viernes, 25 de mayo de 2012

En un incendio la probabilidad de muerte es prácticamente nula. Es difícil no recibir ayuda del exterior si hay gente atrapada bajo algún escombro o en su mismo hogar, en lugares que estén a punto de destruirse. Eso es porque siempre hay personas que han dedicado su vida a intentar salvar la de otros antes que la suya. Distintas fuentes de rescate están dispuestas a arriesgarse por cumplir su deber. Si alguien muere suele ser porque el tiempo juega en su contra. 
Pero..¿quién puede evacuar el fuego cuando es el corazón de un humano el que arde en llamas?


El viento hablaba, y sus ojos le contaban la historia al eco del silencio, al compañero que siempre estaba dispuesto a escuchar. No hacían falta palabras que rompieran la calma. Bastaba con observar la belleza que llevaba tatuada en la piel, la de la verdad.
Su mirada era limpia, clara, casi transparente, incomparable a cualquier sensación de paz que alguna vez hubiera visto. Dentro de ella habitaba una tranquilidad inmune, incapaz de temer a nada. Un halo de serenidad se abría paso en sus labios y terminaba en sus pupilas, hundidas en la confianza de su persona. En sus ojos se reflejaba la noche, tan negros como la oscuridad que acunaba su casa. No tenía miedo. No estaba huyendo. El murmullo del exterior dejaba espacio para los latidos lentos y tardíos que emitía su corazón. 
Sobrevivir. Ése era su propósito.


lunes, 21 de mayo de 2012


Me apoyé con el pecho encima del gigante altavoz. El ritmo de los sonidos me tranquilizaba. Había una fuerza invisible que los mantenía unidos, de forma que sonaran a la vez, completamente al unísono y sin una sola equivocación. Escucharlos me hacía sentir viva. Me dejé llevar por los latidos que salían del aparato. Los golpes suaves y precisos estaban perfectamente coordinados. Era maravilloso oírlos. La idea de que un simple sonido como aquel pudiera transmitir tantas cosas en unos pocos segundos se comenzó a adentrar en mi mente con sumo interés. Cerré los ojos y dejé que mis sentidos se fugaran a donde quisiera que fueran las notas que el cacharro de color gris metálico emitía. 

jueves, 10 de mayo de 2012

freeeeedom

El sol acariciando mis ojos, fundiéndose con la tez tostada de mi piel, llenando hasta el último rincón de mis huesos de calor, sumergiéndome bajo el olor del océano, hundiéndome en las olas de la libertad. Eso era todo lo que ansiaba: existir. En todos los sentidos. Limitarme a respirar sin plantearme si necesitaba motivos. Llenar el pecho de aire y dejar que el viento fuera el único cómplice entre mi cuerpo y yo.

domingo, 6 de mayo de 2012

ASESINOS.

La pistola temblaba en sus manos. La incredulidad era lo único que vagaba en el aire, el frío del río tintado de negro. El cadáver ensangrentado aún mantenía la mirada firme en la dirección que la bala le había alcanzado el pecho. Escapar era imposible. Su cuerpo estaba intentando huir y su mente no se podía liberar del miedo. El viento helado le arrancaba de la cara las lágrimas que le limpiaban la cara de cicatrices salpicadas por la culpa. Sus ojos se ahogaban en el infinito buscando una señal de vida. El silencio había anidado en su corazón y el tiempo le había jurado venganza a su delito. Sus manos siempre quedarían manchadas de sangre por muchos años que pasaran. La muerte estaba pintada en su supervivencia.

viernes, 4 de mayo de 2012


Yo no podía hacer nada más que contemplarla llorar en aquel rincón húmedo y frío debajo de las escaleras con la necesidad de ayudarla de alguna manera. El dolor afloraba en sus ojos con demasiado ímpetu. Sus manos nerviosas rodeaban su rostro intentando que yo no consiguiera ver las ojeras que marcaban su piel y las lágrimas que se amontonaban en su camiseta color cielo. Tras un largo rato de silencio en el que se desahogó consigo misma me atreví a pasar un brazo por encima de su hombro, a lo que tal y como yo esperaba respondió sacando de su interior todo el sufrimiento acumulado en un llanto sordo y débil. La estreché contra mi pecho y dejé que se calmara poco a poco.
-¿Sabes? La gente siempre dice que la vida es buena cuando se encuentran en una situación que les fortalece. Pero también dicen que es una pesadilla si se les viene el mundo encima en cualquier momento. En cambio, yo creo que los dos extremos nunca son ciertos del todo y que siempre conviven juntos. ¿Y sabes por qué? La razón es que no existe un límite para cada humano. Estamos ligados al odio sin saber que es tan fuerte como el amor. Pensamos que el dolor sólo nos hace débiles y que los temores son inservibles pero, ¿si no existiera el miedo, como llegaríamos a ser valientes? Si no nos equivocáramos, ¿cómo sabríamos qué es lo correcto? Algunas veces la inconsciencia tiene más lógica que nuestras creencias. La propia existencia es la mayor fortuna que tenemos entre las manos.
Por primera vez apareció una leve sonrisa en los labios de mi amiga. Sus pupilas ya no mostraban ansiedad si no paz y eso me reconfortó. 
-Salgamos de aquí.-Cogí su mano y nos incorporamos-Hoy no vas a desaprovechar tu vida.