos perseguía. Mi mente daba vueltas intentando encontrar una explicación a lo que todos sabíamos. Noté el sabor de la nada subiendo por mi pecho. Empecé a pensar que quizá habíamos pedido más de lo que podíamos obtener. Todos habíamos mirado por nosotros, y nos habíamos olvidado de lo que nos rodeaba… Lo que nos unía, había volado por los aires, al igual que cada pedazo de madera que crujía bajo mis pies. Nuestro hogar hecho trizas, con cada recuerdo manchado de envidia, egoísmo y celos. Eso era lo que poseíamos. Aunque en cierta manera era mejor así. En mitad de aquel silencio inerte, comencé a llorar.

jueves, 28 de junio de 2012

Condena de muerte


Cerré las manos sobre su cuello. El tipo me miraba con los ojos en sangre. A mí no me satisfacía matar. Yo no había nacido para eso, no era un asesino a sueldo. Sólo estaba a punto de devolver un favor… Apreté con más fuerza los dedos contra su garganta hasta ver que todo el color de su cuerpo se concentraba en su cara. Las duras facciones del hombre (que no sobrepasaría los cuarenta) se tornaron débiles, permitiéndome atisbar el horror que le torturaba por dentro. Clavé las pupilas en las suyas, presas de pánico. Impulsé el cuerpo hacia atrás sintiendo aún el pulso de su corazón bajo mis manos, ahora como un latido sordo y frágil, impidiéndole chillar a pesar de los esfuerzos. Con un rápido movimiento lancé al hombre por encima de mis hombros hasta verlo caer en el suelo, muerto. Un líquido oscuro empezó a descender por su cabeza. Noté cómo todos mis músculos se relajaban, al fin.

lunes, 25 de junio de 2012

High and dry.

Creo que me dolían los oídos de tanto escuchar monólogos sin sentido. Era incómodo hasta cierto punto, pero intenté no pensarlo. Supongo que me había acostumbrado a oír demasiadas quejas provenientes de la vida de los demás. Ahora cada vez que tenía que hacer de psicóloga personal de alguien era más fácil fingir atención que mantener la mente ocupada en los problemas ajenos. Aunque no por ello era menos estúpido moverme en esa atmósfera de indiferencia que emanaba de mis contestaciones precisas y cortas. Podría haberlo definido como cansancio... Pero no tenía ganas de pensar. Bastaba con pronunciar las palabras y exclamaciones adecuadas en el momento exacto y procurar mover los labios en función de si debía alegrarme o no la información que llegaba a mis oídos. Fácil. Ya era natural actuar así. Mientras, yo me encontraba lejos, muy lejos de allí, donde nadie podía alcanzar la verdad que me pisaba los pies.

domingo, 24 de junio de 2012


Los fuegos artificiales iluminaban todo el campo de fútbol desde lo alto del cielo. Miles de colores explotaban y venían a caer invisibles a nuestros pies. Era realmente hermoso observar el espectáculo. El murmullo de las copas de los árboles, que se mecían con delicadeza a pocos metros del cielo, parecía fundirse con los ruidos que violaban las calles de silencio, de voces calladas por la expectación. Pero yo no podía oír absolutamente nada. Yo no escuchaba. Yo solo quería desaparecer.
El viento me golpeaba con fuerza. Me dolían las manos, la cara, el cuerpo... pero nada comparado con el dolor que tiraba de mí desde mi interior. Por un momento perdí la noción del tiempo. ¿Acababa de oír que tenía la posibilidad de verle? Así era. Percibí como el nudo comenzaba a formarse de nuevo en mi garganta. Todos mis planes se esfumaron ante su nombre. No había nada que quisiera hacer que no fuera contemplarle un segundo, aunque no sirviera. Y eso me mataba. Ser yo quien decidía morirme. ¿De que me servía? Si nadie sabia mejor que yo que esto no me llevaba a ninguna parte. De nuevo mis ganas de él, mi ansiedad traumática y enferma y mi debilidad emocional. Me derrumbé. Era siempre la misma historia. La misma vieja sensación de dolor vagando por mis entrañas. Y no podía remediarlo.
Salí del campo de fútbol mientras divisaba a lo lejos una cara conocida. Un rostro demasiado familiar como para pasar inadvertido a mi estúpido radar de sentimientos. Permití que mi cuerpo temblara bajo la tenue luz de los fuegos. Ya no era cuestión de control, tan solo dolor, vacío. Le dediqué unas cuantas eternidades recogidas en segundos de atención y desaparecí.
Le quería. 

martes, 19 de junio de 2012

La esclavitud le da la mano al miedo.

Nunca temas a la vida ni a quien pueda haber en ella. Cuida que cada uno de tus movimientos sean controlados sólo por ti, y jamás le des a alguien el poder de dirigir el curso de tus días. No permitas que ninguna herida hable de más, y álzate sobre tu verdad. El dolor, tanto pasado como presente, puede suponer una muerte segura. No es el hecho el que hace culpable a un criminal, si no las intenciones que le empujan a cometerlo. Por eso ten siempre claros tus fines. Las dudas se mueven entre la inseguridad, arrastrándote hacia el fondo de tu voluntad, para matar tu sed de supervivencia, y siempre serán ese enemigo dispuesto a disfrutar tu derrota. Sólo debes defender tu lugar.

Like the sun we will live to rise.

No pronuncies lo que tengas miedo de creer. Las mentiras, en el aire, terminan siendo verdades, y pueden hacerte caer con ellas. Por eso, hagas lo que hagas, vive para ascender a lo más alto, o muere bajo la traición de la rendición.



Cenizas.

''Me sentía rota. Solo unos metros me separaban de él, pero mi desesperación me gritaba que entre nosotros había más kilómetros de por medio que los que cualquiera alcanzara a imaginar. El dolor emanaba de mis entrañas con más ímpetu cada día. Yo solo podía esperar. Tendría que confiar en que el tiempo me ayudara a aprender la lección. Me hallaba en uno de esos momentos en los que nada me daba miedo. Ni siquiera temía a las voces de mi conciencia, porque ya nada me importaba. Mi vida no dejaba de ser como un cigarrillo que se paseaba entre varias manos, pero que ninguna boca se disponía a probar. Yo era la colilla que se consumía en el silencio de las noches. Y nadie iba a venir a recoger mis cenizas impregnadas de amor. De ese que algunos dicen, que duele hasta matar.''

domingo, 17 de junio de 2012


La brisa fresca del mar envolvía mis lágrimas al pie del inmenso océano. Olas gigantes venían a romper en las enormes rocas camufladas por el crepúsculo, situadas debajo del acantilado, a varios kilómetros de las débiles luces de la ciudad que se reflejaban en la aún cálida superficie del agua. 
Mis ojos cansados de llorar observaban cómo el sol se retiraba en lo alto del cielo para ceder su lugar a la oscuridad de la noche, que pronto reinaría sobre las profundidades del mar.


Corro y escapo. Mis pulsaciones se aceleran y mi boca se reseca con el aire que entra en mis pulmones. Mi ansiedad se termina en el camino y vuelve a mi mente con cada paso que mis pies dan hacia el abismo de lo desconocido. Pero sé que las respuestas aparecerán cuando mi huida llegue a su fin y mi corazón no encuentre otra salida que afrontar sus miedos.


El sol se alzaba en lo alto del cielo con fuerza. Sus rayos de luz iluminaban las escaleras en las que me hallaba sentada. De repente mi corazón se aceleró. Todas las terminaciones nerviosas de mi cuerpo comenzaron a tener vida propia dentro de mí. Allí estaba de nuevo, delante de mis ojos, descolocando la poca tranquilidad que me quedaba encima y revolviendo la paciencia que creía haber encontrado un sitio definitivo en mi cabeza.


Yo creo que a veces no sabemos cuán de fuertes somos. Sí, algunas noches nos acostamos con lágrimas en los ojos y nos levantamos con ojeras que nos acompañan unas cuantas semanas, pero todo tiene su motivo. La fuerza está en el orgullo, en la lucha por lo que es tuyo. Pero no conseguimos verlo. Somos humanos por caer y valientes por pensar que podemos levantarnos a pesar de estar muertos. De cada equivocación y de cada golpe sacamos no lo mejor de nosotros, aunque sí esa parte racional que es capaz de reponerse con su propio silencio.


Sé que todo es temporal. Los sentimientos, las personas, las circunstancias.. Hasta el último detalle nos arrastra siempre en un constante cambio. 
Nada dura para siempre, y ése es justo el motivo para intentar que algo sí lo haga.


martes, 5 de junio de 2012

De vez en cuando Lindsay dejaba de observar el horizonte para darle una calada al cigarrillo que paseaba entre los dedos. El humo salía de su boca con elegancia, como si buscara una manera de disolverse en el aire después de haber explorado su cuerpo. Mike vigilaba en silencio cómo sus labios acariciaban la colilla antes de aplastarla contra el suelo. Nunca se cansaría de admirar esos ojos infieles a la obediencia de nadie. Era una especie de castigo ver cómo hasta sus gestos más duros seguían siendo sensuales. Siguió contemplándola con la cabeza llena de ideas, tanto de conclusiones que llevaban durmiendo con él desde que consiguieron salir ilesos de las explosiones de gas hasta las últimas averiguaciones que hacía su mente con cada minuto que pasaba con su escurridiza compañera. Tan fría a veces, tan dócil a otras... quizá jamás llegara a saber quién se escondía detrás de aquella actitud indiferente. A pesar de todo sabía que esa desconocida siempre se dedicaría a desmontar sus planes y sus argumentos. Ahora le preocupaba su vida. No debían haber huido hacia el sureste, pero ya era tarde para retroceder. Los guardias estarían a punto de atraparlos.
-Sigo sin entender qué quieren. Lo tienen todo, empezando por el dinero y terminando por el control de cada persona a la que le ponen las manos encima. Si sólo tienen que desear algo para tenerlo, ¿por qué continúan haciendo esto? ¿por qué no te han capturado ya?
Lindsay le miraba fijamente a los ojos desde el asiento del coche. Volvió a encender otro cigarrillo mientras intentaba abrir la caja de cerillas.
-La primera regla es sobrevivir con el miedo sin que tome el control de ti. Ellos no están capacitados para nada que no sea matar, por lo que no tienen una defensa real. Se refugian en exterminar primero a las víctimas moralmente, así saben que será fácil luchar contra alguien que está deshabilitado psicológicamente. Su única arma es la información. Por eso no deben saber quién eres. Si no te conocen, no pueden matarte.

domingo, 3 de junio de 2012

Con los pies fríos no se piensa bien.


Es curioso que tengamos que ver el peligro acercarse para enfrentarnos a él en vez de haberlo evitado desde el principio. Pero quizás sea así y realmente necesitemos ese impacto que consiga movernos de sitio antes de que la tormenta arrase con nosotros. Siempre estamos esperando como si tuviera que haber una señal para empezar a correr en el trayecto de nuestro camino. Los objetivos no dejan de ser metas invisibles que nos sostienen en los momentos difíciles.