lunes, 9 de abril de 2012

Tear down the walls and free your soul.

Los rayos de luz se colaban entre las rejas como un regalo del exterior. La angustia subía por mi garganta cada vez que mis dedos apretaban los barrotes de hierro sin conseguir apartarlos de la salida. El aire oxidado que se almacenaba en mi pecho tras tantos días respirando en aquella urna de suciedad me revolvía la cabeza y me producía náuseas. Después de tanto tiempo, el olor a oxígeno puro que entraba por las rendijas de la celda me producía un inmenso placer al sentido del olfato. Empujé de nuevo mis brazos contra la verja metálica pero sólo conseguí que un montón de polvo se apresurara a caer encima de mi ropa. La impotencia crecía por momentos ahora que podía distinguir con claridad la luz del sol sin disfrutar de ella. Salir de allí no iba a ser tarea fácil, y menos con toda aquella inestabilidad de por medio.

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