viernes, 4 de mayo de 2012


Yo no podía hacer nada más que contemplarla llorar en aquel rincón húmedo y frío debajo de las escaleras con la necesidad de ayudarla de alguna manera. El dolor afloraba en sus ojos con demasiado ímpetu. Sus manos nerviosas rodeaban su rostro intentando que yo no consiguiera ver las ojeras que marcaban su piel y las lágrimas que se amontonaban en su camiseta color cielo. Tras un largo rato de silencio en el que se desahogó consigo misma me atreví a pasar un brazo por encima de su hombro, a lo que tal y como yo esperaba respondió sacando de su interior todo el sufrimiento acumulado en un llanto sordo y débil. La estreché contra mi pecho y dejé que se calmara poco a poco.
-¿Sabes? La gente siempre dice que la vida es buena cuando se encuentran en una situación que les fortalece. Pero también dicen que es una pesadilla si se les viene el mundo encima en cualquier momento. En cambio, yo creo que los dos extremos nunca son ciertos del todo y que siempre conviven juntos. ¿Y sabes por qué? La razón es que no existe un límite para cada humano. Estamos ligados al odio sin saber que es tan fuerte como el amor. Pensamos que el dolor sólo nos hace débiles y que los temores son inservibles pero, ¿si no existiera el miedo, como llegaríamos a ser valientes? Si no nos equivocáramos, ¿cómo sabríamos qué es lo correcto? Algunas veces la inconsciencia tiene más lógica que nuestras creencias. La propia existencia es la mayor fortuna que tenemos entre las manos.
Por primera vez apareció una leve sonrisa en los labios de mi amiga. Sus pupilas ya no mostraban ansiedad si no paz y eso me reconfortó. 
-Salgamos de aquí.-Cogí su mano y nos incorporamos-Hoy no vas a desaprovechar tu vida.


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